Andalucía contra la procesionaria

No obstante, la Consejería realizó el pasado año procesos de fumigación terrestre en terrenos de uso público, principalmente en las zonas más cercanas al casco urbano. En la actualidad no es viable realizar ningún tipo de tratamiento contra la procesionaria, ya que la mayoría de las orugas se encuentran enterradas y por tanto no se puede combatir los daños.

La Junta de Andalucía ha realizado durante la campaña de 2015 el tratamiento con cañón pulverizador de un total de 178,18 kilómetros de masa de pinar en el marco del plan de lucha integrada contra la procesionaria del pino, que define de forma objetiva las zonas susceptibles de tratamiento en función de la infestación y según la evolución de la plaga en cada uno de los rodales definidos.

El tratamiento aéreo con diflubenzurón (dimilín) para luchar contra la procesionaria, según han confirmado a Europa Press fuentes de la Consejería de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio, no se ha podido llevar a cabo porque no se ha aprobado por parte del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente la autorización excepcional del producto para tratar por medios aéreos.

No obstante, la Consejería realizó el pasado año procesos de fumigación terrestre en terrenos de uso público, principalmente en las zonas más cercanas al casco urbano. En la actualidad no es viable realizar ningún tipo de tratamiento contra la procesionaria, ya que la mayoría de las orugas se encuentran enterradas y por tanto no se puede combatir los daños.

La procesionaria del pino es la plaga defoliadora de mayor importancia en los pinares andaluces. Las orugas de este lepidóptero se alimentan de las acículas de los árboles, provocando su debilitamiento y haciéndolos más sensibles al ataque de otros agentes nocivos. Se caracteriza por el carácter urticante de las orugas que pueden provocar reacciones alérgicas de importancia.

Este hecho hace que su control pueda deberse tanto a razones de uso social del monte como al efecto negativo producido al impedir los trabajos forestales: podas, claras, clareos, repoblaciones, construcción y mantenimiento de infraestructuras para prevención y extinción de incendios, y repercutir en la falta de producción de los aprovechamientos no solo de madera, sino también de piña, pues perjudica enormemente la producción futura de piña posterior y la cosecha siguiente, siendo base de la economía del sector forestal de esta especie y que representa la mayoría de la superficie que se propone anualmente para tratamiento aéreo en Andalucía.

La afección de la procesionaria evita uno de los aprovechamientos más importantes de los pinares andaluces, que es el uso recreativo de los mismos –la superficie con uso recreativo supone el 55 por ciento de la superficie propuesta–. La plaga de este insecto fagocita las hojas de los pinos provocando una merma productiva de piñones, además de provocar efectos alérgicos tales como hinchazones y picores en la piel.

Desde 1991, la Consejería trabaja en un plan contra la procesionaria del pino en los espacios protegidos, extendiéndose en la actualidad sobre más de 785.000 hectáreas de pinares, tanto públicos como privados, organizados en más de 4.400 rodales. Anualmente se determina, para cada uno de esos rodales, el nivel de infestación, así como una serie de parámetros –uso social, aprovechamientos, producción ecológica, exclusiones, etcétera–. Toda esta información se emplea para determinar la zona de actuación, el método a emplear y la prioridad del tratamiento.

En el marco de este plan se desarrolla una serie de actuaciones entre las que sobresalen; la colocación de cajas anidaderas, colocación de trampas de feromonas –se han tratado 244 hectáreas con este sistema en 2015–, tratamientos manuales, tratamientos con cañón pulverizador y tratamientos aéreos.

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