Contaminación electrónica en delfines y marsopas ha sido detectada por un equipo de investigadores tras analizar ejemplares varados en las costas de Hong Kong durante más de una década.
El estudio advierte de la presencia de compuestos químicos utilizados en dispositivos electrónicos que podrían estar afectando al sistema nervioso de estos cetáceos y plantea reforzar la regulación sobre los residuos tecnológicos.
Contaminación electrónica en delfines y marsopas
Un estudio científico detecta compuestos utilizados en pantallas electrónicas en tejidos y cerebros de cetáceos varados en las costas de Hong Kong.
Investigadores han detectado la presencia de monómeros de cristal líquido sintéticos (MCL) en mamíferos marinos. Estas sustancias químicas se utilizan en pantallas de teléfonos, televisores y ordenadores, lo que genera preocupación por su propagación en entornos costeros y fauna silvestre.
El análisis de 63 muestras de 42 cetáceos varados reveló la presencia de MCL en el 88 % de los casos. El producto se bioacumuló principalmente en la grasa, pero también en los músculos y, de manera crucial, en el tejido cerebral.
Sustancias procedentes de pantallas electrónicas detectadas en cetáceos
Un equipo científico de la Universidad de la Ciudad de Hong Kong ha detectado la presencia de sustancias químicas procedentes de dispositivos electrónicos en delfines y marsopas hallados varados en las costas del territorio.
Los investigadores encontraron en los animales monómeros de cristal líquido (LCM), compuestos sintéticos empleados en la fabricación de pantallas de televisores, teléfonos móviles y ordenadores. El estudio fue dirigido por el profesor asociado Yuhe He, quien analizó muestras biológicas de cetáceos recogidos durante más de una década.
En total, los científicos examinaron 63 muestras procedentes de 42 animales, entre ellos 16 delfines blancos chinos y 26 marsopas sin aleta del Indo-Pacífico, que aparecieron varados en distintas áreas costeras entre 2007 y 2021.
Los resultados mostraron que el 88 % de las muestras contenían concentraciones detectables de estos compuestos químicos.
Compuestos capaces de llegar al cerebro de los animales
Las mayores cantidades se localizaron en el tejido graso de los animales, aunque también se identificaron en los músculos y, de forma especialmente preocupante, en el cerebro. La presencia de estas sustancias en el sistema nervioso ha generado alarma entre los investigadores. Esto indica que los compuestos pueden atravesar la barrera hematoencefálica, el mecanismo biológico que protege el cerebro de sustancias potencialmente tóxicas.
Según el equipo científico, esta es la primera evidencia de que los LCM pueden llegar al cerebro de los cetáceos. Los investigadores señalan que estos compuestos tienen la capacidad de alterar procesos celulares y provocar estrés oxidativo, lo que podría derivar en efectos neurológicos adversos.
Aunque aún se requieren más estudios para comprender completamente sus consecuencias, los científicos consideran que su presencia en organismos marinos plantea una preocupación creciente.
Residuos electrónicos como posible origen de la contaminación
El estudio apunta a que los residuos electrónicos podrían ser una de las principales fuentes de esta contaminación.
Los compuestos habrían llegado al mar a través de vertederos de basura electrónica o mediante descargas de aguas residuales contaminadas. Investigaciones anteriores realizadas por el mismo grupo ya habían identificado niveles elevados de estas sustancias en sedimentos del Puerto Victoria y en el estuario del río Perla, dos zonas con intensa actividad industrial y urbana.
Los expertos advierten de que la contaminación química se suma a otras amenazas que afectan a los cetáceos de la región. En el caso del delfín blanco chino (Lipotes vexillifer), la población local ha sufrido un fuerte descenso en las últimas décadas.
Preocupación por el impacto en la fauna marina
Organizaciones ambientalistas estiman que el número de ejemplares en la zona se ha reducido alrededor de un 76 % en los últimos veinte años, una tendencia vinculada a la degradación del hábitat, el tráfico marítimo y la contaminación.
Ante esta situación, los científicos piden reforzar las políticas de gestión de residuos electrónicos y promover su reciclaje adecuado.
Aunque Hong Kong implantó en 2018 un sistema para controlar la eliminación de aparatos eléctricos y electrónicos —como televisores, ordenadores y monitores—, los investigadores advierten de que los teléfonos inteligentes aún no están incluidos en la normativa, lo que podría facilitar que parte de estos residuos acaben en la naturaleza.
Llamamiento a reforzar la gestión de residuos tecnológicos
Para el equipo científico, mejorar la regulación de estos productos y reducir su impacto ambiental es clave para proteger los ecosistemas marinos y la fauna que depende de ellos.
La presencia de MCL en el cerebro de estos animales demuestra que estos contaminantes pueden atravesar barreras protectoras, causando potencialmente disrupción celular y estrés oxidativo. Todo ello evidencia que existe un riesgo creciente para la salud neurológica de las especies marinas.
Los residuos electrónicos y las aguas residuales contaminadas son posibles fuentes de intoxicación. A ello se le suman agravantes como la pérdida de hábitat y la presión del transporte marítimo. Estos factores indican que es necesario que los humanos realicen una gestión más estricta de los residuos electrónicos para proteger a las poblaciones vulnerables de delfines y marsopas.

















