Científicos desenterraron un fósil de milpiés del tamaño de un automóvil de 326 millones de años que alguna vez se arrastró por la Tierra antes de los dinosaurios

Publicado el: 31 de diciembre de 2025 a las 12:43
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Hace más de 300 millones de años, mucho antes de que los dinosaurios dejasen huella, los bosques ecuatoriales de lo que hoy es Europa estaban dominados por un invertebrado gigantesco. Se llamaba Arthropleura y podía medir casi lo mismo que un coche pequeño. Los últimos hallazgos han permitido reconstruir mejor su cuerpo y su lugar en el árbol de la vida y también cuentan una historia muy clara sobre clima, ecosistemas y extinciones.

Un milpiés gigante en una playa de Northumberland

En 2018, un bloque de arenisca que se desprendió de un acantilado en Howick Bay, al norte de Inglaterra, dejó al descubierto algo inesperado. Dentro aparecieron varios segmentos articulados del caparazón de Arthropleura, conservados en un antiguo canal de río. Un ex alumno de la Universidad de Cambridge lo vio paseando por la playa. El propio geólogo Neil Davies lo describe como un hallazgo que fue un golpe de suerte total.



La pieza preservada mide unos 75 centímetros, pero solo representa parte del animal, probablemente una muda del exoesqueleto. A partir de esa proporción, el equipo calcula que el milpiés completo alcanzaba unos 2,7 metros de longitud y unos 50 kilos de peso, comparable a un coche compacto. Es, hasta ahora, el mayor invertebrado terrestre del que se tiene registro, por encima incluso de los antiguos escorpiones marinos gigantes.

El contexto también rompe tópicos. Este ejemplar no procede de un pantano carbonífero clásico, sino de un paisaje de ríos y bosques abiertos cerca de la costa, en una Gran Bretaña situada entonces casi en el ecuador, con clima tropical y vegetación exuberante alrededor de arroyos y cauces.



Así era su cabeza y qué nos dice de su familia

Durante más de un siglo nadie había encontrado una cabeza bien conservada de Arthropleura. Ese vacío se ha llenado con nuevos fósiles juveniles procedentes de Montceau‑les‑Mines, en Francia, estudiados con microtomografía en un trabajo publicado en Science Advances en 2024.

Las imágenes en tres dimensiones revelan detalles que antes solo se podían imaginar. Este animal tenía antenas cortas con siete segmentos, ojos sobre pedúnculos que recuerdan a los de algunos cangrejos y unas mandíbulas internas protegidas por placas, acompañadas de apéndices bucales que se parecen más a los de un ciempiés que a los de un milpiés actual. En cambio, el tronco sí muestra rasgos claramente de milpiés, con segmentos dobles y hasta dos pares de patas por placa en muchos puntos del cuerpo.

Al combinar esa anatomía con datos genéticos de miriápodos actuales, los autores concluyen que Arthropleura formaba parte de un grupo primitivo de milpiés, emparentado de manera estrecha con ellos pero con una cabeza que conserva rasgos más antiguos, compartidos con los ciempiés. En otras palabras, tenía cuerpo de milpiés y una cabeza intermedia entre ambos mundos.

Gigantismo sin una atmósfera extrema

Durante años se explicó el tamaño descomunal de estos animales con una idea sencilla. Si en el Carbonífero había más oxígeno en el aire, los invertebrados que respiran por tráqueas podían crecer mucho más que ahora. El problema es que el ejemplar de Northumberland procede de rocas formadas antes del gran pico de oxígeno de finales del Carbonífero, cuando la concentración rondaba valores solo algo superiores a los actuales.

¿Qué significa esto en la práctica para entender aquellos ecosistemas? Que el oxígeno alto ayudaba, pero no basta para explicar el gigantismo. Los investigadores señalan varios factores que se suman. Por un lado, una selva ecuatorial cargada de materia vegetal, semillas y restos orgánicos que alimentaría bien a un detritívoro grande. Por otro, la ausencia de grandes depredadores terrestres que compitiesen o atacasen a estos miriápodos gigantes.

El nuevo estudio francés refuerza la idea de un animal lento y más bien comedor de residuos. La disposición de las patas y del tronco apunta a una locomoción moderada, no a un cazador veloz, y la mayoría de autores piensa que se alimentaba sobre todo de hojarasca en descomposición, aunque no se descarta que complementase la dieta con otros invertebrados o pequeños anfibios cuando se presentaba la ocasión.

Clima cambiante, hábitats que desaparecen

Arthropleura prosperó durante unos 45 millones de años en bosques cercanos al ecuador, desde hace unos 346 millones de años hasta comienzos del Pérmico. Su desaparición coincide con un cambio profundo en el clima de la Tierra. Las grandes selvas pantanosas del Carbonífero se fragmentan, el régimen se vuelve más estacional y muchas zonas ecuatoriales se hacen más secas.

Para un invertebrado gigante que dependía de suelos húmedos y de un proceso de muda seguro, ese giro tuvo un coste enorme. Moldear un exoesqueleto nuevo implica periodos vulnerables en los que el cuerpo necesita humedad estable. Con menos agua disponible y más sequías, cada muda se convertía en una apuesta arriesgada. Al mismo tiempo aparecen y se diversifican los primeros reptiles, mejor adaptados a esos ambientes más áridos y capaces de explotar recursos similares.

Los científicos no tienen todavía una prueba única que explique su extinción, pero la combinación de desertificación progresiva y nueva competencia vertebrada encaja con el patrón que se observa en el registro fósil. Es un recordatorio incómodo. Cuando el clima cambia rápido y los hábitats se encogen, incluso los gigantes caen. Y eso se nota.

El estudio completo ha sido publicado en “Science Advances

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ECOticias.com El periódico verde

Equipo editorial de ECOticias.com (El Periódico Verde), integrado por periodistas especializados en información ambiental: naturaleza y biodiversidad, energías renovables, emisiones de CO₂, cambio climático, sostenibilidad, gestión de residuos y reciclaje, alimentación ecológica y hábitos de vida saludable.

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