Cuál es el futuro de la Biodiversidad

A pesar de los importantes avances de los últimos 30 años en las medidas de conservación de la naturaleza, políticas, estrategias y objetivos y el impresionante crecimiento en el número de organizaciones medioambientales y de  conservacionistas capacitados, todas las evidencias señalan que continúa la pérdida o degradación de la biodiversidad. No hay más que echar un vistazo a las conclusiones de los numerosos informes o evaluaciones,  como la Evaluación de los Ecosistemas del Milenio, para darse cuenta de la naturaleza, la escala y el alcance de nuestra pérdida de biodiversidad.

El informe del PNUMA Global Biodiversity Outlook 3 (GBO3), por ejemplo, deja claro que la biodiversidad sigue perdiéndose a todos los niveles (Cuadro 1) y las cinco presiones principales que conducen directamente  a la pérdida de biodiversidad (los  cambios en los  hábitats, la sobreexplotación, la contaminación, las especies exóticas invasoras y el cambio climático) se mantienen o han aumentado. Tampoco parece haber ninguna posibilidad de tregua según las “Perspectivas del Medio Ambiente de la OCDE para 2050: Consecuencias de la falta de acción (2012)” (ver Cuadro 1) a menos  que se adopten nuevas políticas.

La biodiversidad agrícola también  ha sufrido disminuciones notables. Por ejemplo, se estima que el 75% de las variedades de cultivos alimentarios han desaparecido en los últimos 100 años, y 21 de las 7000 razas de ganado se consideran vulnerables, mientras que existen datos de la extinción de 60 razas en los primeros seis años de este siglo. La biodiversidad forestal también se ha visto seriamente afectada:

A nivel mundial, alrededor de 13 millones de hectáreas de bosques  se convirtieron a otros usos (como la agricultura) o se perdieron por causas naturales cada año entre 2000 y 2010 y la superficie de bosques primarios ha disminuido en más de 40 millones de hectáreas – a un ritmo del 0,4 por ciento al año – durante el mismo período.

Asumir el fracaso para detener la pérdida de biodiversidad

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Nuestro fracaso colectivo para detener la pérdida de biodiversidad a nivel mundial, regional y nacional es un problema que tiene varias dimensiones – técnica, científica, social, económica, organizativa, política y comunicacional. Es urgente  que abordemos este tema, porque, a menos que podamos identificar las causas profundas de nuestra incapacidad para tomar las medidas efectivas necesarias, la biodiversidad continuará desapareciendo o degradandose.

Se han planteado varias explicaciones. El reciente informe  Rethinking Global Biodiversity Strategies (Netherlands Environmental Assessment Agency, 2010) pregunta:  ¿es porque no se ha considerado como verdaderamente importante, o porque los intereses económicos son demasiado grandes y los poderes económicos  demasiado fuertes? ¿O es porque no sabemos cómo reducir la pérdida de biodiversidad – tal vez porque es demasiado complicado? El informe concluye que conservación y protección se mantendrán como  medidas importantes para salvaguardar la biodiversidad. Sin embargo, no será suficiente para contrarrestar la creciente presión sobre los ecosistemas naturales – la reducción de las perspectivas de supervivencia de las especies, así como la oferta de bienes y servicios esenciales. Reducir la pérdida de biodiversidad exige un replanteamiento de la orientación estratégica, desde  la conservación tradicional, hacia los cambios estructurales en la producción y el consumo.

Algunos autores sostienen que el movimiento de conservación ha fracasado en  frenar la pérdida de biodiversidad debido a que carece de, en palabras de David Orr (2005), «una explicación profunda de lo que nos aqueja y una mayor cosmología que conecte con el público». Otros ponen el énfasis en el desarrollo sostenible o incluso sugieren que la manera en que en la actualidad se interpreta como un intento de satisfacer las necesidades del presente con las del futuro, inevitablemente fracasará porque prevalecerán siempre las del presente. En su libro The Sustainability Mirage, Foster argumenta que, a menos que empecemos a  centrarnos en la urgencia de tomar medidas ahora, en lugar de planificar para el futuro, el desarrollo sostenible será siempre la búsqueda de un espejismo, la política de nunca llegar. Para liberarse de lo ilusorio, afirma Foster, hay que abrirse paso hacia una nueva forma de entender la sostenibilidad (Foster, 2008).

Biología de la conservación

  La creciente conciencia de la gravedad de la aceleración del ritmo de pérdida o deterioro del hábitat y la explotación de los recursos naturales en la década de 1980 llevó al campo conocido como biología de la conservación. Se desarrolló como una nueva ciencia organizada y multidisciplinar para hacer frente a la crisis que afronta  la biodiversidad y fue bautizada por Soulé como disciplina de crisis orientada a una misión (1985). Su atención se centró en hacer frente a la pérdida de la biodiversidad mediante el desarrollo de técnicas y metodologías, muchas de las cuales se diseñaron para tomar decisiones y medidas de conservación mejor documentadas y más efectivas.

 Es legítimo preguntarse hasta qué punto esta impresionante variedad de enfoques ha tenido un impacto en la crisis de la biodiversidad. ¿O se ha convertido, en palabras de Caro (2007) «en una ciencia de estadísticas sobre la  reducción de poblaciones, desaparición de  especies y  destrucción de hábitats con absoluto detalle, pero que, lamentablemente,  hace poco al respecto”.

