Científicos descubren en Australia un hongo que se alimenta de oro y ahora su plan es llevarlo al espacio para cambiar la biominería

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Por HoyECO
Publicado el: 23 de abril de 2026 a las 20:42
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Hongo Fusarium oxysporum con nanopartículas de oro adheridas observado con microscopía en Australia.

En los campos de oro de Australia Occidental, un hongo de color rosado ha llamado la atención por un motivo inesperado. Una cepa de Fusarium oxysporum es capaz de oxidar oro y volver a precipitarlo en forma de nanopartículas que quedan pegadas a sus hifas, los filamentos con los que “teje” su cuerpo.

Suena a ciencia ficción, pero el mensaje es muy práctico. Este tipo de señales biológicas podría ayudar a localizar zonas prometedoras con menos perforaciones de prueba. Y, a más largo plazo, la biominería también se estudia para recuperar metales de residuos e incluso para extraer recursos fuera de la Tierra con sistemas más ligeros.

Un hallazgo bajo los pies en Australia Occidental

El caso se documentó cerca de Boddington, al sureste de Perth, en un entorno donde el oro está presente en el suelo en cantidades minúsculas. El equipo que lo describió trabaja con la agencia científica australiana CSIRO y universidades del país, y publicó los resultados en 2019 en Nature Communications.

Conviene ponerle freno a la imaginación. No vas a encontrar pepitas en un hongo. El oro que se observa está en el rango nano y solo se aprecia con técnicas de microscopía y análisis de laboratorio.

Qué hace exactamente con el oro y qué no

El hongo no “come” oro como alimento. Según los experimentos, favorece reacciones que cambian el estado del metal. En un paso lo oxida y lo disuelve, y después lo vuelve a transformar en partículas sólidas diminutas que acaban adheridas a sus filamentos.

Una de las claves es el superóxido, una molécula muy reactiva que el propio hongo puede producir y que actúa como oxidante. En la práctica, eso permite que un metal tan poco propenso a reaccionar como el oro se vuelva momentáneamente más móvil en el suelo.

Los tamaños ayudan a entender la escala. ABC Science explicó que las partículas observadas rondan unos pocos nanómetros, y el artículo científico describe oro en el suelo en partículas por debajo de 200 nanómetros, con “puntos calientes” que llegan a decenas de nanogramos por gramo.

Por qué el oro podría darle ventaja al microorganismo

La pregunta es inevitable. ¿Qué gana un hongo con todo esto? Los investigadores observaron que las cepas recubiertas de oro crecían más y más rápido que otras que no interactuaban con el metal.

El autor principal, el geomicrobiólogo Tsing Bohu, lo resumía así al hablar del experimento. “Observamos la precipitación de oro en la superficie del hongo”. La hipótesis es que el oro podría actuar como catalizador y facilitar algunas reacciones relacionadas con cómo aprovecha su alimento.

Menos perforaciones y más pistas de la naturaleza

Perforar para buscar un yacimiento significa abrir pistas, mover tierra, gastar diésel y repetir intentos. Es caro y deja huella, sobre todo cuando se taladra a ciegas.

CSIRO investiga desde hace años señales en superficie, como hojas de eucalipto o termiteros que acumulan trazas de oro. La idea ahora es comprobar si este hongo, o incluso sus genes funcionales, puede sumarse para ayudar a acotar zonas prometedoras de forma menos impactante y más eficiente.

Dicho de forma sencilla, se trata de escuchar más al suelo antes de meter maquinaria pesada. Menos taladros de prueba implica menos ruido, menos polvo y menos diésel, y en buena parte menos emisiones de CO2. Y eso se nota.

Biominería y reciclaje cuando el oro también está en los residuos

El hallazgo no solo apunta a la exploración minera. También se ha planteado que estos procesos biológicos podrían ayudar a recuperar oro de corrientes residuales, como lodos de depuradora o chatarra electrónica, donde el metal aparece disperso y mezclado con otras sustancias.

Esto importa porque, en muchos casos, la extracción de oro recurre a procesos químicos. El uso de cianuro para recuperar oro es una práctica extendida y, si no se gestiona bien, conlleva riesgos para el agua y los ecosistemas. De hecho, la propia investigación industrial busca reducir esos riesgos con tecnologías de reciclaje y tratamiento en las plantas.

Del desierto a la Estación Espacial Internacional

La palabra “espacio” suele inflar expectativas, pero aquí hay hechos concretos. La ESA ha impulsado el experimento BioRock para estudiar biominería con microbios como apoyo a una presencia sostenida en la Luna o Marte. Y en Nature Communications se publicó un trabajo que demostró extracción de tierras raras de basalto en la Estación Espacial Internacional bajo distintas condiciones de gravedad.

Más recientemente, en 2026, Microgravity publicó resultados sobre biominería a partir de material asteroidal en la Estación Espacial Internacional. No habla de este hongo en concreto, pero sí confirma que el enfoque de “mineros microscópicos” se está probando con experimentos reales.

Lo que falta antes de hablar de minas “vivas”

Aun así, queda mucho por resolver antes de imaginar hongos trabajando a escala industrial. Un proceso útil tiene que ser controlable, rápido y seguro, y eso exige evaluar cómo se comporta el organismo fuera del laboratorio y cómo se evita su dispersión en el entorno.

También falta la parte práctica. Como advertían en ABC, todavía no existe un test simple para que cualquiera detecte este hongo y lo use para prospectar. Por ahora, la señal está en el microscopio y en el trabajo paciente de laboratorio.

El estudio científico ha sido publicado en Nature Communications.


HoyECO

Equipo editorial de ECOticias.com (El Periódico Verde), integrado por periodistas especializados en información ambiental: naturaleza y biodiversidad, energías renovables, emisiones de CO₂, cambio climático, sostenibilidad, gestión de residuos y reciclaje, alimentación ecológica y hábitos de vida saludable.

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