Movilidad Eléctrica

Cambiar un coche de gasolina por uno eléctrico reduce las emisiones hasta un 58 %

Un estudio publicado en Science cuestiona la idea de que siempre sea más sostenible conservar un automóvil nuevo hasta el final de su vida útil y descubre importantes excepciones.

Cambiar un coche de gasolina por uno eléctrico reduce las emisiones hasta un 58 %

Cambiar un coche de gasolina por uno eléctrico reduce las emisiones netas. Y esto sucede incluso si el vehículo térmico fuera de última generación y nuevo. Un estudio universitario demuestra que prolongar su uso hasta el final genera un mayor impacto ambiental.

La fabricación de baterías genera una huella de carbono inicial superior, pero el coche eléctrico la amortiza en unos tres años de uso gracias a su mayor eficiencia energética y al uso de renovables en la red de recarga.

La decisión depende del uso real que se les dé a los vehículos. Quienes recorren pocos kilómetros al año o conducen híbridos enchufables no obtienen el mismo beneficio climático, por lo que desguazar de forma automática no siempre es la solución.

Las políticas de movilidad deben priorizar la electrificación de los coches que más circulan. Sustituir un turismo de gasolina en su primer año de vida puede recortar en casi un sesenta por ciento las emisiones acumuladas.

Cambiar un coche de gasolina por uno eléctrico reduce las emisiones incluso antes de agotar su vida útil

Cambiar un coche de gasolina por uno eléctrico reduce las emisiones incluso cuando el automóvil de combustión apenas acaba de estrenarse. Un estudio de las universidades de California en Santa Cruz y Santa Bárbara concluye que mantenerlo circulando durante toda su vida útil puede generar un impacto climático mayor que sustituirlo anticipadamente.

La investigación introduce, sin embargo, una diferencia fundamental entre lo mejor para el clima y lo mejor para cada conductor. Kilometraje, tecnología del vehículo y electricidad utilizada para recargar la batería pueden cambiar completamente el resultado, por lo que reemplazar cualquier coche automáticamente tampoco constituye la solución.

Cambiar un coche de gasolina por uno eléctrico reduce las emisiones hasta un 58 %

Comprar un automóvil nuevo genera emisiones antes de recorrer siquiera el primer kilómetro. Fabricar un vehículo eléctrico y especialmente su batería tiene una importante huella climática, argumento utilizado frecuentemente para defender que resulta preferible conservar un coche de combustión mientras funcione.

La investigación publicada en Science pone a prueba precisamente esa lógica. Los científicos compararon mantener los vehículos de combustión durante una vida media de 16 años con retirarlos anticipadamente, desguazarlos y reemplazarlos por eléctricos.

El resultado resulta contundente bajo las condiciones analizadas: retirar un turismo de gasolina durante su primer año puede disminuir aproximadamente un 58 % las emisiones acumuladas de carbono durante esos 16 años. Si se sustituye durante el segundo, la reducción estimada alcanza el 44 %.

La deuda de carbono del coche eléctrico se recupera en tres años

La clave está en comparar todo el ciclo de vida y no solamente la fábrica. Un eléctrico comienza con una mochila de emisiones asociada a su fabricación, pero después puede recuperar progresivamente esa desventaja mediante una conducción considerablemente más eficiente.

Los investigadores calculan que aproximadamente tres años de utilización permiten compensar las emisiones adicionales relacionadas con fabricar el eléctrico. Superado ese punto, los kilómetros posteriores amplían progresivamente su ventaja climática frente al automóvil de gasolina.

El investigador Elliott Campbell destaca una diferencia física fundamental: un motor de gasolina aprovecha aproximadamente el 20 % de la energía del combustible para mover el automóvil, perdiendo buena parte del resto principalmente como calor. El motor eléctrico transforma la energía con mucha mayor eficiencia.

Más de 400 coches revelan cuándo realmente compensa el cambio

El estudio no parte de una comparación entre dos automóviles aislados. Los investigadores analizaron más de 400 modelos, incorporando las emisiones de vehículos de combustión y eléctricos para construir escenarios mucho más próximos a las decisiones reales de movilidad.

El modelo considera factores que pueden alterar radicalmente el balance: fabricación, kilometraje, consumo energético y composición de la red eléctrica utilizada para recargar. Por eso la conclusión no equivale a afirmar que absolutamente cualquier sustitución sea climáticamente positiva.

La intensidad de uso resulta decisiva. Cuantos más kilómetros recorre un vehículo de combustión, más emisiones puede evitar un eléctrico durante los años posteriores y antes consigue compensar la contaminación derivada de fabricar el automóvil sustituto.

Si utilizas muy poco tu coche, sustituirlo puede no compensar

Aquí aparece una de las excepciones más importantes. Reemplazar anticipadamente un vehículo de combustión que recorre muy pocos kilómetros puede no proporcionar suficiente ahorro durante la conducción para justificar climáticamente fabricar otro automóvil.