Aunque una de las preocupaciones que llevaron a la creación de la Sociedad de Biología de la Conservación (Brown 2000) fue la falta de conexión entre la ciencia y la gestión, irónicamente, la biología de la conservación ha sido criticada por algunos (por ejemplo Whitten & al. 2001),  por ser esencialmente una disciplina académica que ha conducido a menudo  a la desconexión entre la teoría y la práctica de la conservación. No es sorprendente que este punto de vista haya sido rechazado (por ejemplo Kinnaird y O’Brien 2001), aunque hay algunas pruebas que apoyan esta preocupación (Stinchcombe & al. 2002). Profesionales de la conservación – los que se llenan de barro las  botas en las trincheras del mundo real de la conservación , en las palabras de Knight (2006) – no se han beneficiado tanto de la impresionante formación de la biología de la conservación como algunos podrían haber esperado. Algunas de las técnicas de la biología de la conservación se aplican solo en un pequeño número de casos, en gran parte debido a su complejidad y a sus costes. Los estudios detallados y elegantes de la desaparición gradual de una especie en peligro de extinción son una lectura fascinante, pero parecen muy alejados de las preocupaciones del día a día, por ejemplo, de un administrador de un  parque. Como Knight et al (2008) observan, en general, la biología de la conservación tiene un pobre historial en  trasladar la investigación a la acción, porque la mayoría de las investigaciones han sido teóricas (Salafsky et al. 2002). Esto se ha descrito como el desfase entre  la  aplicación y  la investigación (véase el recuadro 2).

La eficacia y la capacidad de nuestras instituciones

También tenemos que revisar la eficacia y la capacidad de las instituciones nacionales y las organizaciones internacionales para afrontar los retos de conservación de la biodiversidad en un período de cambio global acelerado y de ser necesario, crear nuevas alianzas y convenios para construir interacciones entre ciencia y  naturaleza.

Otro problema es la terminología que empleamos para hablar sobre biodiversidad y su conservación y uso sostenible (¡ términos  que ya son difíciles de definir o explicar en si mismos!). Por ejemplo, el CDB promueve la adopción generalizada del «enfoque ecosistémico»,  pero no es posible que los legos en la materia  entiendan intuitivamente  que esto significa: “ una estrategia para la gestión integrada de los recursos de la tierra y los recursos vivos que promueve la conservación y el uso sostenible de estos recursos de manera equitativa». ¿Y esto no es, podrían contestar, basicamente una reiteración de los objetivos del Convenio – la conservación, el uso sostenible y la distribución equitativa de los beneficios?

El papel del CDB

La entrada en vigor del Convenio sobre  Diversidad Biológica, en diciembre de 1993, marcó un punto de inflexión en la conciencia política de los problemas de conservación de la biodiversidad y el uso sostenible cuando  las Partes llegaron a un compromiso vinculante para llevar a cabo las disposiciones de la Convención y las posteriores decisiones acordadas por la Conferencia de las Partes. La Convención reconoce por primera vez en el derecho internacional que la conservación de la diversidad biológica es «una preocupación común de la humanidad», pero rechazó enérgicamente la idea de que la diversidad biológica fuera un «patrimonio común de la humanidad ‘, y está consagrado en el tratado que los países mantengan la soberanía sobre su propia biodiversidad  y el control  del acceso a sus recursos genéticos. Se deduce, pues, que los países son responsables del inventario, el seguimiento, la conservación y el acceso a la biodiversidad propia, pero  el texto de la Convención deja claro en cada uno de los artículos pertinentes que  las acciones que requieren la conservación y el uso sostenible, se tomarán solo «en la medida de lo posible y  si es procedente «.

Evaluaciones de la Biodiversidad

A diferencia de anteriores convenios, como el  Convenio Marco sobre  Cambio Climático, el CDB no fue precedido de una evaluación científica. Las Partes negociaron el convenio antes de que se conocieran plenamente el alcance y la complejidad de la biodiversidad y esto se refleja en la redacción de algunos de los artículos. En 1992, reconociendo que el Órgano Subsidiario de Asesoramiento Científico, Técnico y Tecnológico del CDB, que entre otras cosas se espera que proporcione evaluaciones científicas y técnicas del estado de la biodiversidad mundial, no estaría en pleno funcionamiento durante algún tiempo (de hecho su primera reunión se celebró en 1995), dos grupos de trabajo del GEF (FMAM) STAP  propusieron que sería conveniente llevar a cabo este tipo de evaluación lo antes posible para proporcionar tanto al CDB como al FMAM una base científica para apoyar su labor. Esto llevó a la Evaluación Global de la Biodiversidad financiada por el GEF (Fondo para el Medio Ambiente Mundial)(Heywood, 1995) con el PNUMA como  principal organismo.

Contrariamente a lo que varios comentaristas como Montes y Lomas (2010) sugieren, el hecho de que la Evaluación de la Biodiversidad Mundial (GBA) no incluyera recomendaciones sobre políticas, fue deliberado, ya que hubiera sido muy inadecuado en la caldeada atmósfera de desconfianza Norte-Sur que prevalecía en ese momento, durante las negociaciones que condujeron a la CDB y durante las primeras reuniones de la COP. La GBA hizo lo que se proponía hacer y nos proporcionó una síntesis muy necesaria de los problemas, teorías y puntos de vista sobre los principales temas de la biodiversidad y se evaluó el estado de conocimiento  global vigente. Fue ampliamente utilizado y citado, incluso por los gobiernos que se opusieron oficialmente, y  hay evidencias de que influyó sobre las políticas, no sólo en el norte, sino en países como la India.

Posteriormente, evaluaciones como la Evaluación de los Ecosistemas del Milenio (EM) y la Evaluación Internacional de la Ciencia y Tecnología Agrícola (IAASTD) trataron de centrarse más en cuestiones de políticas, aunque con un impacto limitado en los públicos destinatarios. La EM evaluó los cambios en la biodiversidad a lo largo de décadas, proyectando estos cambios en el futuro y  basándose  en evaluaciones anteriores para producir un conjunto de escenarios de la pérdida de biodiversidad que son mundialmente citados. Ha tenido una influencia considerable y es muy utilizada como fuente o cita en documentos o  presentaciones de conservacionistas y biólogos de la conservación, pero ha tenido poca resonancia pública y el hecho de que no fue controvertida, se ha atribuido a lo que un crítico denominó «su casi total desconexión de cualquier propuesta política específica análoga a la del Protocolo de Kyoto» (Thompson 2008). Una de las razones podría haber sido el lenguaje utilizado; el informe final  se ha descrito como «casi impenetrable para los que estamos en los medios de comunicación, así como para los responsables políticos» (Masood, 2012).

