Después de más de dos siglos sin criar en Inglaterra, el águila de cola blanca (también llamada “águila marina”) vuelve a hacerlo en el sur del país. El proyecto de reintroducción, activo desde 2019, ya suma 45 aves liberadas y seis polluelos nacidos en libertad hasta el verano de 2025.
La noticia, eso sí, no es solo celebración. Mientras crecen los avistamientos y se consolidan parejas, también aumentan las preguntas incómodas sobre la convivencia con el campo y la persecución ilegal. De hecho, tres águilas marcadas con seguimiento por satélite han desaparecido en circunstancias “sospechosas” y la investigación sigue abierta.
Un regreso con fechas y cifras
El punto de partida es claro. Forestry England y la Roy Dennis Wildlife Foundation empezaron a liberar jóvenes águilas de cola blanca en la Isla de Wight en 2019, con licencia de Natural England. La meta a largo plazo era asentar entre seis y ocho parejas reproductoras en la costa sur.
Los números ayudan a aterrizar el titular. En agosto de 2025 el balance era de 45 aves liberadas, con reproducción confirmada y un total de seis pollos nacidos en libertad desde 2023 (un primer polluelo ese año, dos en 2024 y cría en Sussex y Dorset en 2025). No es poca cosa para una especie que llevaba 240 años sin criar en Inglaterra.
Así se controla cada movimiento
Una de las claves del proyecto es la trazabilidad. Cada águila liberada lleva un emisor satelital, lo que permite seguir sus desplazamientos casi en tiempo real y entender dónde se alimentan o qué zonas usan para descansar.
Ese seguimiento no es solo “tecnología por tecnología”. Forestry England explica que ya han registrado más de 800 observaciones de dieta y comportamiento de caza, y que, aunque los jóvenes exploran mucho, los datos muestran que tienden a volver una y otra vez a la costa sur, su “hogar natal”.
Qué comen y por qué importan
Si alguna vez has visto una rapaz grande planear sobre un embalse o una ría, ya sabes lo que impresiona. El águila de cola blanca puede llegar a una envergadura máxima de unos 2,5 metros, y suele moverse en costas rocosas, estuarios y zonas de agua cercanas al mar.
En la práctica, su menú es bastante “oportunista”. Forestry England resume que comen peces, pero también conejos, liebres y otras aves, y que muchas veces cazan con una estrategia de “esperar y atacar” desde posaderos tranquilos. Eso las convierte en depredadores importantes y también en consumidores de carroña cuando la encuentran, algo que influye en cómo se reparte la vida en estos ecosistemas.
El punto sensible del ganado
Aquí es donde el tema se vuelve más delicado. Escocia es el espejo en el que muchos miran porque allí la especie volvió antes y hoy ya está bien asentada. NatureScot hablaba en 2025 de alrededor de 200 parejas reproductoras en Escocia, un éxito de conservación que, al mismo tiempo, ha generado fricción con parte del sector ganadero.
Para gestionar esa tensión existe el Sea Eagle Management Scheme, un programa de apoyo a ganaderos y “crofters” que sufren impactos por depredación, activo desde 2015 y ligado a acuerdos de trabajo entre NatureScot y NFU Scotland. Y hay datos que explican por qué el asunto no se despacha con un “no pasa nada” (en una granja de seguimiento se documentó una pérdida extra de 181 corderos entre 2012 y 2018, según comunicó NFU Scotland).
Eso sí, conviene separar contextos. En Inglaterra, algunas instituciones locales han insistido en que no hay casos verificados de depredación de ganado vinculados al proyecto de la Isla de Wight desde 2019, aunque el seguimiento continúa precisamente para detectar cualquier problema a tiempo. ¿Qué significa esto en la práctica? Que el debate de la convivencia no se puede copiar y pegar de Escocia a Sussex, pero tampoco ignorar.
Cuando el problema es la persecución
El otro frente es todavía más serio porque no va de “conflicto de usos”, sino de delitos. La RSPB y la Roy Dennis Wildlife Foundation informaron de la desaparición de tres águilas con seguimiento, con dos emisores encontrados “cortados” y abandonados, y un tercer caso en el que el dispositivo dejó de enviar datos (la última señal llegó el 8 de noviembre desde Escocia). La policía investiga y se ha ofrecido una recompensa que, según la RSPB, alcanza las 20.000 libras por información que lleve a una condena.
En palabras de Tim Mackrill, del equipo del proyecto, fue “devastador” encontrar los emisores robados y tirados, especialmente en el caso de un pollo que apenas había empezado a volar ese verano. Es el tipo de frase que te recuerda que estas recuperaciones son frágiles, incluso cuando parecen ir bien.
Además, no hablamos de un ave “sin protección”. Forestry England recuerda que el águila de cola blanca está protegida por la Wildlife and Countryside Act (1981), y que molestar, dañar o interferir con ellas o sus nidos es un delito. Por eso mismo no se publican ubicaciones exactas de nidos.
Qué debe tener en cuenta el público
Si vives o visitas zonas donde se están asentando, hay dos ideas simples que ayudan mucho. La primera es mantener distancia y no convertir un avistamiento en una persecución con móvil en mano, sobre todo en época de cría. Un buen rato con prismáticos, desde lejos, suele ser la mejor forma de disfrutarlo sin estropearlo.
La segunda es pensar antes de compartir. Publicar ubicaciones muy concretas en redes puede parecer inocente, pero puede atraer molestias, curiosos en masa o algo peor. Y en un proyecto que depende tanto del seguimiento y de la tranquilidad alrededor de los nidos, ese detalle cuenta.
La última actualización pública sobre estas desapariciones se ha publicado en el comunicado de la RSPB.













