No es la primera vez, pero de nuevo los incendios forestales se han cebado con nuestro país y ha arrasado tantas hectáreas que a día de hoy estamos ante una superficie quemada récord; lo que ha puesto de manifiesto que resulta necesario el dar con nuevas herramientas, soluciones y estrategias que vayan encaminadas a prevenir las llamas, pero también a recuperar los territorios afectados por estos devastadores incendios.
Ante esta realidad se suma la agricultura regenerativa como un elemento que va ganando protagonismo como se ha podido ver en iniciativas como la llamada Souto Vivo, en El Bierzo. Este proyecto lo que hace es impulsar y trabajar en pro de la recuperación de los suelos mientras se va repoblando con soto de castaño por medio de cultivos asociados.
En este sentido, el pastoreo controlado con cabras también es otra de las propuestas positivas en este sentido para ir poco a poco reduciendo la biomasa mientras se crean frenos naturales ante las llamas, a la vez que proyectos de gestión hidrológica se afanan en retener el agua en el terreno y dar vida de nuevo a suelos degradados. Todas estas técnicas ponen sobre la mesa una nueva forma de gestionar el territorio cuando se dan situaciones graves de sequía, desertificación y o riesgo de incendios.
¿Cómo prevenir los incendios forestales? La respuesta puede venir de la agricultura regenerativa
Los incendios forestales que han azotado España este verano, el peor de la historia en superficie quemada, obligan a repensar estrategias para prevenirlos y también recuperar las zonas afectadas, algo que se está realizando mediante proyectos de agricultura regenerativa en diversas zonas del país.
Un ejemplo bueno en este sentido es una iniciativa de agricultura regenerativa que se llama Souto Vivo y se ha implantado en la zona leonesa de El Bierzo. Esto se puso en marcha para prevenir incendios mientras se defiende e impulsa la recuperación del soto de castaño, además de otros cultivos asociados que, no obstante, tuvieron que adaptarse en menos tiempo ya que para cuando comenzaron todo estaba quemado.
Estaba previsto que este proyecto arrancase hace casi un año, pero en agosto del pasado año el incendio que tuvo lugar en Las Médulas en León se llevó por delante todas las zonas donde se iban a instalar los programas pilotos tal y como ha recordado la coordinadora encargada de Souto Vivo, Nancy Prada.
Como ha explicado esta profesional, esta realidad les ha llevado a «dar una vuelta de tuerca» para plasmar el foco en aquellos terrenos que están más afectados con el objetivo de favorecer su recuperación por medio de la introducción de nuevo del soto de castaño. Este es un cultivo que tiene su origen en la zona y produce una madera de gran calidad; sin embargo, esto sucede a largo plazo ya que suele tardar unos 15-20 años en ser productivo en zonas que están calcinadas.
Es por eso que el proyecto, que tiene siempre en consideración las características de la economía local y busca incentivar la permanencia de población en las zonas rurales donde se implanta, apostó en sus programas por la plantación de cultivos asociados como los frutos rojos que tienen una «productividad inmediata» a la par que ayudan a regenerar el entorno, tal y como ha detallado Prada.
Además, este proyecto ha funcionado en la «regeneración pura y dura» del suelo quemado mediante sembrados de madera autóctona, gramínea, roble y encina. Esto además ha revertido en una nueva economía y consolidado «nuevas oportunidades».
La ganadería como bombero forestal
Otra pata clave del proyecto es el pastoreo guiado y controlado, donde el experto es Antonio Tucci, quien ostenta una explotación de cabras en Ourense y ha probado de primera mano el efecto preventivo que tiene su actividad ante el avance de un incendio.
Como ha contado Tucci, en 2025 un incendio afectó a esta provincia gallega y «ardió todo» todo hasta llegar a la zona en la que actúan las cabras, donde el fuego «se detuvo». Según el ganadero, hay dos «diferencias básicas» entre ganadería convencional y la regenerativa.
En primer lugar, la regenerativa trata de hacer «un impacto grande en poco tiempo» de forma que toda la biomasa quede «pisada o comida» y haga de barrera de seguridad al evitar que haya «combustible» en el suelo.
La planificación del pasto de los animales, disponer a las cabras a comer en zonas de mayor riesgo de incendio «antes de que este ocurra» y establecer franjas perimetrales alrededor de pueblos o fincas es el segundo paso.
Gestión de agua para crear «cortafuegos naturales»
Además, este proyecto ha funcionado en la «regeneración pura y dura» del suelo quemado mediante sembrados de madera autóctona, gramínea, roble y encina. Esto además ha revertido en una nueva economía y consolidado «nuevas oportunidades».
La Casa Integral es una cooperativa especializada en diseño hidrológico y agricultura regenerativa que transforma fincas en paisajes esponja para mitigar la crisis climática en el arco mediterráneo.
Utiliza un enfoque que integra la gestión del agua y la restauración del suelo como herramientas clave para revertir la desertificación y prevenir incendios forestales.
Como ha explicado a EFE el cofundador de la entidad, Juan Pedro Franco, el «gran reto actual» es retener la lluvia en los propios territorios mediante la evapotranspiración vegetal para romper la espiral de sequía, fuego e inundación.
El experto ha señalado que un paisaje deshidratado propicia fuegos incontrolables, mientras que la masa vegetal regenerada conserva la humedad ambiental y ralentiza drásticamente el avance de las llamas.
Para lograrlo, la cooperativa aplica estrategias adaptadas a la tipología del suelo, creando cubiertas orgánicas con triturado de madera en zonas litorales graníticas para densificar las raíces y retener el agua.
En terrenos arcillosos que se encuentran en el interior se ha apostado por conducciones suaves para que puedan guiar el discurrir del caudal hacia los reservorios sin impermeabilizar, con lo que la humedad se puede ir filtrando de forma natural y no se recargan constantemente los acuíferos freáticos.
Según ha explicado Franco, cada uno por ciento de materia orgánica que aumenta en el suelo permite almacenar entre 150.000 y 250.000 litros de agua por hectárea, creando «cortafuegos naturales».