El CDB: ¿Duro por fuera, blando por dentro?

La eficacia del CDB como  instrumento jurídico de la gobernanza global es discutido por Harrop y Pritchard (2011) que muestran cómo no se han desarrollado instrumentos de  «ley dura» (Abbott y Snidal, 2000) en forma de protocolos, con excepción de los de Cartagena y Nagoya, pero si ha adoptado efectivamente un enfoque de «ley blanda», como en el caso de su reciente énfasis en los objetivos globales de la biodiversidad que no están respaldados por la obligación de las Partes de tomar medidas. La mayoría de los artículos del CDB, dicen, “contienen disposiciones que se expresan en un lenguaje impreciso o en términos hiperespecíficos para expertos, lo que permite a los Estados miembros aplicar estas disposiciones  de la manera que quieran,  sean o no difíciles. Como Bille et al. (2010a) señalan «Es un hecho ampliamente reconocido que la principal debilidad del derecho ambiental internacional es la falta de procedimientos generales relativos al incumplimiento. Como veremos más adelante, esto también ha sido un factor clave en el fracaso para alcanzar los objetivos de conservación.

Si bien la voluntad política para la aplicación de las disposiciones de la CDB puede existir en muchos, si no la mayoría, de los países firmantes, la conservación de la biodiversidad tiene, por supuesto, que competir por sus  recursos con muchas otras prioridades  tanto o más necesarias como la salud, la educación, el desarrollo industrial, etc.

Esto ha llevado a algunos autores (pe Laikre et al., 2008) a expresar su preocupación por la politización excesiva de los instrumentos del Convenio, en particular el OSACTT donde algunas delegaciones están compuestas en gran parte por políticos y negociadores profesionales, muchos más que científicos, para asegurarse de  que el comercio y el crecimiento económico no saldrán perjudicados por las decisiones de la Convención. Como resultado, los recursos necesarios pueden no estar disponibles para la ejecución eficaz de muchas de las disposiciones del Convenio. Estas consideraciones se aplican a todos los países, no solo a los que están  en desarrollo, aunque  estos últimos  pueden estar más justificados que los países más desarrollados, si no cumplen con sus  compromisos, debido a la falta de recursos, infraestructuras y la carga desproporcionada de  biodiversidad que muchos de ellos se ven obligados a gestionar. Es difícil no estar de acuerdo con la  evaluación de  Harrop y (2011) Pritchard sobre que la conservación de la biodiversidad  todavía no ocupa un lugar muy destacado en la política internacional o en  la agenda de la diplomacia mundial.

Objetivos

El uso de objetivos o metas en la política de conservación del medio ambiente se remonta a varias décadas, pero ha cobrado importancia recientemente con la adopción por la Asamblea General de la ONU (AGNU) en 2000 de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM, 2010) y por los objetivos del CDB de 2010 y la Estrategia Mundial para la Conservación de las Plantas (GSPC, 2002) con su serie de objetivos. Por desgracia, se prestó poca atención a la formulación, diseño y propósito de los objetivos con el resultado de que muchos de ellos   se quedaron realmente  sin  importancia o inalcanzables: Bridgewater (2011) lo expresa  así: «Examinando  los enfoques adoptados por los convenios relacionados con la biodiversidad en relación con los objetivos, nos encontramos con una sopa de términos, donde los objetivos, metas y estrategias se mezclan a menudo en los mismos párrafos, y a veces incluso en la misma frase “.Solo unos pocos autores se han ocupado de estas cuestiones, como Sandler (1997); Wright (2002 ); Pressey et al. (2003); Heywood, 2006; Bille et al. 2010a; Bridgewater, 2011; Harrop y Pritchard, 2011). Algunos ejemplos de los tipos de criterios que deberían  utilizarse se indican en  el recuadro 3 y también lo hace Bridgewater (2011).  

 La adopción por el CDB de los objetivos globales, especialmente los que tienen un plazo límite, representa un cambio de política y un movimiento para dar más precisión a los compromisos  abiertos del texto de la convención, pero fracasaron para poner en su lugar, incluso en el segundo intento, los necesarios mecanismos institucionales para asegurar  la supervisión y  el cumplimiento (Bille et al., 2010).

El objetivo del  CDB «lograr para 2010 una reducción significativa del ritmo actual de pérdida de biodiversidad a nivel global, regional y nacional, como contribución a la mitigación de la pobreza y en beneficio de la vida en la Tierra» (www.cbd.int/ 2010-target)  fue a la vez ambicioso y ambiguo y, aparte de la fecha, carecía de especificidad, porcentajes o medidas (Mace et al., 2010). Como Bridgewater (2011) observó,  abarcar objetivos con grandes  aspiraciones, como “reducir la tasa de pérdida de biodiversidad para 2010”, fue fácil porque no había manera real de evaluar el éxito y los responsables políticos tienden a quedar encantados con esos objetivos porque suenan impresionantes. La falta de medios (por ejemplo, indicadores) para medir el éxito  asegura  que los gobiernos se adhieran a ellos, porque no hay costes implicados.

Además, el objetivo de 2010 tuvo poca resonancia pública. Incluso las sub-metas estaban mal formuladas y, como Harrop y Pritchard (2011) señalan,  reproducen o repiten las disposiciones vigentes del CDB y, en algunos casos eran menos específicas que el texto de la CDB. No es del todo sorprendente que los gobiernos y los responsables políticos no llevaran a cabo las acciones necesarias para poner estos objetivos  en práctica. Las mismas críticas que pueden hacerse a la Estrategia Mundial del CDB para la Conservación de las Plantas, que incluía de partida 16 objetivos globales específicos, muchos de los cuales fueron deficientemente  formulados, susceptibles de interpretaciones diversas y, a menudo carecían de una base de referencia conocida o acordada. Al igual que en  la mayoría de las iniciativas de conservación globales, nunca hubo un presupuesto de los  costes económicos de la estrategia.

