El último hallazgo de los científicos cambia lo que sabíamos de los elefantes: descubren cómo enseñan a las crías a sobrevivir

Publicado el: 15 de marzo de 2026 a las 12:39
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Cría de elefante caminando junto a un adulto mientras aprende comportamientos de supervivencia dentro de la manada.

Una revisión de 95 estudios en 12 países concluye que la desaparición de matriarcas y adultos con experiencia debilita la cohesión social, empeora la respuesta ante depredadores y complica la convivencia con las personas.

Los elefantes jóvenes no aprenden a sobrevivir solos. Aprenden mirando, siguiendo y repitiendo lo que hacen sus madres, tías y otros adultos con experiencia. Esa es la conclusión principal de una revisión científica liderada por la Universidad de Portsmouth, que analizó 95 estudios sobre poblaciones alteradas en África y Asia. El balance es claro. Cuando faltan los mayores por caza furtiva, traslados, matanzas o pérdida del hábitat, la cohesión social se resiente, baja la supervivencia de las crías y las respuestas ante amenazas se vuelven menos precisas.



En el fondo, lo que se pierde no es solo un animal. Se pierde conocimiento acumulado durante años. La propia revisión señala que 70 de los 95 trabajos recogían muertes o alteraciones causadas por el ser humano, y los autores advierten de que esa ruptura puede cortar la transmisión de información entre generaciones. Lucy Bates, autora principal, describe a los ejemplares veteranos como «guardianes del conocimiento». Sin ellos, la manada pierde parte de su memoria. Y eso se nota.

Uno de los casos más llamativos está en Sudáfrica. Un estudio comparó la reacción de elefantes del parque de Pilanesberg, una población formada en buena parte por huérfanos jóvenes, con la de los elefantes de Amboseli, en Kenia, donde las familias son más estables. Los investigadores reprodujeron rugidos de uno y de tres leones. En Amboseli, los grupos distinguieron el peligro mayor y reforzaron su conducta defensiva. En Pilanesberg, en cambio, esa diferencia fina se perdió. Los autores lo relacionan con la falta de adultos de los que aprender y con el trauma sufrido en etapas tempranas. Y hubo otra señal todavía más dura. Entre 1992 y 1997, machos jóvenes huérfanos introducidos en Pilanesberg llegaron a matar a más de 40 rinocerontes blancos, una conducta que cesó tras la llegada de seis machos adultos procedentes de Kruger.



La edad de la líder también importa, y mucho. Otra investigación en Amboseli comprobó que las manadas guiadas por matriarcas de más edad respondían mejor a los rugidos de leones macho, que suponen un riesgo mayor que las hembras por su tamaño y capacidad de ataque. En los grupos con matriarcas de 60 años o más, la reacción defensiva fue más intensa y más ajustada al peligro real. En la práctica, la experiencia funciona como una brújula cuando llega el momento de proteger a las crías. No es poca cosa.

Los elefantes también aprenden a leer a las personas. Otro trabajo en Kenia mostró que pueden distinguir voces humanas por etnia, sexo y edad, y que reaccionan con más cautela ante los grupos que históricamente les suponen una amenaza mayor. ¿Qué significa esto en la práctica? Que la convivencia entre humanos y elefantes no depende solo del instinto. En buena parte también depende de un aprendizaje social fino, acumulado con el tiempo. Si esa cadena se rompe, aumentan las posibilidades de error, de estrés y de conflicto.

Por eso la conservación ya no puede fijarse solo en el número de elefantes o en cuántos kilómetros de hábitat quedan sobre el mapa. También tiene que proteger las relaciones dentro de la manada. Un trabajo sobre grupos trasladados en Sudáfrica encontró que los huérfanos se separaban más, durante más tiempo, y mostraban una competencia social y ecológica más débil que los grupos familiares. El mismo estudio recuerda que las normas sudafricanas de 2018 piden evitar o minimizar la ruptura de los grupos sociales, y concluye que, si hay translocaciones, deben hacerse reduciendo al máximo la pérdida de redes familiares y culturales. En tiempos de sequías más duras, hábitats fragmentados y más presión humana, conservar a los elefantes mayores puede ser tan importante como conservar el territorio.

El estudio oficial ha sido publicado en Philosophical Transactions of the Royal Society B.

Imagen autor

Adrián Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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