Durante décadas, el pino carrasco ha sido uno de los grandes protagonistas de las repoblaciones forestales en las zonas secas del Mediterráneo español. Crece en terrenos difíciles y ayudó a frenar la erosión, pero el aumento del calor y las sequías obliga a preguntarse si seguirá funcionando igual de bien dentro de unos años.
Un nuevo estudio realizado en Alicante coloca al argán, un árbol originario del suroeste de Marruecos, como una posible alternativa. El dato principal es claro. El suelo bajo ambos árboles presentó casi tres veces más materia orgánica que el terreno sin vegetación, y las diferencias entre el argán y el pino fueron muy pequeñas.
Por qué se eligió el pino carrasco
Las grandes campañas de reforestación del siglo XX recurrieron con frecuencia al pino carrasco (Pinus halepensis). Era fácil de producir en vivero, soportaba suelos pobres y podía establecerse donde otras especies tenían muchas más dificultades.
Aquel árbol cumplió una función importante. Sin embargo, las condiciones actuales son más duras que las de hace 70 años y las sequías prolongadas pueden agotar sus reservas de carbono, debilitarlo y aumentar su vulnerabilidad frente a plagas como los escarabajos de la corteza. El problema es que el clima ya no juega con las mismas reglas.
El argán entra en escena
El argán (Argania spinosa) está adaptado a paisajes áridos y semiáridos del suroeste de Marruecos. Puede reducir la pérdida de agua mediante sus hojas duras, regular sus pequeños poros, frenar su actividad durante periodos secos y desarrollar raíces capaces de buscar humedad a mayor profundidad.
No se trata solo de resistir sin lluvia. Sus raíces ayudan a estabilizar el terreno y la materia vegetal que cae al suelo alimenta a microorganismos que intervienen en el reciclaje de nutrientes. En un paisaje degradado, esa vida casi invisible marca la diferencia.
La prueba en Alicante
Los investigadores estudiaron una zona natural semiárida de Alicante con unas precipitaciones anuales cercanas a 285 milímetros y veranos muy secos, con máximas medias de alrededor de 31 °C. Allí compararon grupos de argán y pino carrasco de edad similar, estimada en unos 70 años, junto a espacios próximos sin árboles.
Las muestras se tomaron en mayo y julio de 2023 por un equipo del CEBAS-CSIC y del IRNAS-CSIC. En total se analizaron 24 muestras correspondientes a tres tipos de cubierta, dos estaciones y cuatro réplicas por tratamiento. Además de medir nutrientes y materia orgánica, los científicos utilizaron metagenómica para conocer qué microorganismos vivían en cada terreno y qué funciones podían desempeñar.
Casi tres veces más materia orgánica
El resultado más llamativo apareció en la materia orgánica del suelo. Bajo el argán alcanzó el 12,13 %, bajo el pino carrasco el 11,74 % y en el terreno desnudo apenas llegó al 4,51 %. Dicho de forma sencilla, la presencia de árboles se asoció con más carbono y nutrientes en una tierra muy seca.
También aumentaron el nitrógeno y el fósforo totales. La respiración del suelo, la biomasa bacteriana y varias actividades enzimáticas fueron mayores bajo la vegetación que en las zonas descubiertas. Y eso se nota, porque un suelo con más actividad biológica dispone de mejores herramientas para conservar su fertilidad.
El análisis químico identificó 97 compuestos bajo el argán y 91 bajo el pino, frente a solo 38 en el suelo desnudo. Los investigadores esperaban que el argán superara con más claridad al pino por la composición de sus hojas, pero los grupos de árboles maduros terminaron mostrando un efecto sobre el terreno bastante parecido.
El microbioma también cambia
Los suelos con árboles albergaron una mayor riqueza de géneros microbianos que el terreno sin cubierta. Solirubrobacter fue más abundante bajo la vegetación, especialmente con el argán, mientras que Rubrobacter dominó en el suelo desnudo, un patrón relacionado con ambientes sometidos a más estrés.
Las diferencias funcionales entre los dos árboles fueron reducidas. En los suelos vegetados ganaron peso las rutas ligadas a mineralizar fósforo orgánico, mientras que en el terreno desnudo abundaron genes para liberarlo de los minerales. Aun así, la metagenómica muestra capacidad potencial y no actividad real, un matiz que los propios autores consideran importante.
No significa plantar arganes por toda España
El hallazgo es prometedor, pero no demuestra que el argán deba sustituir de forma masiva al pino carrasco. El trabajo se realizó en una sola zona, con grupos maduros ya establecidos, y los investigadores no pudieron determinar con exactitud si su origen fue natural o estuvo relacionado con una antigua intervención humana.
Tampoco se ensayó directamente la supervivencia de árboles jóvenes bajo los climas previstos para las próximas décadas. La ventaja climática del argán se apoya en sus adaptaciones conocidas a la escasez extrema de agua, mientras que este estudio se centró en comprobar qué ocurre en el suelo.
¿Qué significa esto en una reforestación real? Antes de llevar la especie a otros lugares habría que probar su establecimiento, seguirla durante años y estudiar su encaje con la vegetación local. Por prudencia, el origen marroquí del argán sugiere que cada proyecto debería contar con una valoración ecológica propia y no con una receta idéntica para todo el país.
Una nueva brújula para restaurar
La principal lección es que restaurar un paisaje no consiste únicamente en plantar el árbol que crece más rápido. También importa cuánto mejora el suelo, cómo alimenta a sus microorganismos y si puede mantener esas funciones cuando llegan varios años secos seguidos.
El argán ha mostrado propiedades físicas, químicas y biológicas comparables a las del pino carrasco en un ambiente semiárido de Alicante. No es una sustitución automática, pero sí una opción que merece ensayos más amplios dentro de una restauración mediterránea más diversa y preparada para un clima más árido.
El estudio ha sido publicado en la revista Plant and Soil.