 Todos estos factores llevaron a un incumplimiento de la meta de 2010. En palabras del GBO:

“La meta de 2010 no se ha alcanzado a nivel mundial. Ninguno de los veintiún objetivos secundarios que acompañan al objetivo global de reducir significativamente la tasa de pérdida de biodiversidad para el año 2010, se puede decir que se ha alcanzado a nivel mundial, aunque algunos lo han sido parcialmente  o a nivel local. A pesar de un aumento en los esfuerzos de conservación, el estado de la biodiversidad sigue empeorando, según la mayoría de los indicadores, en gran parte debido a que las presiones sobre la biodiversidad siguen en aumento. No hay ningún indicador de una reducción significativa en la tasa de pérdida de  biodiversidad, ni de una reducción significativa de las presiones que se ejercen  sobre ella. Sin embargo, las tendencias negativas han disminuido o revertido en algunos ecosistemas. Hay varios indicios de que las respuestas a la pérdida de biodiversidad están aumentando y mejorando, aunque todavía no en una escala suficiente para influir en las tendencias globales negativas del estado de la biodiversidad o en las presiones ejercidas sobre ella” .

En respuesta a este fracaso, el CDB elaboró un nuevo Plan Estratégico para la Diversidad Biológica para el período 2011-2020 que fue aprobado en la 10ª Conferencia de las Partes celebrada en Aichi, Nagoya, Japón. Incluye un conjunto de 20 ‘SMART’ (específicos, mensurables, ambiciosos, realistas y de duración determinada)  objetivos para 2020. Si bien estos nuevos objetivos han sido muy bien acogidos, representan un nuevo fracaso para conseguir el desafío y han sido descritos como «lamentablemente por debajo de lo que los resultados de la mayoría de los estudios muestran científicamente que  son necesarios para cumplir con las ambiciosas metas de conservación tales como el mantenimiento de poblaciones viables de especies endémicas, ecosistemas representativos de todos los tipos, y la promoción de la resiliencia de los ecosistemas ante el cambio climático … » (Noss et al., 2012).

También han sido objeto de críticas por diversos motivos, tales como:

• Al igual que ocurrió con los objetivos de 2010, la falta de  requisitos legales para la implementación (Harrop y Pritchard, 2011). • Faltan los acuerdos institucionales para aplicar y supervisar los objetivos (Bille et al., 2010) • Falta de métodos para el seguimiento de los progresos (indicadores) (Bridgewater, 2011) • Se ha prestado escasa atención a la coordinación de los objetivos a través de acuerdos y agencias (Perrings et al., 2010) • No existe una correspondencia clara entre los servicios de los ecosistemas a los que se refieren los objetivos y los servicios identificados como de riesgo en la EM y los estudios posteriores (Perrings et al., 2010) • Es un fallo no poner en marcha una estructura institucional adecuada para supervisar la aplicación de los objetivos individuales.

¿Lo está haciendo bien Europa?

Incluso en los Estados Unidos y Europa, con sus considerables recursos institucionales y financieros, los desafíos de la aplicación del Convenio no se han cumplido plenamente. Por ejemplo, el 24 de abril de 2008, el Parlamento Europeo hizo hincapié en su preocupación por la continua pérdida de la biodiversidad y la cada vez mayor huella ecológica de la Unión Europea, que tiene un impacto  sobre la biodiversidad que va mucho más allá de las fronteras de la Unión Europea. El Parlamento pidió a la Comisión y a los Estados miembros  que  demostraran su liderazgo y convicción acordando y facilitando medidas concretas para la protección de la biodiversidad, tanto a nivel nacional como internacional. Señaló que “… la credibilidad de la Unión Europea, en el contexto del CDB, se ve obstaculizada por la aplicación deficiente de la legislación interna y las políticas  para la  biodiversidad,  como las Directivas de Aves y Hábitats, el trabajo práctico insuficiente para lograr el compromiso de detener la pérdida de biodiversidad para el año 2010 dentro de su territorio, su renuencia a entrar en negociaciones basadas en textos de un instrumento jurídicamente vinculante sobre acceso y participación en los beneficios (ABS) y su renuencia a proporcionar financiación  adicional y específica para la aplicación del CDB en los países en vías de desarrollo”.

Detener la pérdida de biodiversidad en Europa para 2010 era un objetivo inalcanzable y, como veremos más adelante, el establecimiento de objetivos poco realistas o inalcanzables es,  en última instancia, contraproducente. Ahora, la Comisión Europea ha propuesto una revisión de la estrategia para detener la pérdida de biodiversidad y de  los servicios de los ecosistemas en la UE en 2020: «Nuestro seguro de vida, nuestro  capital natural: una Estrategia de Biodiversidad de la UE para 2020” (CE, 2011). Cuenta con seis objetivos principales y 20 acciones  para ayudar a Europa a alcanzar su meta. Los seis objetivos son:

• La plena aplicación de la legislación comunitaria, como las Directivas de Aves y Hábitats para proteger la biodiversidad • Mejor protección para los ecosistemas, y un mayor uso de las infraestructuras verdes • agricultura y silvicultura más sostenibles destinadas a mantener y mejorar la diversidad biológica • Mejor gestión de los recursos pesqueros • Controles más estrictos sobre las especies exóticas invasoras • Una mayor contribución de la UE para evitar la pérdida de biodiversidad global.

En mayo de 2010, la Comisión Europea decidió consultar al Comité Económico y Social Europeo sobre la estrategia y su dictamen (que se resumen en el Recuadro 4) es muy crítico.

