Si bien es cierto que las modificaciones realizadas en el medio rural durante el siglo pasado contribuyeron a obtener distintos beneficios para el desarrollo económico y la calidad de vida de la población, lo cierto es que también han supuesto una grave degradación de recursos, una fuerte erosión cultural y una pérdida de valores.
Mañana, 7 de marzo, se celebra el Día del Campo, una conmemoración con la que se pone de manifiesto la importancia del campo, espacio físico que alberga la tierra, los ecosistemas, las poblaciones rurales y las formas de vida agrarias, desde la perspectiva ambiental, económica y social.
Si bien es cierto que las modificaciones realizadas en el medio rural durante el siglo pasado contribuyeron a obtener distintos beneficios para el desarrollo económico y la calidad de vida de la población, lo cierto es que también han supuesto una grave degradación de recursos, una fuerte erosión cultural y una pérdida de valores.
Por lo general, la relevancia del campo se asocia a volúmenes de producción de alimentos y materias primas; una visión meramente reduccionista que, según los expertos, pone en riesgo el equilibrio de los sistemas rurales y el resto de servicios que prestan a la sociedad.
En este sentido, la regulación del ciclo hidrológico, el mantenimiento de la composición de los gases de la atmósfera, la conservación de la biodiversidad, la protección del suelo o la belleza escénica del paisaje, son algunas de las ventajas ambientales que brinda el campo, aunque no resulten lo suficientemente valoradas. De ahí la necesidad de tener en cuenta su multifuncionalidad.















