Investigadores argentinos contribuyen a descifrar el genoma de trigo

El trigo es uno de los cereales más importantes a nivel mundial. Su importancia social es enorme, ya que el 55 por ciento de los carbohidratos consumidos por el hombre provienen de este cereal. Este cultivo es tan antiguo como la historia de la humanidad. El mejoramiento genético ha ido modificando la planta original, de manera de adaptarlo a las distintas necesidades humanas y a las distintas regiones del mundo.

 

Las técnicas de mejoramiento han ido evolucionando constantemente. Hoy, la secuenciación de genomas es una poderosa herramienta que puede ayudar a obtener variedades de trigo que sean más resistentes a las enfermedades y a la influencia del clima y del medio ambiente, lo que permitirá cosechas más abundantes y la estabilidad de los precios.

Pero, ¿cómo una secuencia de nucleótidos en código de cuatro letras puede traducirse en mayores rendimientos y calidades de trigos? Porque permitirá el hallazgo de nuevos genes y marcadores que orientarán las cruzas, la transferencia de genes y otros procesos en programas de mejoramiento. Conocer la secuencia del genoma representa un atajo valioso que ayuda a encontrar los genes más fácil y rápidamente, explorar la variabilidad natural existente en cada uno de ellos, comprender el rol que cumplen y cómo interactúan entre ellos.

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Sin embargo, con aproximadamente 17.000 millones de bases, el genoma de trigo es uno de los más grandes entre las plantas. Descifrar los secretos del genoma del trigo es estratégico para su mejoramiento, pero a la vez un desafío mayúsculo para la ciencia.

Para lograr esta meta en el año 2005 se creó el Consorcio Internacional de Secuenciación del Genoma de Trigo (IWGSC, por sus siglas en inglés) constituido por 17 países, al que Argentina se sumó a fines del 2010 y es el único país latinoamericano presente. Pertenecer al consorcio es estratégico, ya que implica mantener el liderazgo regional en genómica de trigo y brindar a los investigadores locales acceso a la información generada en el resto de los cromosomas que integran el genoma. Cabe destacar que, desde la década del 60, los científicos argentinos han tenido una destacada participación en el mejoramiento de trigo.

Un grupo de 18 investigadores de INTA y CONICET se ocupará de la secuenciación y posterior análisis de las 700 millones de bases que componen el cromosoma 4D. Para ello cuenta actualmente con el servicio de pirosecuenciación de última generación del Instituto de Agrobiotecnología de Rosario (INDEAR), además del apoyo de grupos especializados en bioinformática del consorcio IWGSC.

http://www.dicyt.com/

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