 Esta sombría evaluación se confirma mediante un primer ejercicio de evaluación de los avances políticos «en el camino hacia» la meta de 2020, dos años después de la adopción de la meta de 2020 y de los compromisos globales de la UE en Nagoya por la Asociación Europea de BirdLife. El informe, En el camino a la recuperación? (Stichting BirdLife Europa, 2012) concluye que «a menos que la actual reforma del presupuesto de la UE para el período 2014-2020 se utilice para eliminar los subsidios perjudiciales en los sectores de la agricultura, pesca, transporte y energía y para aumentar los fondos para la conservación de la naturaleza, los gobiernos europeos se arriesgan a hacer fracasar la estrategia sólo dos años después de su adopción”.

Hasta la fecha la mayoría de los Estados miembros de la UE han tratado de suavizar incluso las propuestas más modestas para la reforma ambiental presentada por la Comisión Europea, en particular en materia de agricultura y pesca. Las autoridades responsables deben levantarse ahora en contra de los grupos de presión obstructivos y garantizar que Europa no descarrile en su camino hacia sus objetivos para 2020 y se arriesgue a quedar  avergonzada ante el mundo!

Cambio global: las reglas del juego cambian

«El cambio global es mucho más que el cambio climático. Es real, está sucediendo ahora y se está acelerando», Steffen et al. (2004)

Las actuales estrategias de conservación se basan en la suposición de que vivimos en un mundo dinámico pero que  cambia lentamente. Esta suposición tiene que ser reconsiderada a la luz de la rápida velocidad del cambio climático que ya se está experimentando y las fiables predicciones  del último informe del IPCC y otros, sobre  cómo va a  aumentar en las próximas décadas. Tanto la escala proyectada como la  rapidez del cambio climático nos han cogido a contrapié y nos obligan  a repensar y volver a calibrar nuestras respuestas sobre la conservación.

El cambio climático es, sin embargo, solo un componente, aunque muy importante, del cambio global, que como veremos más adelante también incluye el cambio demográfico y las alteraciones en el uso del suelo y los regímenes conflictivos sobre los que no hay posibilidad de  debate en cuanto a su realidad o alcance.

A pesar de que el público no ha comprendido completamente los problemas o las consecuencias de la pérdida de biodiversidad, se ha hecho hincapié sobre el cambio climático, ya que es algo con lo que la gente puede identificarse y hasta cierto punto, tiene experiencia de primera mano. El problema es que los mensajes de andar por casa sobre la  biodiversidad son tan variados – la pérdida de hábitats y su fragmentación, listas rojas y  pérdida de especies, la erosión genética, la propagación de organismos exóticos invasores, pérdida de la función de los ecosistemas, la valoración de los servicios ambientales, el acceso a los recursos genéticos y la distribución justa y equitativa de los beneficios, el enfoque de los  ecosistemas, la sobreexplotación de los recursos, los impactos de la expansión del turismo, la pérdida de diversidad cultural incluido los conocimientos tradicionales y los idiomas, la  reducción de emisiones causadas por  la  deforestación y degradación forestal mediante  la conservación, la gestión sostenible de los bosques y el aumento de las reservas forestales de carbono en los países en desarrollo (REDD +) y así sucesivamente.

En cuanto al cambio climático, por otro lado, los mensajes parecen bastante claros  y comprensibles  para el público, incluso burdamente simplificados  – en algunas partes del mundo va a hacer más calor o va a llover más, el permafrost se derretirá, los niveles del mar se elevarán, etc, como resultado del aumento de los gases de efecto invernadero y las emisiones de carbono, en gran parte causados por las actividades humanas. Aun así, la confianza pública en el Panel Internacional sobre el Cambio Climático ha sido socavada considerablemente en el último año o dos, y la ciencia del cambio climático se está volviendo cada vez más compleja y la imagen  es difícil de interpretar según aumentan  las pruebas y los modelos cada vez son más sofisticados y más detallados y ya se puede acceder a resultados locales. Solo estamos empezando a darnos cuenta de lo poco que sabemos acerca de los impactos sobre la biodiversidad, y la relación entre el cambio climático y la forma en que los organismos individuales, especies y ecosistemas reaccionan, es más difícil de plasmar de  lo que se pensaba. Ante el cambio climático, las especies pueden adaptarse, migrar o morir. Aquellos que son capaces de migrar tendrán diferentes maneras de adaptarse a los cambios climáticos con el resultado de que se formarán nuevos conjuntos des especies (novel ecosystems) cuyo  funcionamiento y capacidad de proporcionar servicios de los ecosistemas no se conoce.

Tenemos que hacer que los vínculos entre los diversos elementos del cambio global – alteraciones climáticas, demográficas y regímenes conflictivos – y la biodiversidad, la agricultura y el suministro de alimentos y la salud más evidentes para el público,  si  queremos obtener el apoyo necesario para las acciones drásticas que serán  necesarias si queremos evitar las peores consecuencias. Y hay que reconocer que ahora vivimos «en un  tiempo de  ecologías globales, en el que la sociedad y la naturaleza se están transformando  en todas las partes del mundo» (Goh y Chu, 2012), como lo demuestra el impacto de  varios efectos climáticos a miles de  kilómetros de su origen y los efectos catastróficos de las especies exóticas invasoras que son endémicas de  una región sobre  la biodiversidad y la economía de otras.

Nos enfrentamos a un dilema con respecto a la escala de tiempo de las acciones necesarias. Un modelo reciente de  las  probables consecuencias del cambio global (demográfico, climático, uso de la tierra y regímenes conflictivos) sobre el mantenimiento y uso sostenible de la biodiversidad y la agrobiodiversidad,ha llevado a un replanteamiento drástico de nuestros horizontes de planificación: hay que centrarse en los  próximos 10 a 50 años durante los cuales habrá que  realizar  acciones críticas si queremos evitar cambios irreversibles. Como nos recordó el Director General  del PNUMA Klaus Töpfer: «… un suceso capital  de nuestro tiempo es el colapso de la visión a largo plazo como un amortiguador frente a la dura realidad. Ya no podemos consolarnos con  la perspectiva a largo plazo, ni siquiera, en  vista de las incertidumbres generadas,  podemos planificar nada,  más allá de, digamos, 25 años.

