Un oasis para los desiertos

Una desertificación intensa afecta o amenaza a cerca de 1.000 millones de personas en unos 100 países. Son las actividades humanas las que han llevado a la proliferación de estas tierras áridas e incultivables.

El Decenio fue declarado por la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), y se lanzó oficialmente el 16 de este mes en Londres, sede de numerosas organizaciones no gubernamentales, grupos de expertos y otras entidades dedicadas a combatir la degradación de los suelos y a promover la sustentabilidad de los desiertos.

Investigadores, activistas y políticos se reunieron entonces para compartir conocimientos, estrategias y perspectivas sobre la crisis, y trabajar en el marco del eslogan «Una década, tiempo suficiente para cambiar».

Tras la decepción de la 16 Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP 16), realizada del 29 de noviembre al 10 de este mes en Cancún, y el fracaso de incontables tratados internacionales para poner fin a la degradación de la tierra, el Decenio brinda a la comunidad internacional la oportunidad de actuar de inmediato.

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Uno de cada tres habitantes del planeta vive en tierras desérticas. Varios de los asuntos más acuciantes del mundo –desde la biodiversidad y la producción de alimentos hasta la energía– convergen en esas zonas.

Ellas son un santuario antiguo y natural para algunas de las especies más exóticas de fauna y flora. Según informes del Decenio, «una de cada tres variedades cultivadas actualmente tiene sus orígenes» allí. Además, son el sustento de la mitad de los animales del mundo.

Los pobres de China, África subsahariana y Asia central son quienes actualmente soportan la carga más pesada de la desertificación.

La cadena británica BBC informó el año pasado que la desertización en esas áreas puede desplazar a hasta 50 millones de personas para 2020. Los expertos sostienen que ya no se puede ignorar la crisis de las migraciones masivas, los desplazados internos y los refugiados climáticos que huyen de sequías y hambrunas.

La estrecha relación entre preservación de biodiversidad y seguridad humana fue puesta de relieve en la presentación europea del Decenio.

«Nosotros trabajamos en las tierras desérticas de Europa oriental y Asia central, y allí la biodiversidad está muy vinculada al uso de la tierra. Las actividades humanas en esas áreas tienen un enorme impacto sobre la vida de los animales, (entre ellos) las aves, especialmente en la cría de ganado, el pastoreo excesivo y la agricultura», dijo a IPS Johannes Kamp, de la Royal Society for the Protection of Birds (Real Sociedad para la Protección de las Aves).

«Así que si se quiere preservar la biodiversidad en estas áreas se tiene que comprometer a la población y empezar a hablar seriamente sobre sustentabilidad», agregó.

Pese a que todo nuestro ecosistema depende de un delicado equilibrio entre humedales y tierras yermas, la agricultura industrializada fue y es el mayor perpetrador de la desertificación en el mundo, planteó.

El secretario ejecutivo de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación, Luc Gnacadja, dijo a IPS que «el cambio climático es una de las principales causas de conflicto político, desde Iraq hasta Afganistán».

«Las crisis en estas regiones no son accidentes: están causadas por condiciones de vida miserables y por la falta de acceso a tierras productivas y agua», añadió.

«Sin dudas, una batalla en torno a estas necesidades conduce, inevitablemente, a conflictos», opinó.

Como ocurre con la mayoría de las otras catástrofes relacionadas con el clima, las minorías étnicas del mundo, comunidades nómades u otras pobres y marginadas, son las que pagan el precio más alto por un problema que no crearon.

A tal fin, es absolutamente imperativo que el Decenio permita que las ideas, estrategias e información sobre la desertificación fluyan directamente desde la sociedad civil hacia la esfera de la elite política, sostuvo Gnacadja.

«Aquí los actores no son las corporaciones, ni siquiera los gobiernos. Son los agricultores, los criadores de ganado, la gente que vive y trabaja en las áreas áridas», planteó.

«A ellos se les debe permitir comunicar sus ideas sobre qué ‘funciona’ y qué no», concluyó.

No está claro, sin embargo, hasta qué punto sirve que haya programas esporádicos para abordar una desertificación tan ominosa.

Al parecer se requiere un cambio radical y más integral en las condiciones económicas y sociales para abordar realmente este problema.

«La revolución industrial y el avance de la urbanización fueron los primeros factores que condujeron a la actual degradación del suelo», dijo Gnacadja a IPS.

http://ipsnoticias.net/Kanya D’Almeida

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