Japón prueba el motor de hidrógeno que vuela a 5 veces la velocidad del sonido con 1.000°C en el fuselaje capaz de llegar a Estados Unidos cruzando el Pacífico en 2 horas

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Publicado el: 3 de junio de 2026 a las 20:48
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Prototipo hipersónico japonés durante una prueba de motor ramjet de hidrógeno en instalaciones de JAXA

Japón acaba de dar un paso importante en una de las carreras tecnológicas más difíciles del transporte del futuro. Un equipo formado por la Universidad de Waseda, JAXA, la Universidad de Tokio y la Universidad de Keio ha logrado probar en tierra un motor ramjet para una aeronave experimental capaz de simular condiciones de vuelo a Mach 5, unas cinco veces la velocidad del sonido.

No hablamos de un avión comercial listo para despegar mañana. Conviene decirlo claro. Pero sí de una prueba que reúne varias piezas clave en una misma maqueta experimental, el motor, la estructura, la protección térmica, las superficies de control y el uso de hidrógeno como combustible. Y ahí está buena parte del interés ambiental.

Una prueba en tierra, no un vuelo comercial

El experimento se realizó en el Centro Espacial Kakuda de JAXA, en la prefectura japonesa de Miyagi. Allí, los investigadores colocaron una aeronave experimental en una instalación de pruebas para motores ramjet y reprodujeron un entorno equivalente a volar a Mach 5, es decir, cerca de 5400 km/h.

La diferencia es importante. El vehículo no cruzó el Pacífico ni transportó pasajeros. Lo que hizo fue demostrar, en un banco de pruebas, que varios sistemas podían funcionar juntos bajo condiciones muy duras.

La propia Universidad de Waseda explica que se trata del primer experimento de combustión a Mach 5 en Japón usando una aeronave experimental hipersónica. No es poca cosa. En esta fase, lo valioso no es vender billetes, sino conseguir datos reales para saber qué falla, qué aguanta y qué puede mejorarse.

Qué tiene de especial un ramjet

Un motor ramjet funciona de una forma distinta a los reactores que conocemos en los aviones comerciales. No usa un compresor como un turbojet convencional. Aprovecha la propia velocidad del vehículo para meter aire a presión en la cámara de combustión, mezclarlo con combustible y generar empuje.

Dicho de manera sencilla, necesita ir ya muy rápido para trabajar bien. Por eso un ramjet no sirve para despegar desde una pista como si fuera un avión normal. Antes tiene que recibir ayuda de otro sistema que lo acelere hasta la velocidad adecuada.

En la práctica, esto obliga a pensar el avión de otra manera. A esas velocidades, el motor y el fuselaje no se comportan como piezas separadas. Las ondas de choque alrededor de la aeronave cambian el aire que entra al motor, y el empuje del motor afecta directamente al movimiento del vehículo.

El calor era el gran enemigo

A Mach 5, el problema no es solo ir rápido. El aire se comprime y se calienta hasta niveles extremos. Según el comunicado, la temperatura alrededor de la aeronave puede llegar a unos 1000 °C, el equivalente a 1832 °F. Para cualquiera que haya notado el calor pegajoso de una pista de aeropuerto en verano, esto es llevar esa idea a otro planeta.

El equipo diseñó una estructura ligera con materiales resistentes al calor y sistemas de aislamiento. El objetivo era que el exterior soportara el castigo térmico sin que el interior se convirtiera en un horno. Y, sobre todo, que la electrónica de control pudiera seguir funcionando.

Ese punto es clave. Una aeronave hipersónica no puede depender solo de tener un motor potente. También necesita sensores, aviónica y superficies de control capaces de responder en un entorno donde cualquier fallo se multiplica muy rápido.

El hidrógeno no basta por sí solo

La parte más interesante para el debate ecológico es el uso de hidrógeno en el motor ramjet. Sobre el papel, el hidrógeno permite imaginar una aviación de muy alta velocidad con menos dependencia de los combustibles fósiles. Suena bien. Pero no basta con poner la palabra «hidrógeno» para resolver el problema climático.

El equipo no se limitó a comprobar si el motor quemaba combustible. También midió la distribución de temperatura de los gases de escape para estudiar el impacto ambiental de este tipo de propulsión. Ese matiz importa, porque el futuro de la aviación no se juega solo en la velocidad, sino también en lo que sale por la tobera y en cómo se produce el combustible.

Por eso esta prueba debe leerse con calma. Puede abrir una puerta tecnológica, pero todavía quedan muchas preguntas por responder antes de hablar de transporte sostenible a gran escala. La factura energética de producir hidrógeno, la seguridad, el ruido, los costes y los efectos atmosféricos serán parte de la conversación.

El sueño de cruzar el Pacífico en dos horas

JAXA lleva años investigando tecnologías para un avión hipersónico de pasajeros capaz de cruzar el Pacífico en unas dos horas. La propia agencia japonesa explica que un avión de clase Mach 5 tendría que enfrentarse a temperaturas mucho más altas que las de un avión supersónico de Mach 2, por lo que hacen falta nuevos motores y estructuras resistentes al calor.

La visión es fácil de entender. Un trayecto entre Japón y Estados Unidos, que hoy puede ocupar buena parte de un día entre vuelo, escalas y aeropuerto, se reduciría a una duración parecida a la de algunos vuelos europeos. Para el pasajero sería una revolución. Para los ingenieros, un dolor de cabeza enorme.

Además, la tecnología podría servir para algo más que vuelos comerciales. Waseda y JAXA apuntan también a futuros «spaceplanes», vehículos capaces de alcanzar altitudes cercanas a los 100 kilómetros, en el borde del espacio. Pero, de nuevo, hablamos de una expectativa tecnológica, no de un calendario de lanzamiento.

Lo que viene ahora

El siguiente paso que contempla el equipo es llevar la aeronave experimental a una prueba real de vuelo, posiblemente montada en un cohete sonda u otro vehículo similar. Así podrían comprobar si lo que funciona dentro de una instalación también aguanta cuando el vehículo se mueve de verdad a velocidades hipersónicas.

Ahí estará la prueba más dura. En tierra se pueden controlar muchas variables. En vuelo, cada vibración, cada cambio de presión y cada segundo de combustión cuentan. El reloj corre más deprisa que en un avión normal.

Por ahora, Japón ha demostrado que su prototipo puede quemar hidrógeno, mantener el funcionamiento del motor ramjet y proteger sus sistemas internos en condiciones simuladas de Mach 5. No es el avión ecológico definitivo. Pero sí una pieza importante para saber si la aviación hipersónica puede tener algún día una versión más limpia, más rápida y técnicamente viable.

El comunicado oficial ha sido publicado por la Universidad de Waseda.


Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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