Por otro lado, como señaló: «Ashok Khosla, Presidente de la UICN, en su discurso de apertura del Congreso Mundial de la Naturaleza, el  6 de septiembre de 2012, la nueva ética necesaria para un desarrollo más sostenible solo puede lograrse si miramos los impactos de nuestras políticas y acciones. Esto significa que ahora tenemos que ensanchar nuestros horizontes de tiempo, ampliar el ámbito de preocupación y  aumentar considerablemente nuestro interés por  las vidas y el sustento de los mas lejanos o  de los que aún no han nacido «.

El crecimiento demográfico –el elefante en la sala

«Siete mil millones de personas poblaban  la Tierra el 31 de octubre de 2012. Durante mi vida, he visto casi triplicarse la población mundial. Y dentro de 13 años,  veré mil millones más. A lo largo de la vida de  de mis nietos, podría haber hasta 10 mil millones de personas en nuestro mundo «, Babatunde Osotimehin, Director Ejecutivo del UNFPA, 2011.

Al centrarse en la diversidad biológica y el cambio climático, hay una tendencia a que las estrategias de conservación de la biodiversidad  dejen de tener en cuenta el impacto del crecimiento demográfico masivo que el mundo está experimentando – ignoran al «elefante en la sala»- . De acuerdo con las Perspectivas de  Población Mundial 2010, la población mundial es de 7 mil millones  y se  prevé que aumente a 9,3 mil millones en 2050 y dentro  esa cifra, se espera que la población urbana aumente a cinco mil millones en 2030 y la mayor parte de esta expansión urbana se producirá en unas pocas regiones. Como ha observado Ehrlich recientemente, añadir un nuevo billón  de personas a la población del planeta tendrá un impacto mucho más grande que el billón anterior. La razón de esto es que ya hemos utilizado todos los recursos baratos, ricos y ubicuos y los que quedan son  mucho más difíciles de conseguir.

El crecimiento demográfico inexorable proyectado para el resto de este siglo requerirá un gran aumento de la producción y la productividad agrícola para alimentar a los miles de millones adicionales. No sólo eso, sino que tendrá que intentar hacerlo en formas que sean sostenibles y que aborden las crecientes preocupaciones ambientales sobre los múltiples impactos de la agricultura sobre el medio ambiente y  la biodiversidad. Es muy poco probable que esto se pueda lograr sin la conversión de tierras para la agricultura, con graves impactos sobre la biodiversidad.

El papel cambiante de los Espacios Protegidos

En general se acepta que un sistema de espacios protegidas es la base principal de las políticas de conservación nacional y mundial. En la actualidad, según el Informe Protected Planet 2012, los espacios protegidos cubren el 12,7% del área terrestre del mundo y el 1,6% de la superficie oceánica mundial (Bertzky et al., 2012). La pregunta que ahora se plantea es por qué, a pesar del aumento de los espacios  protegidos, aún persisten las altas tasas de pérdida de biodiversidad. Hay varias explicaciones para esto (Mora y Sale, 2011), incluidos los conflictos con el desarrollo humano, la  creciente  población humana, una representación inadecuada de los sistemas protegidos de las ecorregiones y las áreas consideradas críticas para la biodiversidad, escasos vínculos y  conectividad entre las áreas y la necesidad de  mejor integración en los paisajes terrestres y marinos circundantes, la gestión inadecuada, la falta de planes de gestión, la falta de inventarios de biodiversidad completos y la falta de financiación adecuada.

En materia de gestión, el Informe Protected Planet dice:

Basado en los datos extraídos  de 4.151 evaluaciones, el estudio global de la efectividad de la gestión 2010 concluyó que sólo el 24% de los espacios protegidos cuentan con una gestión sólida. Se encontró que la  gestión del 27% de los espacios protegidos tenía grandes deficiencias y el 13% era completamente inadecuado;  los aspectos más débiles de la gestión son los relativos a la adecuación y fiabilidad de la financiación, instalaciones y equipos, escasez de personal y la falta de programas adecuados de participación en los beneficios para las comunidades locales.(Bertzky et al., 2012)

Concluye el Informe diciendo que ha habido escaso  progreso en  la protección de sitios de importancia para la biodiversidad, incluso,  la mitad de ellos siguen aún  totalmente desprotegidos. Incluso en Europa, al menos el 33% de los espacios protegidos de los que se tienen datos,  tienen una gestión deficiente o absolutamente inadecuada y según un  informe general sobre espacios  protegidos en Europa muestra menos del 20% por ciento de las especies y los hábitats contenidos en  la Directiva Hábitats tienen un estado de conservación favorable (EEA/AEMA, 2012).

Sin embargo, una amenaza mucho mayor radica en el hecho de que muchos espacios  protegidos están en riesgo por los efectos del cambio climático. Los límites políticos de los espacios  protegidos son fijos, pero  el territorio  biológico no (Lovejoy, 2006). Es evidente que es difícil que un sistema fijo de  espacios  protegidos pueda  responder al cambio global y será necesario   replanteamiento en el diseño de estos espacios si quieren sobrevivir y conservar su eficacia. Habrá que tener más flexibilidad en el tamaño y la escala para que se cree una red conectada de hábitats a diferentes escalas con el fin de permitir que las especies migren y se adapten al cambio climático. Varios estudios sugieren que muchos espacios protegidos sufren una pérdida de especies de moderada a grave y algunos espacios protegidos pueden desaparecer por completo con la consiguiente pérdida catastrófica de especies; pero la evidencia es todavía ambigua, y es probable que siga siéndolo mientras continúe la  incertidumbre en cuanto a la escala y el alcance de los cambios climáticos y de otros tipos.

