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La muerte de elefantes en Amboseli da un giro: cuatro detenidos y químicos bajo sospecha

Aún no se sabe de qué ni cómo han muerto los elefantes en el Parque Nacional Amboseli de Kenia. Las autoridades están empeñadas en dar con la solución al enigma (hay 4 detenidos, un sospechoso en búsqueda y se incautaron químicos tóxicos), para que esta situación no vuelva a repetirse.

La muerte de elefantes en Amboseli da un giro: cuatro detenidos y químicos bajo sospecha

La muerte de elefantes en Amboseli da un giro. Lo primero que aparecieron fueron los cadáveres. Luego se realizaron las autopsias y se comenzó a sospechar de unos tomates contaminados, ante la incredulidad de los agricultores. A día de hoy ya son 4 los detenidos, un quinto individuo es buscado y se han intervenido productos químicos potencialmente tóxicos.

La muerte de 18 elefantes en el Parque Nacional de Amboseli ha dejado de ser únicamente un problema de corte veterinario para convertirse en una investigación en la que se mezclan la conservación, la agricultura, las sustancias peligrosas y la necesaria convivencia entre los seres humanos y los grandes animales salvajes.

El problema fundamental es que aún no se sabe quién es el responsable de las muertes de los elefantes ni se tiene certeza de por qué o cómo murieron. La policía maneja varias hipótesis y espera a que se cuente con los informes químicos definitivos.

Rebecca Miano, que es la ministra keniana de Turismo y Vida Silvestre, confirmó que las 4 personas que fueron arrestadas están siendo interrogadas y que hay un quinto sospechoso en búsqueda y captura. También explicó que las fuerzas de seguridad incautaron garrafas sin etiquetar en las localidades de Tikondo y Kimana.

La muerte de elefantes en Amboseli tiene ya un mapa inquietante

Hay un detalle que evidencia la dimensión de la tragedia: las bajas no están concentradas en un único punto. Los rastreadores encontraron primero a siete ejemplares sin vida dentro del Parque Nacional de Amboseli. Pero hay otros 7 en el santuario de Kimana, uno en las tierras de Motikanju Kuku Ranch y tres en Kitenden.

La muerte de elefantes en Amboseli da un giro. De los que se encontraron dentro de los límites del parque, cuatro yacían cerca de la puerta de Kimana, por lo que todo apunta a que pertenecían al mismo grupo familiar que los que se hallaron muertos dentro del santuario.

Entre finales de junio y finales de julio de este año comenzaron a encontrarse los cadáveres de elefantes: 15 fue la cifra inicial. Pero a las pocas semanas el balance ya era de 18, aun sin tener idea de cómo habían fallecido.

Es importante tener un poco de empatía con los elefantes, para entender que para ellos no existen ni los mapas ni las fronteras que ha trazado el ser humano. Pasan de las zonas protegidas a terrenos comunales o a los de fincas privadas sin tener la menor idea de que han cambiado de jurisdicción. Y es justamente en esos puntos de contacto en donde se concentra la investigación.

¿Fueron realmente unos tomates los que mataron a 18 gigantes?

La primera pista que dijo seguir la policía fue muy surrealista. Los primeros exámenes de laboratorio explicaban que habían sido víctimas de un envenenamiento por sustancias químicas. Luego se barajó la hipótesis de que los animales pudieran haber ingerido cianuro o algún tipo de potente pesticida que estuviera presente en los tomates que los aldeanos cultivan cerca del parque.

Los agricultores de Kimana fueron los primeros en refutar esa versión, ya que las huertas son las que proveen a los demás habitantes del pueblo y a su ganado y que a nadie le ha pasado nada, ni siquiera han enfermado levemente. Y sugirieron que la causa de las muertes podría ser un brote infeccioso desconocido.

Un problema mayor que el veneno

La muerte de elefantes en Amboseli da un giro. El drama es que, incluso si el laboratorio confirma que existe una intoxicación, la historia no acabará conociendo el nombre del producto químico. Será necesario que se esclarezca cómo un producto altamente tóxico fue a parar al estómago de unos elefantes. ¿Fue negligencia, hay desidia o hasta un delito de por medio?

La incautación de unas garrafas sin etiquetar, que podrían haber llegado al país clandestinamente desde un país vecino, es una posibilidad con graves connotaciones. De confirmarse dicho vínculo, el caso de los elefantes de Amboseli evidencia una realidad peligrosa: la química empleada en los límites de los espacios protegidos puede ser letal para la fauna mucho antes de que nadie se dé cuenta de ello.

El caso es que los elefantes, con su enorme peso y sus costumbres, lo tienen muy difícil para esquivar estos peligros. Cada día necesita toneladas de comida y miles de litros de agua, y ello le obliga a recorrer distancias enormes e invadir territorios, ya que, para ellos, las fronteras simplemente no existen.

Proteger un parque ya no basta

La propia ministra de Turismo y Vida Silvestre, Miano ha admitido que la estrategia basada en la conservación tradicional no es suficiente si solo protege a los elefantes que se mantienen dentro de las vallas del parque.

La ciencia lleva décadas estudiando este fenómeno en la zona. El equipo de Amboseli Trust for Elephants monitoriza a la población local de elefantes de forma individualizada desde el año 1972. Y han demostrado que de los 1500 ejemplares que se estimaba estarían vivos a finales de 2024, la cifra real era de 1.903.

Una población que ya sobrevivió a otra amenaza brutal

Para poder valorar la vida de estos elefantes y el grado de protección con el que cuentan, es necesario recordar que entre 1970 y 1980 estos paquidermos fueron víctimas de la caza furtiva, lo que destrozó prácticamente la población de esta especie en Kenia, donde en 1987 solo quedaban 20.000 de los 167.000 que se contabilizaron 17 años atrás.

Pero Amboseli fue la gran excepción. En 1973 había apenas 580 animales censados, pero gracias a más de 50 años de custodia y protección, en la actualidad hay casi 2000. Pero salvar a una especie de la caza furtiva que persigue el marfil no significa que estén a salvo para siempre.

Para quienes cuidan las vidas de estos enormes paquidermos, las amenazas no desaparecen, sino que cambian de cara. Ayer se luchaba palmo a palmo con los furtivos y hoy se enfrentan a otros peligros, todos de corte antropogénico: los pesticidas, las sequías y los conflictos por la tierra.

No hay que buscar una única explicación

La reciente sequía que se extendió entre 2022 y 2023 se cobró la vida de más de 200 elefantes, que perecieron en la zona por falta de agua y alimento. Consecuentemente, la natalidad entre la especie se desplomó en los meses posteriores debido al mal estado de las hembras.

Ese antecedente evidencia que los animales pueden morir por causas muy distintas. Pero cada vida es preciosa y se cuida con mucho ahínco, por lo que es necesario saber lo antes posible qué fue lo que se las arrebató a estos elefantes y evitar que la situación se vuelva a repetir.

El verdadero reto está fuera de las vallas

La lección que dejan los elefantes que murieron en Amboseli servirá para toda África. Durante muchos años, conservar implicó levantar vallas, colocar guardas armados y perseguir sin descanso el tráfico del marfil. Y eso no debe cambiar, pero hace falta más, porque estas medidas se han quedado cortas.

La muerte de elefantes en Amboseli da un giro. Un elefante que abandona el parque puede cruzar pistas, ingerir pesticidas y cruzarse en el camino de familias que cultivan un trozo de tierra para tener sustento todo el año. Descubrir cómo y por qué murieron estos 18 animales es solo el primer paso, ya que el verdadero desafío será conseguir que los animales puedan salir del parque sin que ello equivalga a una sentencia de muerte.

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