Las extinciones provocadas por el hombre permiten proyectar la distribución de especies ante el cambio climático

Los resultados muestran la cantidad pronosticada de grandes mamíferos en América del Norte en el año 2070.

Los efectos del calentamiento global sobre la distribución de grandes mamíferos de América del Norte podrían ser menos perjudiciales de lo esperado, según concluye una investigación realizada por el Museo Nacional de Ciencias Naturales, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, y la Universidad de Gotemburgo (Suecia).

La investigación, que se publica este lunes en la revista Nature Climate Change, ha sido realizada con mamíferos de norte América, señala que las extinciones provocadas por el ser humano en el pasado podrían dar pistas para proyectar la distribución de especies ante el cambio climático, por lo que los modelos deben tener en cuenta el impacto de la especie humana en esta cuestión.

Los modelos de predicción deben tener en cuenta el impacto que la especie humana ha tenido sobre la extinción de especies en el pasado. En concreto, los científicos han trabajado con mamíferos de norte América donde la disminución de los rangos de distribución y la extinción de especies están muy bien documentadas. El trabajo, del investigador del MNCN-CSIC Miguel B. Araujo y Sren Faurby de la Universidad de Gotemburgo (Suecia), incluyó en los modelos predictivos, no solo la distribución actual de las especies, sino también la distribución de poblaciones históricas extinguidas por los seres humanos.

Los resultados muestran la cantidad pronosticada de grandes mamíferos en América del Norte en el año 2070. «Los modelos que evalúan los impactos futuros del cambio climático en las distribuciones de especies suelen tomar como línea base los rangos actuales de distribución. Hemos visto que la elección de esa línea base influye mucho en el resultado«, explica Faurby.

Además, ha añadido que al comparar modelos que, además de la distribución actual tienen en cuenta la distribución de los mamíferos norteamericanos con los que solo tienen en cuenta la distribución actual, se observa que los segundos exageran la pérdida de especies proyectada en el futuro.

Actualmente, los lobos, Canis lupus, están más extendidos en los lugares más fríos de Europa y América del Norte. Sin embargo, hace tiempo su área de distribución se extendía a zonas más cálidas de las que fueron desapareciendo debido a la competencia con los humanos. Los modelos que examinen las relaciones climáticas analizando sólo su distribución actual proporcionarán una evaluación incompleta de la tolerancia de los lobos para hacer frente al cambio climático. Al ser un caso de estudio ideal, la investigación se enfocó en América del Norte.

Así, Faurby ha indicado que las contracciones de las áreas de distribución de los grandes mamíferos provocadas por humanos en el continente son recientes y están muy bien documentadas y que, por tanto, era factible reconstruir la distribución histórica de la mayoría de especies.

Aunque la información sobre rangos históricos en otros lugares del planeta no es tan completa, la pérdida de espacio que provoca el desarrollo del ser humano puede ser similar en otras partes del mundo, según demuestran las dinámicas poblacionales de especies como lobos o osos pardo, que se encuentran tanto en América del Norte como en Europa. El investigador ha comentado que en ambos continentes estas especies han sufrido un declive similar en sus rangos de distribución. «Si bien, nuestros resultados pueden ser aplicables a otras especies, es vital no generalizar estos resultados«, ha advertido.

En este contexto, ha dicho que hay una tendencia a inflar las estimaciones de riesgo de extinción cuando se utilizan líneas de base geográficas que no consideran las distribuciones históricas de especies, pero también existe una tendencia a ignorar los efectos adicionales en las distribuciones de especies y sus interacciones con el cambio climático.

Por su parte, Araújo ha advertido de que cuando se habla de cambio climático, hay amenazas como el cambio de usos de la tierra, la fragmentación del hábitat o la propagación de enfermedades y especies invasoras, que generalmente no se tienen en cuenta al analizar los posibles efectos del cambio global en la biodiversidad.

«Nuestro estudio refuerza una visión que muchos investigadores ya tenían: para comprender las distribuciones actuales y futuras, necesitamos examinar el pasado. No es que el pasado se repita, pero, como dijo una vez Mark Twain, rima. Comprender los efectos del cambio climático sobre la biodiversidad requiere que entendamos las rimas de la historia«, concluye el profesor de investigación del CSIC, Miguel B. Araújo.

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