Nuevas alianzas

La escala y el alcance de los desafíos que plantea el cambio global, nos obliga a considerar si nuestras organizaciones nacionales e internacionales y las instituciones existentes son las adecuadas para la tarea. ¿Cuál es su eficacia y qué  capacidad tienen para afrontar los retos del cambio global? ¿Es necesario crear nuevas alianzas y convenios con las ciencias sociales para modelar las interacciones entre la ciencia y la naturaleza? Se está prestando mucha de atención a la efectividad  de la interrelaciónciencia-política: Ivanova et al. (2011) llaman la atención sobre lo que consideran «desajustes institucionales en la estructura de las interrelaciones científico-normativas (SPI) para el apoyo de la gobernanza global de la biodiversidad, que … impiden la credibilidad, pertinencia y legitimidad de estas instituciones y por lo tanto también la eficacia de la gobernanza ambiental internacional’ .

En los últimos años ha habido  presión para fortalecer la gobernanza ambiental a nivel internacional: algunos han propuesto reforzar el PNUMA o convertirlo en una organización (ONUMA) o Agencia de las Naciones Unidas (Ivanova, 2012) mientras que otros han abogado por la creación de un nuevo órgano para defender la biodiversidad. Después de muchas discusiones y negociaciones, se estableció la Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios de Ecosistemas (IPBES) y su primera sesión plenaria se celebrará en enero de 2013. La filosofía de la IPBES refleja un cambio de enfoque en la percepción de la biodiversidad  respecto al enfoque tradicional que se centra principalmente en la conservación de especies, hábitats y espacios protegidos para que sea más integral y haga más  hincapié en el uso sostenible y los servicios ecosistémicos.

IPBES pretende ser un enlace entre la comunidad científica y los responsables políticos que tenga la capacidad de construir y fortalecer el papel de la ciencia en la formulación de políticas. Se pone mayor énfasis en el concepto de servicios de los ecosistemas, así como sobre  la biodiversidad y la necesidad de abordar la falta de vinculación de  los procesos ecológicos y sus beneficios sociales. Como se ha señalado por algunos de los promotores de la IPBES hay  necesidad de un nuevo pacto entre la ciencia de la biodiversidad y los gobernantes, una nueva forma de trabajar multidisciplinar que implique también a la ciencia social ya  la economía, el uso de modelos y protocolos que todavía deben  ser elaborados y acordados por los  gobiernos (Perrings et al., 2011). IPBES desarrolla el concepto de evaluación de la biodiversidad, de tal manera que no sólo sintetice  e informe de los hechos,  sino  que también ofrezca  diferentes opciones para  que los  responsables políticos actúen.

Sin embargo, no hay unanimidad sobre el concepto de servicios de los ecosistemas y de hecho  no hay acuerdo sobre  su papel clave para la conservación de la biodiversidad y ha dado lugar a un largo debate  que todavía continua (Cornell, 2011; Mace et al, 2012). La evidencia de que la falta de orientación política a través de la evaluación de opciones es un factor limitante en el logro de una reducción de la pérdida o al menos del porcentaje de pérdida de la biodiversidad está lejos de ser concluyente. Tampoco hay ninguna garantía de que dicha orientación, cuando se produzca, conducirá a una acción capaz de  que  los gobiernos se enfrenten a una lista  de peticiones conflictivas. Es interesante que los miembros del grupo epistémiologico que promueven la nueva agenda de la  Plataforma contenga varios de los acuerdos   alcanzados en anteriores evaluaciones de la biodiversidad, a partir del GBA. Como Thompson (2008) señala: «Es … una crítica válida  que los científicos y otros participantes en cada desarrollo de estas evaluaciones se han vuelto cada vez más auto-selectivos mediante un procedimiento que exagera el consenso y resta importancia a la disensión”. Esto debe plantear inquietudes acerca de hasta qué punto la IPBES podrá negociar su camino a través de los peligros de la evaluación de la competición  entre las preocupaciones científicas y las políticas. En palabras de Thompson (2008):

«Lo que es evidente es que, en el futuro, los organizadores de las evaluaciones globales  impulsadas por expertos por tendrán que ser más conscientes de cómo las a veces en conflicto agendas y con perspectivas diferentes y las distintas comunidades epistémicas   pueden quedar  integradas, oscurecidas  o excluidas  en medio de estos complicados y politizados procesos  de revisión científica y de compromisos políticos. También tendrá que enfrentarse a la  controversia y  el desacuerdo  entre los diversos actores, sobre todo teniendo en cuenta las diferencias de poder involucradas. Además, tendrán que reconocer abiertamente cómo el diseño e implementación de herramientas y métodos (desde las las reuniones oficiales y conferencias hasta el uso de escenarios y modelos informáticos y desde la composición y la coordinación de los equipos de redacción hasta  los términos de referencia de los grupos de seguimiento) influyen en las interacciones de los actores y, en última instancia, en el resultado de la evaluación del propio proceso. En pocas palabras, tendrá que acabar con la cortina de humo de la «neutralidad» y la  «objetividad» y reconocer las políticas del conocimiento y el significado que configuran estos programas de evaluación»

Otra preocupación tiene que ser en qué medida el proceso político en IPBES influirá  en el acuerdo  sobre las medidas recomendadas por la ciencia. Como Noss et al. (2012) advierten:

«Si la comunidad conservacionista establece objetivos de protección basados en nociones preconcebidas de lo que es socialmente o políticamente aceptable o sobre el inevitable  crecimiento de la población y la economía, vamos a avanzar muy escasamente  en  la detención de la extinción. Sugerimos que las estrategias para la conservación  pasen  primero a través de un filtro biológico. Aquellas opciones con una alta probabilidad de mantenimiento de la de la biodiversidad se retienen, mientras que aquellas con una menor probabilidad se incrementan. El siguiente paso, sin embargo, no es aprobar las estrategias restantes a través de un filtro político, porque la mayoría no lograría pasarlo  en el clima político actual».

