Un vecino de Dietlikon (cantón de Zúrich) contó que, este invierno, un zorro y un erizo compartieron “en perfecta armonía” la comida para gatos que deja en su jardín. Markus Graber (58 años) dijo que empezó a alimentar a un erizo débil y, con el tiempo, la comida también atrajo a aves y otros animales, a los que graba con varias cámaras domésticas.
Graber vive en una planta baja con acceso directo al jardín y explicó que todo arrancó cuando atendió a un erizo pequeño al que acabó instalando una caseta exterior “casi como una residencia asistida”. A partir de ahí, mantuvo un punto de alimentación con pienso y comida húmeda para gatos, algo que algunos cuidadores usan como apoyo para erizos en épocas frías por su aporte proteico (siempre evitando productos inadecuados y priorizando opciones sin aditivos problemáticos).
Según su relato, el alimento terminó funcionando como “imán” y hoy aparecen también cuervos, palomas, urracas y gatos callejeros. “Todos reciben algo”, comentó entre risas. El elemento más llamativo es la convivencia puntual entre el zorro y el erizo en el mismo comedero, una escena que él revisa después con las grabaciones nocturnas.
Ahora bien, la situación abre un debate habitual en ciudades europeas sobre hasta qué punto conviene alimentar fauna silvestre. El Ayuntamiento de Zúrich advierte de que los zorros “acostumbrados” a comida humana pierden el miedo, se vuelven insistentes y pueden acabar generando problemas de convivencia. También indica que no debe dejarse comida de gato o perro en terrazas o jardines porque atrae a los zorros y los fija a ese punto.
Lo que ocurre en Dietlikon encaja con una tendencia más amplia (la fauna se adapta a los entornos urbanos cuando encuentra refugio y recursos). En paralelo, el debate no es tanto si “aparecen” animales, sino qué prácticas reducen riesgos. En el caso del zorro urbano, entidades de protección animal en Suiza insisten en pautas para favorecer una convivencia tranquila con el vecindario y evitar que el animal asocie patios y jardines a comida fácil.
Además, el propio contexto invernal influye. Cuando el alimento natural baja o queda cubierto por nieve, los animales intensifican la búsqueda, y el ruido de la pirotecnia puede sumar estrés y desorientación en periodos sensibles.
El caso tiene dos lecturas. Por un lado, muestra una postal amable de convivencia y el deseo de ayudar a animales que pasan un invierno duro. Por otro lado, expertos y administraciones recuerdan que la alimentación no controlada puede cambiar conductas, concentrar animales en un mismo punto y aumentar conflictos, accidentes o transmisiones de parásitos, sobre todo cuando entran depredadores oportunistas como el zorro.
En la práctica, la recomendación más repetida es priorizar medidas de refugio y “jardín amable” (hojas, setos, rincones tranquilos) y, si se alimenta a un erizo, hacerlo con criterio y sin generar un comedero permanente que atraiga a otros visitantes. Si el animal está herido, muy delgado o activo a deshoras, lo prudente es consultar con veterinarios o centros de recuperación.


















