Quien haya pasado cerca de un embalse cubierto por una película verde densa sabe que no es una simple curiosidad. Huele mal, afea el paisaje y puede dejar el agua inutilizable durante semanas. Ahora, un nuevo estudio experimental demuestra que la contaminación por microplásticos también puede empujar a esos ecosistemas hacia ese estado de “sopa verde”, y que los bioplásticos parecen provocar daños menores en comparación con los plásticos derivados del petróleo.
La investigación, realizada en estanques experimentales al aire libre en la Universidad de California en San Diego, se centró en un tipo concreto de material muy usado en la industria, el poliuretano termoplástico. El equipo comparó tres variantes en forma de microplásticos. Uno típico, derivado del petróleo y diseñado para ser muy resistente, un producto comercial llamado Elastollan. Y dos formulaciones nuevas de base biológica, fabricadas a partir de compuestos que pueden obtenerse de lípidos de algas y pensadas para ser biodegradables.
Durante tres meses añadieron estos microplásticos en diez concentraciones distintas a treinta estanques de unos cuatrocientos litros, que contenían una comunidad real de agua dulce, con algas, zooplancton y microbios. La idea era sencilla, aunque el trabajo de campo no lo fue tanto. Qué sucede cuando un ecosistema acuático entero vive, día tras día, con microplásticos flotando en el agua.
Más algas cuando falta quien se las come
El indicador clave fue la clorofila a, una medida de cuánta biomasa de algas hay en el agua. Con las dosis más altas de los tres tipos de plástico se observaron floraciones algales, pero el plástico de origen fósil destacó para mal. En los estanques con concentraciones elevadas de Elastollan, la clorofila se disparó y se mantuvo alta de forma casi continua durante la segunda mitad del experimento. Con los bioplásticos las “mareas verdes” fueron más esporádicas y menos persistentes.
La explicación no está solo en las algas. El estudio midió también la biomasa del zooplancton, esos pequeños crustáceos y otros organismos que se alimentan precisamente de algas. Y ahí apareció el otro dato contundente. En los estanques con Elastollan, la biomasa de zooplancton fue entre un 65 y un 79 por ciento menor que en los estanques con bioplásticos en las fases centrales del experimento, y nunca llegó a recuperarse al nivel de estos últimos.
Si lo pensamos en términos cotidianos, es como si en un prado desaparecieran casi todas las ovejas. La hierba crecería sin control. Aquí ocurre algo parecido. Menos zooplancton que pastea algas, más algas que se acumulan en la columna de agua. El resultado se parece mucho a esas floraciones que obligan a cerrar playas interiores o a gastar más dinero en potabilizar el agua de consumo.
En los estanques con bioplásticos también se detectaron caídas de zooplancton al principio, pero fueron más débiles y temporales. Hacia el final del periodo de noventa y siete días ya no se observaban efectos claros sobre la biomasa de estos herbívoros, lo que sugiere que el impacto de los bioplásticos fue más limitado y el sistema tuvo margen para recuperarse.
Los microbios se reordenan
El equipo analizó además las comunidades microbianas mediante secuenciación de ADN. Los tres tipos de plástico cambiaron la composición de bacterias y eucariotas, pero el producto derivado del petróleo volvió a ser el que más alteraciones provocó. En los estanques con Elastollan se enriquecieron grupos de algas verdes y doradas asociados a floraciones y también protistas que aprovechan esa biomasa extra. Con los bioplásticos, en cambio, se observaron más crustáceos del plancton y ciliados depredadores, un patrón que encaja mejor con un ecosistema donde el pastoreo mantiene a raya a las algas.
En otras palabras, los microplásticos no solo flotan en el agua. Sirven de superficie para que se formen biopelículas, cambian quién vive sobre ellos y terminan reconfigurando la red alimentaria microscópica. Y eso se nota.
Microplásticos, eutrofización y el papel de los bioplásticos
El trabajo enlaza dos problemas que ya conocíamos por separado. Por un lado, la eutrofización, impulsada sobre todo por el exceso de nutrientes procedentes de fertilizantes y aguas residuales, responsable de muchas floraciones de algas y episodios de falta de oxígeno en lagos y zonas costeras. Por otro, un planeta en el que se producen cada año en torno a cuatrocientos millones de toneladas de plásticos y en el que los microplásticos ya se han detectado desde las fosas oceánicas profundas hasta el hielo del Ártico.
Los bioplásticos aparecen en este escenario como una pieza interesante, aunque no perfecta. Representan todavía menos del uno por ciento del plástico que se fabrica cada año y muchos están pensados para degradarse mejor en condiciones controladas de compostaje que en un lago o un embalse.
El experimento indica que, cuando llegan al agua en forma de microplásticos, estos materiales de base biológica generan menos floraciones algales y permiten que el zooplancton se recupere con más facilidad. En buena parte, parecen tener una huella ecológica menor que sus equivalentes derivados del petróleo. Pero no son inocuos. A concentraciones altas también se observaron episodios de proliferación de algas y efectos temporales sobre los herbívoros.
La conclusión práctica es bastante terrenal. Reducir la entrada de plásticos convencionales en ríos, lagos y embalses es clave si queremos menos “sopa verde”, menos episodios de falta de oxígeno y menos riesgos para la fauna acuática y para el agua que bebemos. Sustituir parte de esos plásticos por bioplásticos puede ayudar, sobre todo si se acompaña de una gestión adecuada de residuos. Sin embargo, pensar que basta con cambiar el tipo de plástico para poder seguir usándolo y tirándolo sin control sería engañarse.
Como recuerdan los autores, los microplásticos pueden inclinar la balanza a favor de las floraciones de algas, aunque el momento y el lugar exactos sigan dependiendo de otros factores como los nutrientes o la temperatura. No es poca cosa.
El estudio completo se ha publicado en la revista científica Communications Sustainability del grupo Nature.


