Conclusiones

Para responder a los retos del cambio global eficazmente, debemos emprender un replanteamiento importante de nuestra estrategia y no encerrarnos en objetivos que ya no son los  apropiados, y, debemos abordar cuestiones fundamentales, que no son a las que están  acostumbrados la mayoría de los conservacionistas, tales como la economía de la biodiversidad, los límites al crecimiento económico, el consumo excesivo de recursos, el crecimiento demográfico, el abastecimiento  agrícola y alimentario y el papel de los incentivos económicos para conservar la biodiversidad.

Está claro que la inversión global para las medidas de conservación sobre el terreno no ha sido proporcional a la gravedad de los actuales de pérdida de biodiversidad: necesitamos ampliar enormemente  nuestras medidas de conservación  solo para mantener la situación actual. Tenía que haber sido así, incluso antes de la constatación de los probables impactos del cambio global, especialmente el climático. El cambio global, especialmente en sus componentes climáticos, nos plantea enormes y nuevos desafíos, cuyo alcance  no somos capaces de comprender plenamente todavía.

Por otra parte, está cada vez más claro que una estrategia basada principalmente en los espacios protegidos y la conservación de las especies no será suficiente para reducir la pérdida de biodiversidad en las próximas décadas a menos que vaya acompañada de cambios estructurales en la producción y el consumo. Además, tenemos que generar una comprensión mucho más profunda de los problemas que afectan a los países en desarrollo con su sobrecarga masiva de biodiversidad en relación con sus recursos humanos, infraestructurales y financieros. Como comentan  Barnard & Thuiller (2008) «Lo mejor de la ciencia […] ha desarrollado una información  espacialmente explícita, científicamente rigurosa, basada en las prioridades sobre la vulnerabilidad de las especies. Pero la mayor parte se inclina hacia el hemisferio norte, favorece la simulación sobre la certeza y rara vez «va al grano», con recomendaciones específicas de conservación para  las políticas, la planificación o la gestión «.

En este nuevo campo de batalla para la conservación, la biología de la conservación y los estudios sobre el cambio global, continuarán,  por supuesto, haciendo una contribución importante. Por desgracia, no está del todo claro todavía cual es el  consejo  que se debe dar y citando  de nuevo a Barnard & Thuiller «nosotros también corremos el riesgo de una complacencia trágica -tocando la lira mientras Roma arde- creando carreras seguras desde el avance conceptual del campo como si fuera  solo  otro tema académico mas, y abalanzándonos  a reivindicar derechos sobre oscuros terrenos intelectuales.

La realización de investigaciones, la publicación de artículos, estudios científicos y técnicos, y evaluaciones (que con demasiada frecuencia constatan la medida de nuestro fracaso), las estrategias y metas (que muchas veces  no se cumplen) son objetivos loables, pero  son claramente insuficientes para detener la pérdida de biodiversidad . Si en palabras de Hansen “la  humanidad desea preservar un planeta similar a aquel en el que se desarrolló la civilización” necesitamos una acción a una escala lo suficientemente grande y en plazo relativamente corto si queremos una oportunidad real de evitar cambios que tendrán graves impactos en el bienestar de gran parte de la raza humana. Y tenemos que trabajar conjuntamente con economistas, sociólogos, agricultores y políticos. Como dice  un editorial de la revista Nature (22 de mayo de 2008: «Salvar un puñado de especies fotogénicas – o selvas icónicas – no puede  sustituir a  un plan integral que se ocupe del clima, la economía y el medio ambiente en conjunto.

La recién estrenada  IPBES puede llegar a ser un paso en la dirección correcta. La esperanza está en  que mejore la respuesta coordinada a la pérdida acelerada de la biodiversidad, el  deterioro de los servicios de los ecosistemas y la falta de acción política y asumir el papel de defensor público de la conservación de la biodiversidad, pero  el plan general todavía se nos escapa. Lo que aún falta es la sensación de  urgencia. Incluso si se acepta que la creación  de la IPBES actuará como un estímulo,  aún no ha empezado a funcionar, ya que  la primera reunión del Pleno está prevista para enero de 2013. Cuando haya un acuerdo sobre las estructuras y mecanismos necesarios, la necesidad de  nuevas evaluaciones  y se hayan traducido  los resultados a nuevas  políticas, ¿estaremos a tiempo para  que tengan  efecto sobre la pérdida de la biodiversidad, en el supuesto de que todos los países estén convencidos de que adopten las medidas recomendadas? Ya  está empezando a parecer que los objetivos para 2020 están fuera de nuestro alcance . Y si no se cumplen, ¿Tendrá la conservación una tercera oportunidad?

En su nuevo libro Wild Hope: On the Frontlines of Conservation Success, Balmford (2012) advierte sobre el peligro de dar un mensaje  demasiado negativo sobre la conservación de la biodiversidad – sí, dice, el vaso está medio vacío, pero debemos centrarnos en el hecho de que también está medio lleno. Dice Balmford:

«Al tratar de asegurar que los responsables políticos y el público en general captan la gravedad del problema, tal vez nos hemos centrado demasiado en lo negativo. En cierta manera  ha funcionado – creo que la mayoría de la gente hoy en día ha captado el mensaje. Saben que la naturaleza está en peligro grave, y que debe hacerse algo. ¿Pero qué? Tal vez hemos vendido tan eficazmente  las malas noticias, que hemos pasado por alto la importancia vital de creer que hay soluciones. Hemos hecho que la gente sea dolorosamente consciente pero no les hemos dado opciones para dar la vuelta a las cosas,  sólo les hemos dejado una lúgubre elección entre  desesperación y  negación «.

Por supuesto, como Balmford señala, ha habido muchos éxitos de conservación en todo el mundo de los que debemos alegrarnos. Sin embargo, lo que han hecho es ayudar a disminuir la velocidad a la que el vaso se vacía y, a menos que adoptemos un conjunto mucho más audaz y ambicioso de políticas, la copa continuará vaciándose demasiado rápido, con consecuencias desastrosas para la humanidad. El futuro de la biodiversidad sigue siendo incierto.

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