La India quiere soltar cobras y cocodrilos para proteger su frontera y los ecologistas ponen el grito en el cielo: las consecuencias pueden ser desoladoras

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Publicado el: 17 de abril de 2026 a las 22:01
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Cobra en los Sundarbans, zona donde India estudia usar reptiles para vigilar la frontera con Bangladés.

La India está estudiando una medida tan llamativa como polémica para vigilar algunos tramos fluviales de su frontera con Bangladés. La Fuerza de Seguridad Fronteriza (BSF) ha pedido a sus unidades sobre el terreno que analicen si sería viable usar reptiles como elemento disuasorio en zonas pantanosas donde no se pueden levantar vallas.

El problema es que el debate no ocurre en un lugar cualquiera. Hablamos de los Sundarbans, el mayor conjunto de manglares del planeta, un ecosistema clave para la biodiversidad y para la vida diaria de muchas comunidades del delta. ¿Qué pasa cuando una decisión de seguridad se mete, literalmente, en el río?

Por qué esta frontera es un reto constante

La frontera entre India y Bangladés mide 4.096,7 kilómetros y, aun así, sigue teniendo tramos sin vallar. En una respuesta oficial de febrero de 2025, el Ministerio del Interior indio reconocía que 864,482 km estaban aún pendientes y que 174,514 km eran «no viables» para colocar una valla por ríos, zonas pantanosas y otros obstáculos del terreno.

En la práctica, esto significa agua que sube y baja, islas que cambian de forma y márgenes que se mueven con las crecidas. Ahí, una valla no solo se complica, también puede quedar inutilizada en una temporada.

Además, por esa frontera pasan problemas reales. En otra respuesta oficial, el propio Gobierno indio aportó cifras de detenciones y decomisos en Bengala Occidental entre 2023 y julio de 2025, con incautaciones de ganado, drogas, oro y otros productos. Es el contexto que empuja a buscar soluciones rápidas, a veces demasiado creativas.

Qué se sabe del plan de los reptiles

Según explicó a AFP Manoj Barnwal, un alto mando de la BSF destinado en Calcuta, «nos han pedido explorar la viabilidad de desplegar reptiles» en los huecos fluviales considerados vulnerables. La idea se discutió en una reunión celebrada en febrero con el Ministerio del Interior y, por ahora, se mueve en el terreno del estudio interno, no de la ejecución.

Barnwal lo resumió con una frase que dice mucho. «Es un movimiento innovador, pero plantea preocupaciones de seguridad«, reconoció, aludiendo a dudas muy básicas como la obtención de animales y el impacto sobre los pueblos ribereños. Dicho de otro modo, no se trata solo de poner más ojos en el río, también de decidir quién asume el riesgo.

Medios indios han añadido otro detalle clave. Varios mandos sobre el terreno han trasladado que «colocar reptiles» en zonas habitadas no sería viable, sobre todo durante las inundaciones, cuando el agua entra en casas, caminos y campos. Y ahí la teoría se topa con la realidad cotidiana.

Sundarbans, un manglar que no admite experimentos

Los Sundarbans son un laberinto de canales, marismas e islas cubiertas de manglar entre India y Bangladés. La UNESCO describe este sistema como el mayor bosque de manglar del mundo y uno de los ecosistemas naturales más productivos, con especies amenazadas que dependen de su red de agua salobre.

Ese detalle es importante porque el manglar no es solo un paisaje bonito para una foto. Es una infraestructura natural que frena la erosión y ayuda a amortiguar el golpe de tormentas y marejadas, justo en una zona donde los grandes temporales forman parte del calendario.

Y además está el clima. La FAO recuerda que los manglares capturan y almacenan grandes cantidades de carbono, en buena parte en sus suelos encharcados, y que también protegen la costa del viento y las olas. En un planeta que intenta recortar CO2, perder salud ecológica en un manglar no es un detalle menor.

Cuando la seguridad choca con la conservación

El primer riesgo es humano y no hay que adornarlo. En muchos tramos del delta vive gente que se mueve en barca, pesca o cruza el río para tareas de cada día, algo tan normal como ir al mercado en otra orilla. Si se aumenta la presencia de animales peligrosos, la pregunta es inevitable, ¿cómo se diferencia a un traficante de un vecino?

El segundo riesgo es ecológico, aunque sea menos visible a primera vista. Manipular fauna salvaje como si fuera material de obra obliga a capturar, transportar y «colocar» animales en un entorno que ya es delicado. Eso puede aumentar el conflicto con las personas y, en muchos lugares, ese tipo de choque termina con represalias contra la propia fauna.

Incluso desde dentro de la BSF se reconoce el problema. Barnwal se preguntaba «cómo conseguimos los reptiles» y qué impacto tendría en las aldeas cercanas, y mandos locales ya han señalado el riesgo añadido durante las crecidas. Es una señal de que las dudas operativas y ambientales están encima de la mesa.

Qué alternativas existen sin convertir el río en una trampa

La propia BSF ha indicado que esta propuesta convive con otras opciones más tecnológicas. Drones, cámaras térmicas y sensores aparecen de forma recurrente en los debates sobre fronteras difíciles, precisamente porque aumentan el control sin tocar el ecosistema con medidas irreversibles.

También hay un enfoque menos vistoso, pero más sólido, que es hacer que la protección sea compatible con la vida local. Eso incluye coordinación con las autoridades vecinas y patrullas adaptadas al terreno, en vez de soluciones que convierten el agua en un lugar más peligroso para todos.

Y hay un punto que no se debería olvidar. En el documento oficial del Gobierno indio sobre el vallado se insiste en que estas medidas se enmarcan en protocolos y acuerdos con Bangladés. Cuando hablamos de un ecosistema compartido, la cooperación no es un extra, es parte de la solución.

Lo que conviene vigilar a partir de ahora

De momento, lo más importante es no confundir estudio con decisión tomada. Lo que ha trascendido es una petición de informes y una discusión interna, con voces dentro de la propia fuerza reconociendo dificultades prácticas en zonas habitadas.

Aun así, el caso deja una lección clara. En un lugar como los Sundarbans, cualquier medida que toque el agua debería pasar por criterios ambientales, consulta con comunidades y evaluación real del riesgo, no solo por el impacto mediático. El delta ya tiene suficientes presiones como para añadir una más.

La información oficial sobre los tramos sin vallar y la existencia de zonas «no viables» en la frontera India Bangladés se ha publicado en el Press Information Bureau


Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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