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Encontrar un electricista en EEUU es casi imposible: los centros de datos de IA pagan hasta 200.000 dólares al año y se los llevan a todos

Los centros de datos de IA disparan los salarios de los electricistas en EE. UU. y agravan la escasez de profesionales.

Encontrar un electricista en EEUU es casi imposible: los centros de datos de IA pagan hasta 200.000 dólares al año y se los llevan a todos

Detrás de cada respuesta de un chatbot hay algo muy poco virtual. Hacen falta edificios enormes, kilómetros de cableado, refrigeración y cuadrillas capaces de montarlo todo sin errores. Estados Unidos concentró el 45 por ciento del consumo eléctrico mundial de los centros de datos en 2024.

El cuello de botella ya no es solo conseguir chips o electricidad. También faltan electricistas, carpinteros, soldadores, fontaneros y técnicos de climatización, perfiles necesarios en viviendas, fábricas y obras públicas. Las tecnológicas han empezado a pagar su formación, aunque eso aumenta la competencia por una mano de obra escasa.

La IA también se construye

Un centro de datos es un edificio lleno de servidores que almacenan y procesan información. Para funcionar necesita suministro eléctrico continuo, fibra óptica, ventilación, refrigeración, seguridad y sistemas de respaldo. En la práctica, se parece más a una fábrica automatizada que a una oficina.

Oxford Economics señala que el gasto estadounidense en estas instalaciones se ha disparado desde 2021, mientras la construcción de oficinas ha retrocedido. Su análisis estimaba que los centros de datos ya suponían casi un tercio del gasto conjunto en ambos tipos de edificio, impulsados por la nube y la inteligencia artificial.

Un cuello de botella humano

La demanda llega a un mercado que ya tiene dificultades para reemplazar a quienes se jubilan. La Oficina de Estadísticas Laborales de Estados Unidos prevé que el empleo de electricistas crezca un 9 por ciento entre 2024 y 2034 y calcula unas 81.000 oportunidades laborales anuales, incluidos nuevos puestos y reemplazos.

Formar a uno de estos profesionales tampoco consiste en darle un casco y enviarlo a la obra. Los aprendizajes registrados combinan trabajo remunerado, enseñanza en el aula, supervisión y una credencial reconocida. Esa preparación lleva tiempo, por lo que la cantera no puede ampliarse de un día para otro.

Las tecnológicas pagan la formación

Google.org anunció 50 millones de dólares para preparar a más de 300.000 trabajadores en más de veinte estados. Conviene afinar la cifra. El dinero no va íntegramente a Electrical Training Alliance, sino a catorce sindicatos y cuatro asociaciones, aunque el sindicato IBEW señala que unos 20 millones se destinarán a formar electricistas.

Meta ha lanzado America’s Workforce Academy con una inversión inicial de 115 millones de dólares. El programa cubre matrícula, vuelos, alojamiento y una ayuda diaria, no exige experiencia previa y ofrece cursos de cuatro semanas con un empleo al terminar para quienes se gradúen.

BlackRock también ha entrado en esta carrera. Su iniciativa nacional Future Builders movilizará 100 millones de dólares durante cinco años para apoyar a 50.000 trabajadores, pero la primera partida para Texas es de 30 millones y busca preparar a más de 12.000 personas para carreras eléctricas. «El capital por sí solo no basta», afirmó el presidente de la compañía, Larry Fink.

Sueldos que mueven cuadrillas

Las investigadoras Aubrey Woessner y Laura Ullrich, de Indeed Hiring Lab, han comprobado que las ofertas vinculadas a centros de datos se han más que duplicado en dos años. Una de cada cuatro corresponde a instalación y mantenimiento, y los puestos por horas ofrecen una remuneración mediana un 42 por ciento superior a trabajos similares fuera del sector. Son unos diez dólares más por hora.

En una zona con varios proyectos, una prima, un plus por desplazamiento o más horas extra pueden bastar para que una cuadrilla cambie de obra. No es difícil entender el atractivo. Pero una nómina mayor puede venir acompañada de viajes largos, turnos duros y menos tiempo en casa.

Viviendas y fábricas compiten

Aquí aparece la otra cara del auge. Oxford Economics prevé que el gasto en centros de datos supere al de oficinas tradicionales en 2026 y alcance el 4,5 por ciento de toda la actividad constructora estadounidense en 2030. La consultora advierte de que la concentración en lugares como Virginia y Texas eleva costes y desvía profesionales de otros segmentos.

Eso no significa que cada reforma doméstica vaya a quedarse sin electricista, pero sí puede alargar plazos y encarecer proyectos donde faltan profesionales. La vivienda, las carreteras, las plantas industriales y las redes eléctricas compiten por muchas de las mismas manos. Al final del día, construir una cosa puede retrasar otra.

El empleo después de la obra

La gran duda llega cuando se retiran las grúas. OpenAI afirma que su campus Stargate en Saline Township, Michigan, creará más de 2.500 empleos sindicales durante la construcción. Esa cifra no equivale a la plantilla estable. El Departamento de Energía explica que muchos centros mantienen solo entre unos pocos y varias decenas de trabajadores permanentes, aunque el número varía según el tamaño del complejo.

Un proyecto de Meta en Wisconsin muestra esa diferencia, ya que prevé alrededor de 1.000 empleos de construcción y algo más de 100 puestos operativos. Los nuevos profesionales podrán pasar después a viviendas, fábricas, redes eléctricas o proyectos energéticos porque sus credenciales son transferibles. Pero si la oleada se frena de golpe, una mayor oferta de trabajadores podría enfriar los salarios, un riesgo posible y no una conclusión demostrada.

El análisis principal se ha publicado en Oxford Economics.

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