Naturaleza

La caza de la grajilla en Andalucía, bajo presión: cayó más del 50 % y ya ni se sabe cuántas se abaten

La Sociedad Cordobesa de Historia Natural reclama suspender su aprovechamiento cinegético ante un declive superior al 50 % y una paradoja difícil de ignorar: entre 2011 y 2017 se registraron 132.897 ejemplares abatidos, pero desde 2018 Andalucía contabiliza conjuntamente las capturas de “córvidos”, impidiendo conocer la mortalidad cinegética específica de una especie evaluada como en peligro en el Libro Rojo.

La caza de la grajilla en Andalucía, bajo presión: cayó más del 50 % y ya ni se sabe cuántas se abaten

La Sociedad Cordobesa de Historia Natural exige suspender la caza de la grajilla occidental en Andalucía tras confirmarse que se encuentra en peligro de extinción. Varios estudios señalan que desde la década de los 90 la población de grajilla se ha reducido en un 50 %.

El caso de Córdoba es el más extremo, donde solo quedan 587 aves censadas que suponen un 1.8 % de la población en la Comunidad Autónoma. A una especie ya castigada por la fragmentación del terreno hay que sumarle la falta de control cinegético por parte de las instituciones. Entre 2011 y 2017 se abatieron unas 132.000 aves, un número desproporcionado que solo conduce a la extinción.

La caza de la grajilla en Andalucía, bajo presión

La Sociedad Cordobesa de Historia Natural ha pedido la suspensión de la caza de la grajilla occidental o «Corvus monedula» en toda Andalucía. La petición se basa en los resultados del estudio científico ‘La grajilla occidental en España y Portugal’. Tamaño poblacional, tendencias temporales y conservación’ y en la evaluación contenida en el ‘Libro Rojo de las Aves de España’.

El Libro Rojo considera a la grajilla occidental como una especie en peligro de extinción, de acuerdo con los criterios de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).

«La información científica más reciente ha puesto de manifiesto que las poblaciones de esta especie son considerablemente menores de lo que tradicionalmente se había supuesto», declararon los expertos después de analizar los datos recogidos desde la década de los 90.

La situación resulta «especialmente preocupante en la provincia de Córdoba», ya que en el censo realizado en diciembre de 2021 fueron localizadas 587 grajillas distribuidas en tres dormideros.

El dormidero (así se llama a la zona donde se reúnen para dormir) principal se encontraba en el río Guadalquivir a su paso por Córdoba, con alrededor de 410 ejemplares. Los otros dos se localizaron en Santaella, con 145 aves, y en Almodóvar del Río, con 32 ejemplares.

Estas 587 aves representan el 1,8 % de las 31.966 grajillas censadas en Andalucía, donde más del 75 % de la población se concentra en tres provincias: Cádiz, Granada y Almería.

Para la Sociedad de Historia Natural, estos datos son suficientes para la petición que han realizado porque aumentar la mortalidad en una especie ya castigada y que se concentra en muy pocas localidades es un despropósito. Uno de los aspectos que más preocupa a la entidad es la ingente cantidad de capturas que se han realizado, ya que entre 2011 y 2017 las estadísticas oficiales contabilizaron 132.897 grajillas abatidas en Andalucía.

Desde 2018, las estadísticas de la caza andaluza agrupan las capturas bajo la denominación genérica de ‘córvidos’, lo que impide conocer cuántas grajillas se cazan realmente cada temporada.

La Sociedad Cordobesa de Historia Natural considera que mantener el permiso de caza sobre la grajilla es un despropósito si se tienen en cuenta los datos actuales, si se ignoran, como llevan haciendo décadas, pues no pasa nada; lo que no se ve no existe, ¿no era así?

La excusa del “control cinegético” no cuela cuando la población se ha visto reducida a la mitad, al igual que su territorio. Seguir manteniendo las creencias antiguas y anticuadas sobre la grajilla (la supuesta mala suerte, los “problemas” con los cultivos, etc.) no solo no ayuda a la especie, sino que fomenta la incultura entre la población.

La entidad confía en que esta vez sí la Junta de Andalucía haga caso a los datos científicos oficiales y tome medidas reales para la protección de la biodiversidad. Seguir con los discursos ecológicos mientras se conceden permisos de caza a los colegas no es viable para una especie castigada desde hace décadas.

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