Naturaleza

Descubren una nueva especie de mono de labios naranjas escondida en una selva del Congo y ya temen por su supervivencia

Descubren un nuevo mono de labios naranjas en el Congo y los científicos ya alertan del riesgo para su supervivencia.

Descubren una nueva especie de mono de labios naranjas escondida en una selva del Congo y ya temen por su supervivencia

Un equipo internacional de científicos ha confirmado una nueva especie de mono en la República Democrática del Congo. Se llama likweli (Colobus congoensis), tiene el pelaje casi completamente negro, una llamativa zona naranja crema alrededor de la boca y la nariz, y vive en las copas altas del Parque Nacional de Lomami y la franja de bosque que lo rodea.

El hallazgo es excepcional. Es solo la quinta nueva especie de mono africano descubierta a partir de una población antes desconocida para la ciencia en los últimos 75 años, pero llega con una advertencia inmediata. Los investigadores solo la han detectado en unos 1.700 km² y proponen considerarla «En Peligro», aunque esa categoría todavía es preliminar y no equivale a una evaluación oficial ya publicada por la UICN.

Una fotografía abrió el misterio

La primera pista apareció en 2008, cuando un equipo de la Fundación Lukuru fotografió parcialmente a un mono desconocido en lo alto del bosque. La imagen no bastaba para describir una especie y después llegó una década de silencio, hasta que una patrulla volvió a fotografiarlo en noviembre de 2018.

Durante los diez meses siguientes, los naturalistas congoleños consiguieron documentarlo siete veces más en distintos puntos. «El descubrimiento no habría sido posible sin nuestro equipo de naturalistas exploradores congoleños», destacó John Hart, autor principal del trabajo, en la información difundida por la Universidad de Yale. No fue un golpe de suerte, sino el resultado de años de caminar, escuchar y mirar hacia un dosel donde casi todo queda oculto.

Cómo demostraron que era otra especie

Las fotografías permitieron reconocer algo extraño, pero la confirmación necesitó anatomía, genética y acústica. El equipo comparó pieles y cráneos y analizó ADN mitocondrial de tres ejemplares muertos que agentes del Instituto Congoleño para la Conservación de la Naturaleza habían confiscado a cazadores en 2021. Parte del análisis molecular se realizó en la Universidad Atlántica de Florida.

El likweli es más pequeño que otros miembros del género Colobus. Además de la mancha naranja crema de la cara, presenta zonas gris oscuro sobre los pómulos, una amplia marca blanca bajo la cola y un cráneo menor. El ADN señala al colobo negro (Colobus satanas) como su pariente evolutivo más cercano, pese a que viven separados por más de 1.200 kilómetros y su antepasado común existió hace aproximadamente entre 4,27 y 5,78 millones de años.

También se comunica de una forma propia. El estudio no define su llamada como un simple croar de rana, sino como rugidos de pulso rápido y frecuencia alta, casi siempre precedidos por un resoplido. Al comparar los espectrogramas, esas vocalizaciones formaron grupos distintos de las del colobo negro, una señal que también cuenta al identificar una especie.

Un territorio muy pequeño

Su distribución conocida se extiende por unos 1.700 km² desde la orilla oriental del río Lomami hasta el río Lilo, en las provincias de Tshopo y Maniema. Parece mucho, pero la mayoría de las demás especies del género ocupa más de 60.000 km², mientras que el likweli depende de bosques maduros de dosel cerrado y pequeñas islas de tierra firme. De las 114 detecciones registradas entre 2018 y 2022, 104 se concentraron a menos de diez kilómetros del Lomami.

Hay un matiz importante. Esas 114 detecciones no representan 114 animales distintos, sino encuentros visuales o acústicos, por lo que todavía no existe un censo total preciso. Los grupos observados tenían entre uno y veinte ejemplares, con una media de 6,2, y con frecuencia se desplazaban junto a otras especies de primates.

Ni siquiera las comunidades cercanas lo conocían bien. De 52 localidades consultadas, solo ocho pudieron reconocerlo y describirlo correctamente. Algunos habitantes balanga lo llaman «likweli», mientras que en comunidades mituku recibió el nombre «kasaba nkoni», que significa «el que sacude las ramas», una denominación bastante acertada para un vecino que vive casi siempre por encima de nuestras cabezas.

La protección no puede esperar

Los autores proponen una clasificación preliminar de «En Peligro» por su distribución reducida, las pocas detecciones y su dependencia del bosque alto y antiguo. La buena noticia es que la mayoría de los lugares conocidos se encuentran dentro del Parque Nacional de Lomami, un espacio protegido de 8.874 km². Pero una frontera dibujada en un mapa no detiene por sí sola todas las amenazas.

En la zona que rodea el parque, muchas familias dependen de la caza, la pesca y la agricultura itinerante. El estudio advierte de que el crecimiento de los asentamientos, la conversión del hábitat y una mayor presión cinegética podrían reducir la población durante las próximas décadas. Cuando una especie ocupa un territorio tan localizado, perder unas pocas manchas de bosque puede pesar mucho, y no es poca cosa.

Por eso, los investigadores consideran esenciales la protección efectiva del parque y la colaboración con las comunidades para evitar la caza del likweli. En la práctica, conservarlo también exige alternativas económicas sostenibles, vigilancia y conocimiento local. Proteger la selva sin contar con quienes viven junto a ella rara vez funciona.

Lo que falta por saber

¿Cuántos likweli quedan realmente? Esa es una de las preguntas que el trabajo aún no puede responder. Harán falta nuevas expediciones, datos de genoma completo, estudios sobre su alimentación y un seguimiento más amplio para saber si existen otros grupos fuera del área conocida.

El hallazgo también confirma que la cuenca central del Congo sigue guardando grandes vacíos de conocimiento. En este mismo paisaje se describió en 2012 el lesula (Cercopithecus lomamiensis), y el parque y su entorno albergan 15 especies de primates, ocho de ellas endémicas o casi endémicas de la República Democrática del Congo.

El likweli llevaba millones de años allí antes de recibir un nombre científico. Ahora el reto es mucho más urgente y bastante menos romántico. Conseguir que siga allí cuando sepamos por fin cuántos son.

El estudio científico ha sido publicado en PLOS One.

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