Una de las grandes promesas de los coches eléctricos es que son mucho más baratos de mantener que un vehículo de gasolina. Como no tiene bujías, ni filtros de aceite, ni correa de distribución, el mantenimiento se reduce a lo esencial: cambiar las ruedas y los frenos cuando toque. Pero lo que muchos no saben es que estos coches pueden tener una costosa sorpresa.
El problema de los coches eléctricos
Muchos no lo saben pero los coches eléctricos, a pesar de ese supuesto bajo costo, algunos coches eléctricos, especialmente de marcas surcoreanas, esconden una potencial trampa económica que puede convertir una tarea de mantenimiento rutinaria y barata en un dolor de cabeza muy costoso y complicado.
La sorpresa no está en el motor, sino en algo tan simple como las pastillas de freno. El gran misterio es cómo un cambio de pastillas, algo que cualquier mecánico podría hacer en un taller de barrio o incluso un particular en casa, se convierte en un laberinto tecnológico.
La clave no está en la dificultad de la mecánica, sino en una decisión de diseño de software que obliga al dueño del vehículo a pasar por la caja de la marca oficial. La sorpresa costosa de estos coches surcoreanos es que la marca bloquea el mantenimiento básico.
Esto obliga al dueño a comprar costosos programas de diagnóstico o a pagar precios de concesionario oficial solo para cambiar unas simples pastillas de freno. Esto es lo que le ocurrió al dueño de un Hyundai Ioniq 5 N, cuya experiencia pone en alerta a todos los propietarios de vehículos eléctricos modernos.
El bloqueo del freno de mano electrónico
Si te sorprendiste con los monstruos eléctricos chinos debes ver esto, pues resulta que el problema principal está en el freno de mano electrónico que el coche lleva en las ruedas de atrás. Antes de que se puedan cambiar las pastillas, el sistema del freno obliga a activar un «modo de mantenimiento».
Para hacer esto, el dueño necesita un programa de computadora especial de Hyundai llamado GDS. Este programa es muy costoso. Si compras el equipo oficial, te cuesta casi 5000 euros, y si usas una herramienta parecida, son unos 1500 euros.
Pero lo más grave es que el sistema pide una identificación especial que solo está disponible para los talleres y empresas de reparación que tienen un permiso de la marca, no para personas particulares. Esto significa que un dueño o un mecánico de barrio no tienen manera de acceder a este modo.
El costo oculto de la exclusividad
La situación se está volviendo cada vez más frustrante porque se detectó que el software que la marca vende a talleres independientes está lleno de fallos y ni siquiera está actualizado para los modelos más recientes.
Algunos usuarios que pagaron las costosas licencias y equipos descubrieron que el programa no funcionaba, y que la funcionalidad completa y actualizada estaba reservada para el sistema que usan los concesionarios oficiales (que opera bajo Android, no Windows).
Para muchos, esta estrategia de bloqueo no es para garantizar la seguridad, sino para sacar dinero extra a través de servicios de mantenimiento obligatorios. Esto va en contra de la tendencia global y del derecho a reparar que se está impulsando, especialmente en Europa.
No podemos negar que la situación es muy curiosa, pues a experiencia con el Hyundai Ioniq 5 N nos demuestra que, aunque el coche eléctrico es más simple mecánicamente, es mucho más complejo tecnológicamente.
La verdadera sorpresa costosa de los coches surcoreanos no es la pieza en sí, sino la dependencia total del software del fabricante para tareas de mantenimiento rutinarias. Los compradores deben estar atentos a estas políticas, ya que el bajo costo de mantenimiento solo es real si se tiene acceso libre y económico a las herramientas de diagnóstico. Pero no olvidemos que también hay otras opciones amigables con el planeta.














