Naturaleza

A los 16 años vio decenas de serpientes muertas por el calor en un banco de arena sin árboles: 40 años después, ese hombre ha plantado 40 millones de árboles y creado un bosque de 550 hectáreas

Vio morir serpientes por el calor y acabó creando un bosque de 550 hectáreas tras plantar árboles durante más de 40 años.

A los 16 años vio decenas de serpientes muertas por el calor en un banco de arena sin árboles: 40 años después, ese hombre ha plantado 40 millones de árboles y creado un bosque de 550 hectáreas

Un banco de arena del río Brahmaputra, en Assam, se ha convertido en un bosque de alrededor de 550 hectáreas gracias al trabajo sostenido de Jadav Payeng. Durante más de cuatro décadas, este hombre ha plantado y cuidado árboles hasta favorecer un hábitat utilizado por elefantes, rinocerontes, ciervos, aves y tigres de Bengala. No es poca cosa.

Su historia suele resumirse como la hazaña de una persona que levantó un bosque completamente sola. La realidad tiene más matices, porque Payeng estuvo vinculado al principio a una iniciativa forestal, pero fue él quien continuó cuando el proyecto terminó y los demás trabajadores se marcharon. Ahí está lo extraordinario.

La escena que lo cambió todo

A finales de los años setenta, una inundación dejó numerosos reptiles sobre una zona arenosa sin sombra. Payeng contó que muchas serpientes murieron expuestas al calor, una imagen que le llevó a empezar a plantar bambú y otros árboles en 1979.

El trabajo era muy básico y muy físico. Regaba las plantas, podaba, recogía semillas y trasladó hormigas rojas porque creía que podían ayudar a cambiar el suelo, aunque ese último detalle forma parte de su experiencia personal y no de una prueba científica sobre el terreno. Era ensayo, error y mucha paciencia.

Una historia con matices

El relato más extendido suele decir que todo comenzó sin ninguna ayuda. Sin embargo, varios registros sitúan a Payeng como trabajador de un programa de plantación de unas 200 hectáreas impulsado por la división forestal de Golaghat, tras el cual decidió quedarse y cuidar tanto los árboles existentes como nuevas plantaciones.

Ese matiz no reduce su mérito, sino que lo hace más creíble. Un proyecto puede plantar miles de retoños durante unos años, pero un bosque necesita décadas de vigilancia, reposición y paciencia para superar inundaciones, calor y suelos pobres. Y él siguió allí.

Cuánto mide realmente

Las cifras cambian según la publicación. Algunas noticias hablan de 1.300 acres, equivalentes a unas 526 hectáreas, mientras que el estudio científico de 2024 y varias referencias anteriores utilizan 1.360 acres, algo más de 550 hectáreas.

Por eso, la fórmula más prudente es hablar de alrededor de 550 hectáreas. Se trata de un paisaje fluvial dinámico, expuesto a sedimentos, erosión, inundaciones y cambios del cauce del Brahmaputra, por lo que su superficie no funciona como la de una finca con límites completamente estables.

Cuando volvió la vida

Con el crecimiento de los árboles llegaron refugio, alimento y sombra. La literatura científica de 2014 ya describía ciervos, conejos, rinocerontes, tigres de Bengala, aves migratorias y miles de árboles, mientras que una ficha de Equator Initiative publicada en 2024 volvió a señalar la presencia de elefantes, tigres, rinocerontes, ciervos y aves.

Esto no significa que todos esos animales vivan siempre en el mismo punto. Los elefantes se desplazan por grandes territorios y pueden utilizar el bosque de manera estacional, mientras que la llegada de grandes mamíferos convierte el lugar en un espacio que también necesita vigilancia y gestión. La naturaleza vuelve, pero trae nuevas responsabilidades.

Lo que confirma la ciencia

La historia ya no depende únicamente de testimonios. Un estudio publicado en 2024 analizó imágenes de los satélites Landsat y Sentinel junto con datos recogidos sobre el terreno para seguir la evolución del banco de arena entre 1990 y 2021.

Los autores calcularon que la cobertura forestal aumentó un 31,92 %, mientras que la superficie de arena se redujo un 26,87 %. También identificaron 79 especies de árboles y una densidad de 395 árboles por hectárea, además de cantidades relevantes de biomasa, es decir, materia vegetal, y carbono almacenado.

¿Qué significa esto en la práctica? Que el bosque no es solo una imagen bonita para las redes sociales, sino una restauración medible que puede ayudar a estabilizar el terreno, guardar carbono y crear espacio para la biodiversidad, aunque los investigadores piden estudiar mejor su evolución a largo plazo antes de trasladar el modelo a otros bancos de arena.

Un reconocimiento que llegó tarde

Las autoridades forestales conocieron la magnitud del bosque en 2008, cuando siguieron el rastro de una gran manada de elefantes. Años después, la Universidad Jawaharlal Nehru lo llamó el «Hombre Bosque de la India» y el Gobierno indio le concedió el Padma Shri en 2015, la cuarta distinción civil más alta del país.

Payeng ha mantenido una idea sencilla incluso después del reconocimiento. Su compromiso queda resumido en una frase recogida por One Earth, «Plantaré hasta mi último aliento», que encaja con su decisión de trabajar también en otros bancos de arena.

El legado sigue expuesto

La restauración no termina cuando aparecen los árboles. En diciembre de 2025, un incendio dañó Molai Kathoni 2.0, una ampliación distinta del bosque original y dirigida por Munmuni Payeng, hija de Jadav, y en febrero de 2026 The Assam Tribune informó de un tercer incendio en dos meses que afectó a cerca de 100 hectáreas.

La familia atribuyó los incendios a acciones intencionadas. Sin embargo, tras el episodio de diciembre, la administración de Majuli dijo no haber encontrado indicios de sabotaje, por lo que la causa quedó discutida públicamente. Lo que sí parece claro es que plantar no basta, porque un bosque joven necesita prevención de incendios, vigilancia y apoyo público para no perder en una tarde lo que tardó años en crecer.

El estudio científico más reciente citado en esta noticia ha sido publicado en la revista Land Use Policy.

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