La próxima crisis global no será financiera ni militar: será ecológica, y los servicios de inteligencia del Reino Unido ya están dando la voz de alarma

Publicado el: 25 de enero de 2026 a las 09:43
Síguenos
Campo de cultivo anegado por lluvias, símbolo de crisis climática y degradación de ecosistemas agrícolas

La destrucción acelerada de la naturaleza ya no es solo un problema de científicos o ecologistas. El propio Gobierno británico reconoce que la degradación y posible colapso de los ecosistemas del planeta amenaza de forma directa la seguridad nacional y la prosperidad del Reino Unido. Así de claro lo recoge una nueva evaluación de seguridad que analiza qué ocurrirá si seguimos perdiendo bosques, arrecifes, humedales y suelos fértiles al ritmo actual.

Gráfico que representa el objetivo “Nature Positive” para 2030, con una recuperación total proyectada para mediados de siglo (WWF).

¿Qué significa esto en la práctica para un país rico que hoy entra al supermercado con las estanterías llenas? El informe plantea un escenario de “peor caso razonable” en el que la degradación continúa hasta 2050 y más allá, y recuerda que los impactos ya se notan en forma de cosechas fallidas, desastres naturales más intensos y brotes de enfermedades infecciosas.



Lo más llamativo es quién firma el aviso. No es una ONG ambiental, sino una evaluación de seguridad nacional elaborada con las metodologías habituales de la inteligencia británica y publicada por el Departamento de Medio Ambiente, Alimentación y Asuntos Rurales. El periódico The Guardian apunta que detrás del texto está el Joint Intelligence Committee, que coordina a los servicios MI5 y MI6.

Los analistas hablan de “alta confianza” en que todos los grandes ecosistemas críticos del planeta se están degradando. El tamaño medio de las poblaciones de fauna silvestre monitorizadas ha caído un 73 por ciento entre 1970 y 2020. En vertebrados la caída media es del 68 por ciento y en especies de agua dulce llega al 84 por ciento. El ritmo de extinción es ya decenas o incluso cientos de veces superior al de los últimos diez millones de años, lo que apunta a una posible sexta extinción masiva.



El informe identifica seis regiones ecológicas cuya degradación o colapso tendría efectos especialmente graves para el Reino Unido. La Amazonia, la cuenca del Congo, los grandes bosques boreales, el Himalaya y los arrecifes y manglares del sudeste asiático. Si estos sistemas pierden sus funciones básicas, los autores consideran muy probable que se dispare la escasez de agua, bajen con fuerza los rendimientos agrícolas, colapsen pesquerías y se alteren los patrones de lluvia y temperatura a escala global, con liberación adicional de carbono y más riesgo de nuevas enfermedades zoonóticas.

Mapa interactivo que refleja la pérdida de biodiversidad a escala planetaria y sus zonas más críticas (WWF).

Hay un matiz importante. Los expertos reconocen que tienen baja confianza en la fecha exacta en la que se producirán los colapsos, pero ven una “posibilidad realista” de que algunos sistemas, como los arrecifes de coral del sudeste asiático o los bosques boreales, empiecen a colapsar a partir de 2030. Para grandes selvas tropicales y manglares el horizonte se desplaza hacia mediados de siglo.

A partir de ahí se encadenan los riesgos. Menos agua y menos tierra cultivable implican caída de cosechas, subida de precios y más personas en situación de inseguridad alimentaria. El informe advierte de un aumento probable de la migración, de la inestabilidad política y del conflicto por recursos básicos como el agua o los suelos fértiles. También alerta de más delincuencia organizada, más desinformación y más oportunidades para actores armados que quieran aprovechar el caos.

La vulnerabilidad del Reino Unido se ve clara cuando se mira la cesta de la compra. El país importa alrededor del 40 por ciento de los alimentos que consume y depende en gran medida del exterior para frutas, verduras y azúcar. Cerca del 18 por ciento del pienso animal procede de soja sudamericana y casi la mitad de los productos envasados contiene aceite de palma importado. El propio Gobierno admite que, con las dietas actuales, el país no puede ser autosuficiente y que un colapso en dos o más grandes regiones productoras dispararía los precios mundiales y pondría en cuestión su seguridad alimentaria.

Desde el sector agrario, el vicepresidente de la National Farmers’ Union, David Exwood, lanza un mensaje muy directo. Recuerda que con un contexto climático y geopolítico cada vez más volátil “no se puede depender de las importaciones para sostenernos” y reclama inversión pública para mejorar la producción y la salud ambiental de las fincas agrícolas.

La sociedad civil también lee este informe como una llamada de atención. Para Ruth Chambers, de la organización Green Alliance, el documento debería ser “lectura esencial” para el Gobierno y una razón de peso para no recortar la financiación destinada a proteger bosques, manglares y otros ecosistemas clave en los países más vulnerables. El ex ministro Zac Goldsmith resume el mensaje en una frase. “No podemos destruir grandes ecosistemas como las selvas o los arrecifes sin consecuencias graves para nuestra seguridad y prosperidad, pero eso es justo lo que estamos haciendo” recuerda.

En el fondo, lo que plantea la evaluación es un cambio de mirada. Proteger la biodiversidad y restaurar ecosistemas deja de ser un “extra verde” y se convierte en una política de seguridad tan básica como reforzar una presa o diversificar proveedores de energía. Los autores subrayan que existen acuerdos como el Marco Global de Biodiversidad de Kunming Montreal, que fija metas para proteger y restaurar al menos un 30 por ciento de la tierra y el océano de aquí a 2030, reducir a la mitad algunos impactos como los pesticidas y cerrar una brecha de financiación de cientos de miles de millones de dólares.

El informe insiste en que la vía más segura y barata es reducir de forma drástica los impactos sobre la naturaleza y restaurar lo que ya está dañado. Cita casos como el de Malawi, donde la plantación de más de veinte millones de árboles y la rehabilitación de decenas de miles de hectáreas degradadas han reducido un sesenta por ciento el número de personas dependientes de ayuda humanitaria. Un ejemplo pequeño a escala global, pero muy elocuente cuando se habla de resiliencia y de evitar que un fallo ambiental se convierta en crisis social.

Para el lector europeo, puede parecer que todo esto queda lejos. Sin embargo, los mismos factores que ponen contra las cuerdas al sistema alimentario británico operan sobre el conjunto de un mercado global del que dependen también los hogares españoles, desde el precio de la fruta hasta el del pienso para el ganado. El problema es que el reloj corre más deprisa que la política y que la degradación de la naturaleza no entiende de fronteras.

El informe de seguridad nacional “Nature security assessment on global biodiversity loss, ecosystem collapse and national security” ha sido publicado por el Gobierno del Reino Unido.

Imagen autor

ECOticias.com El periódico verde

Equipo editorial de ECOticias.com (El Periódico Verde), integrado por periodistas especializados en información ambiental: naturaleza y biodiversidad, energías renovables, emisiones de CO₂, cambio climático, sostenibilidad, gestión de residuos y reciclaje, alimentación ecológica y hábitos de vida saludable.

Deja un comentario