Corea del Sur desafía las reglas con un material capaz de dar a los astronautas un ‘superpoder’ que puede detener el 99,999% de las ondas electromagnéticas

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Publicado el: 16 de mayo de 2026 a las 22:08
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Investigador del KIST sostiene un material flexible capaz de bloquear ondas electromagnéticas y radiación.

Corea del Sur acaba de poner sobre la mesa un material que suena casi a ciencia ficción, pero que nace de un problema muy real. En el espacio, la radiación no solo amenaza a los astronautas. También puede dañar los circuitos de una nave, un satélite o un equipo médico de alta precisión. El nuevo compuesto ha sido desarrollado por un equipo del Korea Institute of Science and Technology (KIST) y combina dos tipos de nanotubos en una película muy fina y flexible.

La idea se ha comparado con el «superpoder» de los tardígrados, esos animales microscópicos famosos por resistir condiciones extremas. Pero aquí no hay magia ni promesas imposibles. Lo importante es más concreto. Según los datos difundidos por el centro, el material puede bloquear ondas electromagnéticas y atenuar radiación de neutrones en una misma capa, con una estructura ligera que podría imprimirse en 3D.

Un escudo casi invisible

El equipo dirigido por el doctor Joo Yong-ho trabaja en el Centro de Materiales de Blindaje para Entornos Extremos del KIST. Su propuesta consiste en una lámina compuesta por nanotubos de carbono y nanotubos de nitruro de boro. Dicho de forma sencilla, cada uno hace una parte del trabajo.

Los nanotubos de carbono son muy conductores y ayudan a absorber o reflejar las ondas electromagnéticas. Los nanotubos de nitruro de boro, ricos en boro, se encargan de capturar neutrones. Al juntarlos, los investigadores han creado una estructura tipo «cáscara» que reúne las dos funciones en el mismo material.

No es poca cosa. Hasta ahora, proteger frente a amenazas distintas solía exigir capas diferentes, más peso y más complejidad. En una nave espacial, donde cada gramo cuenta y cada pieza debe justificar su sitio, eso puede marcar la diferencia.

El dato que cambia la historia

El comunicado del KIST habla de una reducción del 99,999% de las ondas electromagnéticas. El estudio técnico lo expresa como una eficacia de blindaje electromagnético superior a 50 dB en los compuestos de nanotubos. Para un lector no especializado, la traducción es clara. El material puede reducir de forma muy intensa las interferencias que afectan a la electrónica sensible.

En el caso de los neutrones, el artículo científico recoge un coeficiente de atenuación de 1,27 mm−1, equivalente a cerca de un 72% de reducción en un espesor de 1 mm. Aquí conviene no exagerar. No significa que un astronauta vaya a salir al espacio protegido solo con una pegatina, pero sí que se abre una vía para fabricar blindajes más ligeros y adaptables.

El propio Joo Yong-ho lo resumió así. «Este material representa un concepto completamente nuevo en tecnología de blindaje. Es tan fino como una cinta y tan flexible como el caucho, pero bloquea simultáneamente ondas electromagnéticas y radiación». Y esa frase explica por qué el avance ha llamado tanto la atención.

Por qué importa en el espacio

La radiación espacial es uno de los grandes dolores de cabeza de las misiones fuera de la órbita baja terrestre. La NASA advierte de que, más allá de esa zona, puede aumentar el riesgo de enfermedad por radiación, cáncer, efectos en el sistema nervioso central y enfermedades degenerativas. No es un detalle menor cuando se habla de volver a la Luna o de preparar viajes más largos.

Además, la radiación no afecta solo al cuerpo humano. También castiga sensores, semiconductores y sistemas de comunicación. Un fallo electrónico en casa puede ser molesto. En una misión espacial, puede convertirse en un problema serio.

Por eso interesa tanto un material que no sea rígido ni pesado. Si puede ajustarse a formas complejas, cubrir piezas concretas o integrarse en equipos sin añadir mucha masa, el diseño de satélites, estaciones y trajes técnicos gana margen. Y en el espacio, ese margen se agradece.

La impresión 3D entra en juego

Otra parte importante del trabajo está en su capacidad para fabricarse mediante impresión 3D. Los investigadores usaron una matriz de polidimetilsiloxano (PDMS), un polímero elástico, para llevar el material a estructuras imprimibles y flexibles. El objetivo no es solo hacer una lámina plana, sino crear formas a medida.

El comunicado señala que una estructura de panal mejora hasta un 15% el rendimiento de blindaje frente a un material plano del mismo grosor. Es un buen ejemplo de cómo la forma también cuenta. A veces no basta con elegir el material correcto. Hay que darle la arquitectura adecuada.

La resistencia térmica añade otro punto de interés. El KIST asegura que el material se mantuvo estable entre -196 °C y 250 °C. Ese rango encaja con ambientes donde el frío extremo, el calor y los cambios bruscos no son una anécdota, sino parte del trabajo diario.

Más allá de los astronautas

Aunque el titular mire al espacio, las posibles aplicaciones van mucho más lejos. El comunicado menciona satélites, estaciones espaciales, instalaciones nucleares, equipos de tratamiento contra el cáncer, dispositivos médicos avanzados y protección portátil. En todos esos escenarios, la radiación y las interferencias pueden afectar a personas y máquinas.

También hay un punto industrial interesante. Si un mismo material puede hacer dos trabajos, los diseños pueden simplificarse. Menos capas, menos volumen, menos piezas. En la práctica, esto podría ayudar a fabricar equipos más compactos y con menor peso, algo muy valioso en sectores donde el espacio físico y la fiabilidad son oro puro.

Pero todavía hay camino por recorrer. El propio equipo habla de optimizar el diseño estructural y buscar aplicaciones reales en entornos industriales. Esa es la frontera importante. Del laboratorio a una nave, a un hospital o a una central nuclear hay pruebas, certificaciones y muchas horas de validación.

Lo que hay que tener en cuenta

El avance no convierte a los seres humanos en tardígrados. Tampoco elimina todos los riesgos de la radiación espacial. Lo que sí hace es aportar una herramienta nueva para un problema que cada vez pesa más en la exploración espacial y en la tecnología avanzada.

La clave está en su combinación de ligereza, flexibilidad y doble protección. Si los próximos ensayos confirman su rendimiento fuera del laboratorio, este material podría acabar en lugares donde hoy se necesitan soluciones más pesadas o menos moldeables. Suena pequeño, casi invisible. Pero puede tener un papel grande.

El estudio ha sido publicado en la revista Advanced Materials y el comunicado oficial del KIST ha sido difundido a través de EurekAlert.


Adrian Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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