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sábado, febrero 4, 2023

Selvas entre la defensa propia o la protección humana

El programa de la Agencia Federal Alemana para la Conservación de la Naturaleza (BfN, por su nombre original) tiene como meta multiplicar por 10 para 2020 la superficie actual de zonas casi sin intervención humana, que según estimaciones oficiales alcanza a las 194.000 hectáreas.

«Las áreas que se puedan considerar selva silvestre corresponden a los núcleos de los 14 parques nacionales», diseminados por distintas partes del país, explicó a Tierramérica la presidenta de la BfN, Beate Jessel.

El argumento central para defender el plan, lanzado este mes como aporte a la celebración del Año Internacional de la Diversidad Biológica, es que esa superficie es pequeña comparada, por ejemplo, con los parques naturales de Gran Bretaña, que cubren más de ocho por ciento de su territorio.

Los bosques silvestres comenzaron a retroceder en los países de Europa a partir de la industrialización hace más de 200 años, un proceso que se aceleró desde mediados del siglo XX.

La desaparición de estos ecosistemas originales es más palpable en las riberas de los ríos, casi todos canalizados, o en las regiones costeras, debido a la construcción de diques y otras medidas de protección contra mareas.

Incluso los bosques relativamente intactos en el corazón de los parques nacionales muestran diferencias sustanciales respecto de la selva original del centro de Europa.

Sólo en los países nórdicos y en partes de Europa oriental subsisten áreas naturales extensas, consideradas claves por los expertos para proteger la diversidad biológica y amortiguar los efectos del cambio climático, pues permiten recrear el ambiente sin perturbaciones humanas.

«Son muy útiles como espacios de comparación y de estudio de la dinámica natural de la evolución, y cuyas enseñanzas podemos poner en práctica en una futura política de protección ambiental», sostuvo Jessel.

La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza define las selvas silvestres como extensas áreas que han conservado su carácter original, en las que reina una gran diversidad biológica.

Jessel comentó que Alemania debe tener el coraje de «dejar que la naturaleza reine de nuevo en áreas extensas de su territorio».

Sin embargo, ambientalistas dudan de que conceptos como «selva salvaje» y «bosque silvestre» sean útiles para la protección de la biodiversidad.

«Esta lógica no es completamente falsa, pero oculta que la intervención humana con propósitos de protección ambiental también contribuye de manera esencial a los mismos objetivos», señaló a Tierramérica la profesora de ecología Gisela Kangler, de la Universidad Técnica de Munich.

En las áreas protegidas, la intervención humana impide que especies particularmente depredadoras se transformen en plagas que destruyan, de manera natural, un equilibrio ecológico artificial pero deseable, apuntó.

El fenómeno inverso es común en las áreas silvestres. En los años 80, la proliferación de escarabajos casi destruyó una región central del Parque Nacional del Bosque de Baviera, creado en 1967, y obligó a las autoridades locales a intervenir, en contra de sus intenciones iniciales.

Esta alternativa es compartida por ambientalistas de la BfN. Axel Ssymank, experto en biotopos y ecología del paisaje, dijo a Tierramérica que muchas regiones no boscosas constituyen hoy el nuevo hábitat de especies expulsadas de las ciudades cercanas o de campiñas cultivadas de manera intensiva.

«Tales áreas deben ser protegidas y no permitir que la selva silvestre las ocupe», so pena de destruir de manera natural el nuevo ecosistema, puntualizó Ssymank. «El bosque alemán estaría hoy constituido en 80 o 90 por ciento por hayas si nuestros antepasados no lo hubiesen diversificado por razones comerciales», añadió.

Para Ssymank, la sociedad «debería desarrollar intencionalmente la selva silvestre». La evolución demográfica de algunas regiones alemanas puede ser un elemento a favor de ese desarrollo, por tanto artificial, de la naturaleza, indicó.

En el «Informe sobre el cambio demográfico en el (nororiental) estado federal de Brandenburgo», el privado Instituto de Población y Desarrollo de Berlín propone el pago de incentivos para que la población local emigre para que la naturaleza se haga cargo por sí sola del lugar.

En este distrito situado alrededor de Berlín, otrora una zona industrial de la desaparecida República Democrática Alemana, cunde la pobreza, y el desempleo llega a 11,1 por ciento de la población económicamente activa. Las escasas perspectivas de desarrollo impulsan una constante emigración, al punto de que apenas tiene 86 habitantes por kilómetro cuadrado.

Ante realidades como las de Brandenburgo, «el gobierno debe guiar la reducción de la población en beneficio de la naturaleza», según Reiner Klingholz, autor del estudio.

Klingholz comentó a Tierramérica que «no es ni siquiera necesario desmantelar las ciudades y las regiones industrializadas abandonadas, pues los edificios desiertos son en determinadas situaciones ecosistemas más variados que un bosque de pinos».

Empero, autoridades de municipios alemanes en decadencia insisten aún en subvencionar el asentamiento de industrias, comercios y habitantes, ofreciendo exoneraciones tributarias y urbanizando extensas áreas que, según ambientalistas, podrían ser abandonadas para que la naturaleza se haga cargo.

* Este artículo fue publicado originalmente el 26 de junio por la red latinoamericana de diarios de Tierramérica.

http://ipsnoticias.netJulio Godoy

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