El estudio sitúa umbrales aproximados por debajo de 7.054 kilómetros anuales para turismos, 6.837 para SUV y 10.794 para camiones. Por debajo de esas distancias, mantener determinados vehículos puede resultar climáticamente preferible.

Este matiz transforma la pregunta que debería hacerse un conductor. No basta con pensar “¿gasolina o eléctrico?”. Hay que añadir cuánto utiliza realmente el automóvil, porque recorrer diariamente largas distancias y conducir ocasionalmente unos pocos kilómetros producen balances ambientales completamente diferentes.

Los híbridos enchufables rompen la regla del cambio anticipado

Existe otra excepción especialmente relevante: los híbridos enchufables. Su componente eléctrico mejora la eficiencia respecto a los automóviles convencionales y modifica considerablemente el balance de sustituirlos antes de tiempo.

Además, retirar prematuramente estos vehículos obliga a gestionar y reciclar su batería, incorporando un impacto adicional. Por eso los investigadores concluyen que no resulta conveniente aplicarles automáticamente la misma estrategia de sustitución anticipada.

La conclusión refuerza el mensaje central del estudio: acelerar la electrificación puede reducir emisiones, pero una política climática inteligente necesita distinguir entre gasolina, híbridos, kilometrajes, antigüedad y condiciones energéticas, en lugar de tratar todo el parque automovilístico de la misma manera.

Una electricidad más renovable aumenta la ventaja del coche eléctrico

La procedencia de la electricidad es la otra gran variable. Un eléctrico cargado mediante una red dominada por renovables y otras fuentes bajas en carbono genera una huella operativa considerablemente inferior a otro alimentado mediante electricidad producida intensivamente con carbón o gas.

Cuanto más contaminante sea la red, más tiempo necesita el vehículo para amortizar climáticamente las emisiones de fabricación. A medida que aumenta la presencia de energías renovables, sucede exactamente lo contrario y la ventaja durante su utilización crece.

Los investigadores señalan que, incluso considerando las redes estadounidenses más intensivas en emisiones, puede seguir existiendo beneficio al retirar anticipadamente determinados automóviles de gasolina eficientes. Electrificar vehículos y descarbonizar la electricidad, por tanto, son estrategias que se refuerzan mutuamente.

Evitar la mayor cantidad de CO2

Cambiar un coche de gasolina por uno eléctrico reduce las emisiones en numerosos escenarios mucho antes de lo que sugiere la intuición de “utilizarlo hasta que muera”. Una reducción potencial del 58 % demuestra que las emisiones futuras evitadas pueden pesar más que fabricar anticipadamente otro automóvil.

Pero la conclusión más útil no consiste en mandar inmediatamente todos los coches de combustión al desguace. Kilometraje, tecnología y electricidad disponible importan enormemente. Para las políticas públicas, el estudio apunta hacia ayudas más inteligentes: priorizar aquellas sustituciones capaces de evitar la mayor cantidad de CO2 durante los años siguientes.

Cambiar un coche de gasolina por uno eléctrico reduce las emisiones en 30 segundos

¿Es mejor seguir usando mi coche de gasolina o comprar uno eléctrico?

Depende especialmente de cuántos kilómetros recorra, del vehículo actual y de la electricidad utilizada para recargar el eléctrico. El estudio concluye que una sustitución temprana puede reducir considerablemente las emisiones en muchos escenarios.

¿Compensa cambiar un coche de gasolina nuevo por uno eléctrico?

Según la investigación, sí puede compensar climáticamente incluso durante el primer año. En los escenarios estudiados, hacerlo entonces puede reducir alrededor de un 58 % las emisiones acumuladas durante 16 años.

¿Cuántos años tarda un coche eléctrico en compensar su fabricación?

Los autores calculan que el ahorro de emisiones durante la utilización puede compensar aproximadamente en tres años el impacto asociado a fabricar el nuevo vehículo eléctrico.

¿Cuántos kilómetros tengo que hacer para que compense un coche eléctrico?

El estudio identifica diferencias según el vehículo. Señala como referencias aproximadamente 7.054 km anuales para turismos, 6.837 para SUV y 10.794 para camiones, por debajo de los cuales determinadas sustituciones pueden no compensar.

¿Contamina más fabricar un coche eléctrico que seguir usando uno de gasolina?

Fabricar un eléctrico implica una huella inicial importante, especialmente por su batería. Sin embargo, esa diferencia puede recuperarse posteriormente gracias a las menores emisiones durante la utilización, dependiendo del kilometraje y de cómo se produzca la electricidad.

¿Es mejor cambiar un híbrido enchufable por un eléctrico?

No necesariamente. Los híbridos enchufables constituyen una excepción destacada en el estudio y retirarlos anticipadamente puede no resultar beneficioso debido a su mayor eficiencia y al impacto asociado a gestionar su batería.

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