Descubren el sistema respiratorio más antiguo en un fósil de hace 289 millones de años y cambia la historia de la evolución

Publicado el: 11 de abril de 2026 a las 10:00
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Descubren el sistema respiratorio más antiguo en un fósil de hace 289 millones de años

Descubren el sistema respiratorio más antiguo en un fósil de hace 289 millones de años, en un avance que redefine uno de los grandes hitos de la evolución.

El estudio, liderado por las universidades de Harvard y Toronto, se basa en un fósil excepcionalmente conservado que permite reconstruir cómo respiraban los primeros vertebrados terrestres.



Este descubrimiento explica cómo los animales lograron abandonar el medio acuático y desarrollar una vida activa en tierra firme.

Descubren el sistema respiratorio más antiguo en un fósil de hace 289 millones de años y reescriben la evolución

El hallazgo revela la clave evolutiva que permitió a los primeros vertebrados adaptarse a la vida terrestre

Un estudio reciente ha logrado reconstruir cómo funcionaba la respiración de uno de los primeros animales terrestres, un antiguo amniota del que ahora se conoce su sistema completo con detalle.



Los expertos describen un modelo de ventilación basado en el movimiento de las costillas, que se expanden y comprimen el tórax, logrando un intercambio de gases mejor que el del anfibio, que, hasta ahora, era el más eficaz.

Un fósil excepcional que abre una ventana al pasado

El hecho de que descubren el sistema respiratorio más antiguo en un fósil de hace 289 millones de años supone un hito científico de primer nivel.

El protagonista del hallazgo es Captorhinus aguti, un pequeño reptil del Pérmico con apariencia similar a un lagarto.

El ejemplar fue encontrado en una cueva en Oklahoma y presenta una conservación extraordinaria, con restos de piel, cartílago y tejidos.

Este nivel de preservación permite estudiar aspectos biológicos que normalmente se pierden en el registro fósil, abriendo una nueva dimensión en la investigación.

Cómo respiraban los primeros animales terrestres

El análisis ha permitido reconstruir el sistema respiratorio completo de este antiguo amniota. Los investigadores identificaron un sistema basado en respiración costal, donde las costillas expanden y comprimen el tórax.

Este mecanismo resulta mucho más eficiente que el de los anfibios, ya que permite un mayor intercambio de gases.

Gracias a esta innovación, estos animales pudieron mantener niveles de actividad más elevados y adaptarse mejor al entorno terrestre.

La clave evolutiva que cambió la vida en la Tierra

La aparición de este tipo de respiración marcó un punto de inflexión en la evolución. Permitió a los primeros vertebrados independizarse del agua y colonizar nuevos ecosistemas terrestres.

Este cambio impulsó una diversificación masiva que dio origen a reptiles, aves y mamíferos.

El hecho de que descubren el sistema respiratorio más antiguo en un fósil de hace 289 millones de años ayuda a entender uno de los momentos más decisivos en la historia de la vida.

Un hallazgo molecular sin precedentes

Más allá del sistema respiratorio, el fósil ha revelado un descubrimiento aún más sorprendente. Los científicos han identificado restos de proteínas originales conservadas en huesos, piel y cartílago.

Estas moléculas son casi 100 millones de años más antiguas que las encontradas previamente en fósiles de dinosaurios.

Este avance amplía de forma radical lo que se creía posible sobre la conservación de tejidos en fósiles tan antiguos.

Un nuevo horizonte para la paleontología

El estudio demuestra que los fósiles pueden contener mucha más información de la que se pensaba.

Las técnicas utilizadas, como la tomografía avanzada o el análisis químico, están revolucionando la disciplina.

Esto permitirá reconstruir con mayor precisión la biología de especies extintas y su evolución.

En este contexto, el hecho de que descubren el sistema respiratorio más antiguo en un fósil de hace 289 millones de años abre una nueva etapa en el estudio del pasado de la vida en la Tierra.

Esta mejora fisiológica permitió a estos vertebrados sostener una mayor actividad y adaptarse mejor a la vida fuera del agua, abriendo la puerta a la expansión por los distintos ecosistemas terrestres en nueva formación.

El hallazgo procede de un fósil de hace 289 millones de años, donde se detectaron proteínas originales en los huesos, la piel y el cartílago, lo que ha permitido ampliar los límites conocidos sobre su conservación. El estudio fue publicado en la revista Nature.

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