A primera vista, Pando parece un bosque normal de álamos temblones en el centro de Utah, Estados Unidos. En realidad, sus decenas de miles de troncos comparten el mismo ADN y una enorme red de raíces, por lo que forman un único organismo originado, según la explicación aceptada, a partir de una sola semilla. Una prepublicación revisada por eLife sitúa ahora su edad entre unos 12.000 y 37.000 años.
Su tamaño impresiona, pero la noticia más importante no está en el récord. Pando ocupa unas 43 hectáreas, reúne alrededor de 47.000 tallos y pesa casi 6.000 toneladas, aunque tiene dificultades para sustituir los troncos viejos por brotes jóvenes. Los ciervos y otros ungulados comen muchos de esos brotes antes de que crezcan, mientras las enfermedades y los insectos añaden presión.
Un bosque que es un solo árbol
Los álamos temblones pueden reproducirse enviando nuevos brotes desde sus raíces. En Pando, ese mecanismo ha creado miles de tallos genéticamente idénticos que emergen del suelo como árboles independientes. Debajo, sin embargo, todos pertenecen al mismo sistema vivo.
Su nombre procede del latín y significa «me extiendo». Le encaja bien. El organismo cubre 106 acres, casi 43 hectáreas, y se despliega por una ladera del Bosque Nacional de Fishlake, cerca del lago Fish.
¿Qué significa esto en la práctica? Cada tronco puede vivir alrededor de un siglo y después morir, pero las raíces siguen activas y producen un reemplazo. Pando sobrevive renovando sus partes una y otra vez.
La nueva edad de Pando
Calcular la edad de un organismo así es mucho más difícil que contar los anillos de un tronco. Las partes visibles se han sustituido muchas veces y no existe un tronco original conservado que funcione como calendario completo. Por eso los investigadores han recurrido al ADN.
El equipo analizó más de 500 muestras de Pando y de álamos cercanos, incluidas hojas, ramas y raíces. Después buscó mutaciones somáticas, pequeños cambios genéticos que aparecen durante la vida y que pueden funcionar, con muchas cautelas, como marcas del paso del tiempo.
La versión revisada en 2026 estima una edad de entre 12.000 y 37.000 años, un intervalo más estrecho que los 16.000 a 80.000 años propuestos inicialmente. El polen de álamo conservado en sedimentos próximos respalda una presencia muy antigua de la especie en la zona, pero no entrega una fecha exacta para Pando. No es un certificado de nacimiento.
Una cifra todavía provisional
La edad máxima de 37.000 años no debe presentarse como definitiva. La evaluación pública de eLife considera útil el estudio, pero advierte de que las pruebas siguen siendo «incompletas» por la baja cobertura y el tipo de secuenciación utilizado. Los autores piden análisis del genoma completo con mayor profundidad.
Esto importa porque detectar mutaciones somáticas en un organismo tan grande es complicado. Algunas variaciones reales pueden pasar desapercibidas y otras señales pueden confundirse con errores técnicos. El nuevo cálculo mejora la estimación, pero todavía puede cambiar.
Un gigante de casi 6.000 toneladas
El Servicio Forestal de Estados Unidos calcula que Pando pesa cerca de 13 millones de libras, alrededor de 5.900 toneladas. También señala que contiene más de 40.000 tallos, mientras los estudios científicos suelen emplear una cifra cercana a los 47.000. Las diferencias proceden de estimaciones realizadas en momentos y con métodos distintos.
No estamos ante un árbol gigantesco con un único tronco, como una secuoya. Pando reparte su masa entre miles de tallos, raíces y tejidos conectados. Por eso suele describirse como el árbol más pesado conocido y uno de los mayores organismos vivos del planeta.
Hasta sus hojas ayudan a entender su nombre común. El pecíolo aplanado hace que tiemblen con una brisa ligera y produzcan el murmullo tan reconocible de los álamos. Parece un bosque entero moviéndose a la vez, aunque debajo funcione como un solo árbol.
El problema está en los brotes
Que mueran tallos maduros no es extraño. El problema aparece cuando los nuevos brotes, también llamados retoños, no alcanzan la altura suficiente para reemplazarlos. Un estudio con 65 parcelas concluyó que la presencia de ciervo mulo afectaba con fuerza a la regeneración y que las zonas protegidas con vallas mostraban los mejores resultados.
Una evaluación posterior volvió a medir 64 parcelas mediante 19 indicadores. Su conclusión fue preocupante, ya que Pando estaba empezando a «fragmentarse» en sectores con trayectorias diferentes debido al ramoneo y a una protección desigual. Dicho de forma sencilla, algunas partes rejuvenecían y otras seguían envejeciendo sin relevo.
El Servicio Forestal añade otros golpes, como escarabajos de la corteza, pudriciones de raíz, cancros y otras enfermedades que debilitan o matan tallos adultos. Cuando faltan hojas maduras y tampoco prospera la nueva generación, el gran sistema pierde capacidad para alimentarse. Y eso se nota.
Las vallas funcionan, pero no bastan
La respuesta más visible ha sido impedir que ciervos y alces lleguen a los retoños durante sus primeros años. Los ensayos muestran que excluir a estos animales permite que muchos brotes superen la altura en la que pueden ser comidos. No es una solución elegante, pero sí práctica.
El Servicio Forestal mantiene parcelas de seguimiento y prueba tratamientos para estimular nuevas brotaciones. Además, Friends of Pando, entidad colaboradora, informó de que el plan completado en 2025 llevó alrededor del 80 % de la superficie a algún tipo de protección y añadió cercados temporales para zonas con regeneración reciente.
Pero una valla dañada vuelve a abrir el paso. También quedan las enfermedades, el envejecimiento de los tallos y la necesidad de decidir cuántos animales puede soportar el lugar sin perder su bosque. Salvar a Pando exige mantenimiento, datos y correcciones constantes, porque no hay un botón rápido.
Por qué importa conservar Pando
Los bosques de álamos sostienen comunidades diversas de plantas y animales. Si Pando pierde cobertura y termina convertido en una zona sin arbolado, el cambio no afectaría únicamente a un ejemplar famoso. Cambiaría el pequeño ecosistema que se organiza a su alrededor.
Además, Pando es un laboratorio natural para estudiar cómo un organismo clonal acumula y distribuye mutaciones mientras sobrevive durante milenios. El último trabajo detectó diferencias entre tejidos y observó más mutaciones en las hojas que en raíces o ramas, aunque todavía queda mucho por entender.
El estudio genético más reciente sobre la edad y las mutaciones de Pando ha sido publicado como prepublicación revisada en eLife.



