Llevamos años engañados: el hallazgo de fósiles en China confirma que la evolución animal existía millones de años antes de lo que se pensaba

Publicado el: 22 de abril de 2026 a las 20:41
Síguenos
Fósil de animal primitivo hallado en China que adelanta el origen de la evolución animal antes del Cámbrico.

En el suroeste de China, en la provincia de Yunnan, un yacimiento llamado biota de Jiangchuan está obligando a revisar el calendario de la evolución animal. El equipo ha reunido más de 700 fósiles fechados entre 554 y 539 millones de años y los ha descrito en un estudio publicado el 2 de abril de 2026 en la revista Science.

La idea clásica decía que la gran diversificación llegó con la “explosión cámbrica”, alrededor de hace 535 millones de años. Ahora aparece un puente más claro entre el Ediacárico y el Cámbrico, con animales que se parecen a grupos que hasta ahora solo veíamos después. ¿Y si la explosión fue, en buena parte, el final de una historia que ya venía cocinándose en el fondo del océano?



Qué es la biota de Jiangchuan

La biota de Jiangchuan es la colección de organismos fósiles hallada en Yunnan, en el suroeste de China. El trabajo lo lidera un equipo de la Universidad de Yunnan y en las campañas participaron también investigadores de la Universidad de Oxford, con expediciones que se reforzaron en 2024.

Lo llamativo no es solo la cantidad, sino cómo se preservaron muchos cuerpos. En lugar de quedar como simples huellas en areniscas, aparecen como finas láminas ricas en carbono, un tipo de conservación más típico de yacimientos cámbricos célebres como Burgess Shale.



En el comunicado del equipo, Gaorong Li lo resumió así, “nuestro descubrimiento cierra un vacío importante en las primeras fases de la diversificación animal”. Su conclusión es directa, muchos animales complejos que solemos asociar al Cámbrico ya estaban presentes antes.

Un hueco en la historia de la vida

La transición entre el Ediacárico y el Cámbrico siempre ha sido un rompecabezas. El Ediacárico ofrece fósiles de formas extrañas y difíciles de colocar, mientras que el Cámbrico ya parece un catálogo de planes corporales “modernos”. Por eso se discutía si hubo un salto real o si faltaban pruebas.

En paralelo, estudios moleculares y fósiles de rastro ya apuntaban a una diversificación anterior, pero el registro corporal del Ediacárico era limitado. La biota de Jiangchuan encaja justo ahí, porque aporta cuerpos blandos con detalles anatómicos en un intervalo clave.

Luke Parry, coautor del estudio, lo describió como una “comunidad de transición”, donde el “mundo raro” del Ediacárico empieza a dar paso al Cámbrico. En conjunto, el trabajo desplaza el inicio de esta diversificación al menos cuatro millones de años hacia atrás, según resume el equipo.

Fósiles que se conservan como una película

Un “film carbonoso” es lo que queda cuando un organismo se comprime y deja una película bidimensional de carbono en la roca. No es un cuerpo tridimensional, pero a veces conserva detalles que se pierden con otros modos de fosilización.

En Jiangchuan, esa conservación deja ver estructuras como tubos digestivos y partes vinculadas a la alimentación y al movimiento. Es una diferencia enorme, porque permite comparar con más seguridad estos animales con grupos del Cámbrico y con linajes actuales.

Ross Anderson, coautor del estudio, advierte de un punto que cambia el enfoque. “La ausencia aparente de estos grupos complejos en otros yacimientos del Ediacárico puede reflejar diferencias de conservación, más que una ausencia biológica real”, señaló. Si es así, el registro fósil estaba sesgado y este yacimiento actúa como una ventana.

Bilaterales y deuteróstomos antes del Cámbrico

Entre los fósiles hay animales con simetría bilateral, con un lado derecho y otro izquierdo en espejo. Hoy es el plan corporal más común, también en humanos, y se asocia a una movilidad más eficiente y a una organización interna más compleja.

El organismo más abundante del conjunto es un animal con aspecto de gusano, del tamaño aproximado de un dedo índice, anclado al fondo mediante un disco. Se han recuperado 185 ejemplares, una pista de que no era un “accidente” evolutivo, sino parte habitual de aquel paisaje submarino.

Lo más importante, por lo que implica para nuestro propio linaje, es la presencia de fósiles que podrían ser los deuteróstomos más antiguos conocidos. En el yacimiento aparecen formas con cuerpo en U, sujetas al lecho marino con un tallo y con tentáculos, relacionadas con el grupo que hoy incluye a estrellas de mar y a los llamados “gusanos bellota”.

Un fondo marino con algas y rarezas

Llegar hasta este punto no fue inmediato. Fan Wei, uno de los responsables del trabajo de campo, explica que tras años de búsqueda encontraron sitios con “las condiciones adecuadas” donde los fósiles de animales se preservan junto con algas abundantes. Ese detalle sugiere un ecosistema rico, no solo una colección aislada de bichos raros.

La fauna, además, no es un catálogo ordenado. Muchos ejemplares combinan tentáculos, tallos, discos de anclaje y estructuras de alimentación que podían darse la vuelta, rasgos que no encajan bien con especies descritas antes. En el comunicado, Frankie Dunn incluso comentó que uno de los fósiles “se parece mucho al gusano de arena de Dune”.

También se han identificado posibles ctenóforos tempranos y bilaterales con adaptaciones de alimentación complejas. Visto así, el final del Ediacárico ya no parece un páramo de formas simples, sino un escenario en el que la diversidad se estaba calentando antes del gran salto cámbrico.

Las preguntas que quedan sobre la mesa

Este hallazgo no cierra el debate, lo afina. Una cuestión clave es si comunidades parecidas existieron en otros lugares, pero no se conservaron igual, o si Jiangchuan fue un caso especialmente “afortunado” por su modo de preservación.

Otra pregunta mira al contexto ambiental. Durante el Ediacárico, la Tierra era muy distinta, con oxígeno más bajo y un planeta que venía de etapas extremas en su historia climática, según recuerda Reuters. Entender ese escenario ayuda a conectar biodiversidad y condiciones del océano, sin caer en explicaciones mágicas.

Para el lector de hoy, la idea es sencilla. La biodiversidad se construye con tiempo, con ecosistemas que funcionan y con un registro fósil que a veces nos engaña por lo que conserva y por lo que no. Y cuando aparece una “ventana” como esta, se nota.

El estudio ha sido publicado en Science.

Imagen autor

Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

Deja un comentario