2000 perros adoptados gracias al trabajo de los voluntarios de un refugio, cuyos orígenes se remontan a una rotonda cerca de Torrelavega, donde unos cuatrocientos perros vivían en un espacio diseñado para noventa, lo que dificultaba que se les brindase el cuidado que requerían y evidenciaba que se debía hacer algo de forma urgente por su bienestar.
Tras el inicio de la construcción de la autovía del Cantábrico, los voluntarios reorganizaron el proyecto y reubicaron a los animales en la cercana Torres en 2011, iniciando así un largo camino que los llevó a crear condiciones más seguras y dignas para los animales.
2000 perros adoptados gracias al trabajo de los voluntarios de un refugio
2000 perros han encontrado un nuevo hogar desde que un grupo de voluntarios asumió la gestión del Refugio Canino Torres (Torrelavega).
Más de 2000 perros han encontrado un nuevo hogar desde que un grupo de voluntarios asumió la gestión del Refugio Canino Torres (Torrelavega), centro que se sostiene con el trabajo de esas personas que dedican su tiempo libre a cuidar y atender a canes que esperan una segunda oportunidad.
Lo que comenzó hace 15 años como una iniciativa ciudadana para mejorar la situación de decenas de animales abandonados en una glorieta, se ha convertido con el tiempo en un proyecto consolidado que se centra en la acogida y la adopción responsable.
La historia del refugio comenzó mucho antes de su actual etapa, en una rotonda situada en uno de los accesos a Torrelavega donde convivían cerca de 400 perros en un espacio pensado para albergar a un máximo de 90, lo que dificultaba su cuidado y atención.
Voluntariado en beneficio de los perros
La construcción de la autovía del Cantábrico (A-8) hizo que un grupo de personas decidiese dar un paso adelante y el 1 de marzo de 2011 varios voluntarios se propusieron reorganizar el refugio y mejorar la calidad de vida de los animales que permanecían allí, trasladando las instalaciones a unos terrenos en el cercano pueblo de Torres.
Aquella decisión supuso el inicio de un proceso largo, marcado por el esfuerzo constante y por la voluntad de esos voluntarios de convertir el recinto en un lugar digno para los perros.
La voluntaria del Refugio Canino Torres casi desde sus inicios, Paula Abascal, recuerda que los primeros tiempos estuvieron llenos de dificultades, al no disponer ni de agua corriente ni de infraestructuras adecuadas, además de ser necesario retirar cerca de 200 casetas en pésimas condiciones.
Fueron momentos de mucho trabajo para adecuar la zona y llevar agua a los perros con cubos desde una gran distancia, aunque con el paso del tiempo el refugio fue cambiando su fisonomía hasta parecerse a lo que es hoy, 15 años más tarde.
Se eliminaron las cadenas que ataban a los animales, se mejoraron las instalaciones y se reforzó la atención veterinaria, ya que la prioridad fue siempre garantizar unas condiciones de vida dignas para los animales mientras esperaban encontrar una familia.
El objetivo principal es promover la adopción
Paula Abascal destaca que, quince años después, las cifras reflejan la dimensión del esfuerzo colectivo de los voluntarios, pues desde 2011 más de 2000 perros han sido dados en adopción, un dato que, a su juicio, resume el alcance de un trabajo sostenido en el tiempo. Los voluntarios se reparten las tareas en distintos turnos y responsabilidades, para asegurar el buen funcionamiento del refugio y también la atención constante a los animales.
Por un lado, están los responsables de la apertura, que se encargan de iniciar la actividad diaria y son quienes dan de comer a los perros, controlan su estado de salud, administran medicación cuando es necesario y coordinan las visitas de personas interesadas en adoptar o colaborar.
Por otro, están los voluntarios de paseos, que acuden al refugio para sacar a los perros a caminar por los caminos cercanos, en especial los fines de semana.
Estas salidas y el trabajo que desarrollan son una parte importante de la rutina diaria, ya que permiten a los animales ejercitarse, socializar y reducir el estrés de la vida en un refugio. Paula Abascal explica que cuando una familia decide adoptar un perro se le explica la importancia de que todos los miembros estén de acuerdo, y que debe ser compatible el carácter del animal con el estilo de vida de las personas de acogida.
Este proceso de adopción intenta ajustar cada caso a las circunstancias de quienes se interesan por un perro, pues no es lo mismo un animal activo que necesita ejercicio diario que otro de carácter tranquilo, de ahí la necesidad de que encontrar ese equilibrio puede ser clave para que la convivencia funcione.
Objetivo logrado: 2000 perros adoptados
“Muchos de los animales que están aquí no tienen familia y nosotros aportamos nuestro tiempo para cuidarles, para que se sientan acompañados y para que puedan vivir lo más parecido posible a lo que sería estar en un hogar”, subraya Abascal, quien reconoce el amor de todos por los animales.
Quince años después de aquel inicio marcado por la urgencia y las carencias, el Refugio Canino Torres sigue funcionando gracias al mismo motor, la dedicación de personas anónimas que han convertido la solidaridad con los animales en una tarea cotidiana.
Los primeros meses fueron difíciles: sin agua corriente, con infraestructuras deficientes y cientos de perreras dañadas que retirar. Las mejoras graduales transformaron las instalaciones, eliminando cadenas, modernizando los recintos y reforzando la atención veterinaria.
Quince años después, ya cuentan con más de 2000 perros adoptados. Los voluntarios coordinan la alimentación, los controles sanitarios y los paseos, mientras que los procesos de adopción adaptan cuidadosamente el temperamento de cada animal al estilo de vida de las familias para asegurar hogares duraderos. Seguir leyendo en NATURALEZA.
















