Naturaleza

Hace 5 años el volcán de La palma escupió toneladas de lava, hoy los científicos han descubierto que ha creado un mundo subterráneo con microorganismos capaces de sobrevivir donde nada más puede hacerlo

Hace 5 años el volcán de La palma escupió toneladas de lava, hoy los científicos han descubierto que ha creado un mundo subterráneo con microorganismos capaces de sobrevivir donde nada más puede hacerlo

Bajo la lava endurecida del Tajogaite, en La Palma, la ciencia ha encontrado algo que no se ve a simple vista, pero que cambia la forma de mirar el paisaje que dejó la erupción de 2021. Un equipo internacional ha identificado las primeras comunidades microbianas que han colonizado los tubos de lava recién formados, un entorno casi nuevo, sin suelo desarrollado ni vegetación, donde todo parecía demasiado reciente y hostil para la vida.

El hallazgo no significa que haya aparecido un animal extraño bajo el volcán. Hablamos de bacterias y arqueas, organismos microscópicos capaces de sobrevivir donde nosotros apenas podríamos entrar sin protección. Y ahí está lo interesante. Estos pequeños seres pueden ayudar a entender cómo se recupera un terreno volcánico y por qué los tubos de lava de Marte interesan tanto a la astrobiología.

Un mundo bajo la lava

Los tubos de lava se forman cuando la parte exterior de una colada se enfría y se solidifica mientras el interior sigue fluyendo. Cuando ese río de roca fundida se vacía, deja cavidades subterráneas que pueden conservar calor, gases, sales y humedad durante mucho tiempo.

En el caso del Tajogaite, el estudio se centró en tubos formados durante la erupción que comenzó en septiembre de 2021. Los investigadores realizaron tres campañas de muestreo entre enero de 2023 y 2024, cuando habían pasado entre 12 y 24 meses desde la formación de esas cavidades.

No era un paseo por una cueva turística. Algunas zonas seguían siendo extremas, con aire de hasta 60 ºC y superficies de roca por encima de los 90 ºC, según la información difundida por la Junta de Andalucía y la Fundación Descubre.

Los primeros habitantes

Los científicos han encontrado comunidades dominadas por bacterias de grupos como Actinomycetota, Bacillota y Pseudomonadota, además de arqueas del grupo Methanobacteriota. Dicho de forma sencilla, son microorganismos muy pequeños, pero con una gran capacidad para resistir condiciones duras.

La pregunta clave es evidente. ¿Cómo llega la vida a un lugar que acaba de nacer bajo una colada volcánica? El estudio apunta a varias vías. Algunos microorganismos pudieron entrar por el aire, en forma de aerosoles o esporas. Otros estarían asociados a animales, como aves, roedores o insectos, que aportan restos orgánicos cerca de las entradas.

Durante la campaña de 2024, el equipo observó guano fresco de aves, plumas, material de nidificación y telarañas en varias entradas de los tubos. Puede parecer un detalle menor, pero no lo es. En un lugar sin suelo ni plantas, esos restos funcionan casi como una primera despensa para la vida microscópica.

No todo depende de llegar

El estudio deja una idea clara. No basta con que un microorganismo llegue primero. También tiene que aguantar las reglas del lugar, y en estos tubos las reglas son muy duras.

Factores como la temperatura, la salinidad, la ventilación, la composición mineral y la presencia de gases actúan como un filtro natural. En la práctica, esto significa que algunos microbios pueden instalarse y otros no, aunque hayan llegado al mismo sitio.

El equipo lo resume con una frase muy útil para entender el trabajo. “Este enfoque nos ha permitido reconstruir no sólo qué organismos están presentes, sino también cómo interactúan con el medio y qué factores determinan su supervivencia”, explicó a la Fundación Descubre una investigadora del IRNAS-CSIC.

La roca también cambia

Lo más llamativo es que estos microorganismos no solo están ahí, pegados a la roca como simples pasajeros. También empiezan a transformar el entorno que ocupan.

Los investigadores observaron estructuras parecidas a biopelículas, unas capas finas y pegajosas formadas por comunidades microbianas. Estas biopelículas aparecen asociadas a minerales ricos en sulfatos y carbonatos de sodio, lo que apunta a las primeras interacciones entre microbios y minerales en la roca nueva.

Esto puede ser el inicio de algo mayor. La alteración de los minerales y la desintegración lenta de la roca forman parte de los primeros pasos hacia la creación de suelo fértil. No ocurre de un día para otro. Pero empieza así, de forma silenciosa y casi invisible.

La pista de Marte

La Palma no es Marte, y conviene no exagerar. Este hallazgo no demuestra que haya vida en el planeta rojo. Lo que sí ofrece es un modelo natural para estudiar cómo podrían resistir comunidades microscópicas en ambientes subterráneos extremos.

Los tubos de lava son interesantes porque existen también en Marte y podrían ofrecer refugio frente a la radiación, la sequedad extrema y los cambios bruscos de temperatura. ¿Qué significa esto en la práctica? Que estudiar el Tajogaite ayuda a preparar mejores preguntas para futuras misiones.

En estos espacios, la vida no necesita un bosque ni un prado para empezar. A veces basta con una grieta, algo de humedad, minerales y una mínima entrada de materia orgánica. Parece poco. Pero para un microbio puede ser suficiente.

Lo que viene ahora

El equipo continuará analizando cómo evolucionan estas comunidades con el paso del tiempo. La idea es entender mejor cómo se recuperan los ecosistemas tras eventos extremos, como una erupción volcánica, y qué papel cumplen estos organismos en la transformación del terreno.

También se investigará si algunos de estos microorganismos pueden producir compuestos bioactivos, con posibles aplicaciones en salud o biotecnología. Es una línea todavía abierta, no una promesa cerrada. Pero muestra que incluso un paisaje que parecía arrasado puede guardar información valiosa bajo la superficie.

La misma lava que destruyó parte del territorio de La Palma creó también un laboratorio natural bajo tierra. Allí, lejos de la luz y en silencio, la vida ha empezado otra vez. 

El estudio completo ha sido publicado en la revista científica Environmental Microbiome.

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