El Centro Tecnológico CTC ha desarrollado en Cantabria un sistema de recubrimientos para reducir el paso del hidrógeno a través del hormigón y proteger la estructura frente a la corrosión marina. El avance forma parte de HYDROSTORE, un proyecto que busca producir y almacenar hidrógeno verde en la misma plataforma eólica flotante.
La conclusión es prometedora, pero conviene no correr más de la cuenta. Las formulaciones ya han pasado ensayos experimentales y las más prometedoras se encuentran expuestas a condiciones ambientales reales, aunque la validación de esa campaña no se conocerá hasta octubre de 2026. Todavía no estamos ante una plataforma comercial lista para instalarse mar adentro.
Guardar hidrógeno en el mar
El reto empieza por el propio gas. El hidrógeno puede atravesar materiales o escapar por poros, uniones y pequeños defectos que retendrían otras sustancias, por lo que la estanqueidad resulta esencial. En una instalación alejada de la costa, una fuga también complica el mantenimiento y la seguridad.
HYDROSTORE estudia dos caminos. El primero plantea guardar hidrógeno directamente en celdas de hormigón revestidas a baja presión, por debajo de 20 o 30 bar. El segundo contempla depósitos metálicos de menos de 200 bar colocados dentro de cavidades estancas de la plataforma.
Una barrera de dos capas
La solución de CTC no consiste en aplicar una pintura convencional y esperar que aguante. Combina una capa barrera reforzada con fibra de carbono y óxidos metálicos con otra capa adsorbedora basada en nanomateriales de carbono. En el fondo, se busca poner dos obstáculos distintos al recorrido del hidrógeno.
La web oficial del proyecto señala que el sistema multicapa ha alcanzado en las pruebas experimentales los valores objetivo de permeabilidad definidos por HYDROSTORE. Es una señal positiva. Pero superar un ensayo de laboratorio no equivale todavía a demostrar años de funcionamiento entre oleaje, sal y operaciones continuas.
La sal también entra en juego
El segundo enemigo es conocido en cualquier puerto. La humedad y los cloruros pueden avanzar por el cemento, alcanzar las armaduras de acero y favorecer la corrosión. Con el tiempo llegan las reparaciones, una vida útil menor y una factura mucho más alta lejos de tierra.
Para frenarlo, los investigadores han preparado recubrimientos con materiales de base carbono, fosfato de zinc y estructuras laminares. Estos aditivos dificultan la difusión de cloruros y otros agentes agresivos a través del hormigón. La idea es sencilla de explicar, aunque compleja de conseguir, cerrar el paso antes de que la degradación llegue al interior.
Cómo funcionaría la plataforma
HYDROSTORE gira alrededor de TRIWIND-HEX, una plataforma flotante de hormigón con una estructura interior formada por celdas. El diseño recuerda a un «panal de abejas» y está pensado para integrar aerogeneradores de entre 15 y 22 MW. Parte de esas cavidades podría utilizarse para guardar el hidrógeno producido en el propio emplazamiento.
En la cubierta se instalarían los equipos de desalinización, electrólisis y compresión. La electricidad del aerogenerador serviría para separar el hidrógeno del agua y el gas se almacenaría sin enviar primero toda la energía a tierra. En la práctica, se intenta aprovechar el viento allí donde se produce.
¿Qué cambia con esta fórmula? Podría reducirse la dependencia de largos cables submarinos o de instalaciones auxiliares separadas, dos elementos que encarecen los proyectos alejados de la costa. No significa que cualquier parque vaya a prescindir de cables o tuberías, pero sí abre otra forma de diseñar la cadena energética.
El trasvase no puede improvisarse
El hidrógeno almacenado tendrá que salir de la plataforma. Una de las opciones es transferirlo a buques gaseros para llevarlo a tierra, una maniobra delicada cuando el mar se mueve y el viento cambia en pocas horas. Basta pensar en lo difícil que puede ser atracar con oleaje, pero aquí el margen de error es todavía menor.
Por eso, CTC también desarrolla una plataforma digital predictiva. La herramienta cruza información meteorológica en tiempo real con datos del buque y la disposición del parque eólico para identificar ventanas operativas más seguras. Su papel es apoyar la toma de decisiones y planificar mejor la carga y la descarga.
Qué se ha probado y qué falta
CTC ha fabricado múltiples probetas y muestras para medir la permeabilidad al hidrógeno, las propiedades mecánicas y la durabilidad de los sistemas. Después seleccionó las soluciones más prometedoras para exponerlas a condiciones ambientales reales. Ese paso importa porque el laboratorio controla variables que el mar mezcla sin pedir permiso.
Los resultados intermedios de Berenguer y Beridi añaden otro dato. Sus análisis consideran estructuralmente viable el almacenamiento directo en celdas circulares revestidas con una presión interna de hasta 20 bar, y los estudios hidrodinámicos se han realizado para una plataforma capaz de integrar aerogeneradores de hasta 22 MW.
Hay un matiz clave. Esos resultados proceden de ensayos, cálculos y simulaciones del concepto, no de una planta completa operando durante años en alta mar. No es poca cosa, pero el salto hasta una infraestructura comercial exigirá más pruebas, certificación, permisos y una demostración a mayor escala.
Quién está detrás de HYDROSTORE
El consorcio reúne a Berenguer Ingenieros, Beridi Maritime, Idesa TRC, Leading Metal Mechanic Solutions, Astander, Berthing Maritime Consulting y CTC. El proyecto moviliza 2,17 millones de euros y está vinculado al PERTE de Energías Renovables, Hidrógeno Renovable y Almacenamiento, financiado con fondos europeos NextGenerationEU.
La iniciativa tiene una duración oficial de 24 meses. CTC indica que HYDROSTORE concluye en julio de 2026, aunque las muestras expuestas al entorno real aportarán nuevos resultados en octubre. Esa diferencia importa, porque el comportamiento a largo plazo determinará si los recubrimientos tienen recorrido fuera del laboratorio.
Por qué importa para España
Las aguas españolas alcanzan grandes profundidades cerca de la costa, lo que dificulta instalar aerogeneradores con cimentaciones fijas en muchas zonas. La eólica flotante permite trabajar en lugares más profundos y con vientos fuertes y constantes. El problema aparece cuando hay que transportar la electricidad durante muchos kilómetros.
Convertir una parte de esa electricidad en hidrógeno directamente en el mar podría ofrecer una salida para determinados usos industriales y marítimos. Pero la opción más útil no será solo la que almacene más gas. También tendrá que demostrar una buena huella de carbono, costes asumibles, pocas fugas y un mantenimiento razonable.
Por ahora, el avance español resuelve una pieza concreta de un puzle enorme. El próximo dato clave llegará en octubre, cuando se conozca cómo han respondido las muestras en el entorno real.
La nota de prensa oficial sobre este avance ha sido publicada por el Centro Tecnológico CTC.
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