Según un estudio los tiranosaurios adolescentes protagonizaron graves peleas

Los fósiles de Jane muestran que sufrió un grave mordisco que llegó al hueso de la mandíbula superior izquierda y en cuatro partes del hocico. La herida no puso en peligro su vida y finalmente se cerró, aunque quedaron cicatrices.

«Jane tenía lo que denominamos ‘nariz de boxeador’. Su hocico se dobla ligeramente hacia la izquierda. Probablemente se rompió y sanó torcido», explica Joe Peterson, director del estudio. Los investigadores descubrieron que el ataque lo había llevado a cabo otro tiranosaurio joven.

Peterson añade que cuando observaron la mandíbula y los dientes de Jane se dieron cuenta de que un mordisco que hubiera dado este mismo animal hubiera dejado marcas muy similares lo que les llevó a pensar que había sido atacada por un miembro de su propia especie de una edad parecida. «Debido a que la herida había sanado, pensamos que esto sucedió cuando Jane era unos años más joven», afirma Peterson.

Los investigadores señalan que lo que hace único el trabajo es que han descubierto algo muy específico sobre la conducta de los dinosaurios jóvenes. El sexo de Jane se desconoce, aunque el especimen fue denominado así en honor a un benefactor del museo. El animal murió cuando era joven hace alrededor de 11 o 12 millones de años y aunque ya era un animal temible con sus 6,7 metros de largo, era mucho más pequeño que un adulto.

«El estudio de las marcas de mordisco de la cara de Jane demuestran que incluso a una edad joven, este dinosaurio participaba en combates bastante serios», apunta Peterson.

Las heridas de perforaciones se identificaron varios años después de que el dinosaurio fuera descubierto. «La superficie de la cara y los bordes alrededor de las marcas de perforaciones eran lisos, lo que indica que había existido una rotura reciente y que las heridas se habían curado mientras el animal estaba vivo», añade Peterson. Las imágenes de tomografía computerizada confirman este hecho.

Debido a que el dinosaurio no había alcanzado la madurez, los investigadores concluyeron que el combate no se debió a un conflicto sexual o competición sino que debía haber sido una conducta de aprendizaje para los dinosaurios jóvenes en casos de luchas de dominio o disputas territoriales.

EP – ECOticias.com

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