Medio Ambiente

Egipto construyó la presa de Asuán para controlar las crecidas del Nilo, pero los científicos confirman que ha dejado sin sedimento fértil al delta y acelera su erosión

La presa de Asuán transformó el Nilo y ahora los científicos alertan de un grave impacto sobre el delta de Egipto.

Egipto construyó la presa de Asuán para controlar las crecidas del Nilo, pero los científicos confirman que ha dejado sin sedimento fértil al delta y acelera su erosión

Durante miles de años, el Nilo llegaba cada verano cargado de agua y de un barro oscuro procedente, en buena parte, de las tierras altas de Etiopía. Aquel pulso natural fertilizaba los campos y llevaba arena, limo y arcilla hasta el delta, donde el río se encuentra con el Mediterráneo.

La presa alta de Asuán cambió ese ritmo. Terminada en 1970, permitió controlar las inundaciones, almacenar agua para los años secos y producir electricidad, pero también retuvo en el lago Nasser gran parte del material que reconstruía el terreno aguas abajo. La factura ambiental aparece ahora en forma de costas erosionadas, suelos salinos y un delta que pierde altura.

El barro dejó de viajar

Cuando el agua entra en el embalse, pierde velocidad y los sedimentos caen al fondo. Antes de las grandes obras de regulación, el Nilo llevaba al Mediterráneo entre 54 y 163 millones de toneladas al año, según las estimaciones recopiladas por los investigadores. Después de Asuán, la cifra cayó por debajo de 14 millones y hoy la aportación en las desembocaduras es casi nula.

Esto no significa que todo el éxito agrícola egipcio dependiera únicamente de aquel limo. Una revisión de 2024 advierte de que su aporte de nutrientes se ha exagerado en ocasiones, porque la agricultura moderna también depende del riego, el drenaje y los fertilizantes. Sin embargo, para la costa el sedimento cumple otra función decisiva, actúa como material de construcción natural.

Una costa sin repuestos

Las olas y las corrientes siguen retirando arena del litoral, aunque el río ya no la reponga al mismo ritmo. Es como barrer una habitación sin volver a llenar nunca el cubo de arena que protege la puerta. Poco a poco, la línea de costa retrocede.

El caso de Rosetta muestra hasta dónde puede llegar el problema. Un estudio calculó un retroceso medio de 137,4 metros al año en la punta del promontorio antes de que se levantaran defensas costeras, aunque esa cifra corresponde a un punto especialmente vulnerable y no a toda la costa. Los diques frenaron la pérdida en la zona protegida, pero parte de la erosión se desplazó hacia los laterales.

El suelo también baja

El delta no solo pierde terreno por el borde. Sus sedimentos blandos se compactan de forma natural y, además, el peso de las ciudades, la extracción de agua subterránea y la explotación de hidrocarburos aceleran el hundimiento en algunas zonas. A este proceso se le llama subsidencia.

Un estudio publicado en 2025 midió entre 2014 y 2019 descensos de unos 11 milímetros al año en Damietta, 8,9 en Mansoura y 6,3 en Port Said. Por su parte, el análisis global más reciente señala que más del 90 % del delta del Nilo presenta pérdida de elevación y que el 80 % se hunde a más de 5 milímetros por año.

«El hundimiento no es un problema de un futuro lejano. Está ocurriendo ahora», afirmó Manoochehr Shirzaei, coautor del trabajo publicado en Nature. Y eso cambia la forma de mirar el riesgo, porque no basta con vigilar cuánto sube el mar si la tierra baja todavía más deprisa.

La sal entra por dos caminos

La regulación del río permitió regar durante todo el año, pero también mantuvo el nivel freático más alto en muchas tierras. Cuando el agua queda cerca de la superficie y se evapora bajo el calor egipcio, las sales permanecen en el suelo. El campo puede parecer húmedo y, aun así, producir cada vez peor.

Cerca del Mediterráneo aparece otro frente. Un menor caudal de agua dulce facilita que la sal avance hacia los estuarios, los terrenos agrícolas y los acuíferos costeros, mientras la subida del mar aumenta la presión. Los estudios también recuerdan que la contaminación industrial, urbana y agrícola agrava la calidad del agua, por lo que no todo puede atribuirse a la presa.

Lo que la presa sí consiguió

Sería fácil presentar Asuán como una obra equivocada, pero la historia es más incómoda. La presa protegió a Egipto de grandes inundaciones y sequías, amplió el riego permanente, mejoró la navegación y añadió una central hidroeléctrica con 2,1 gigavatios de capacidad instalada. Son beneficios reales.

Entonces, ¿dónde estuvo el fallo? En buena parte, en tratar el agua como el único recurso importante y considerar el sedimento como un residuo que podía quedarse atrapado sin consecuencias. El Nilo necesitaba las dos cosas para mantener su forma de funcionar.

¿Se puede devolver el sedimento?

Una tesis doctoral de 2018 estudió una posible restauración mediante descargas controladas de agua y aportes artificiales de arena. El escenario partía de ahorrar cerca de 10 000 millones de metros cúbicos al año con mejoras en el riego, liberar parte de ese volumen desde Asuán y transportar sedimentos extraídos del embalse mediante tuberías de lodos.

Los modelos indicaron que esas descargas podrían aumentar el agua y el material que llegan al delta sin crear, a escala de ingeniería, un problema grave para la navegación o el control de inundaciones. Pero no es una solución lista para ejecutar. El diseño de las tuberías quedó fuera del estudio y todavía faltaba calcular cuánto podría recuperarse realmente la costa.

La investigación más reciente apunta a una combinación de medidas. Gestionar mejor el agua subterránea, recargar acuíferos, devolver sedimentos al sistema y adaptar las defensas costeras puede reducir el riesgo. Ninguna pieza, por sí sola, hará todo el trabajo.

La lección que deja Asuán

¿Qué significa esto para otros países que construyen grandes presas? Que un río no transporta solo agua. También mueve el material que alimenta humedales, playas y deltas, una infraestructura natural que tarda siglos en formarse y puede empezar a desaparecer en unas pocas décadas.

Asuán resolvió problemas urgentes para Egipto, pero trasladó parte del coste hacia el norte y hacia el futuro. Con el Mediterráneo subiendo y el terreno hundiéndose, cada milímetro cuenta. 

El análisis histórico sobre la presa ha sido publicado en Open Journal of Soil Science, mientras que los datos más recientes sobre el hundimiento del delta aparecen en el estudio Global subsidence of river deltas, publicado en Nature.

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