Naturaleza

Pekín crea su primer parque libre de mosquitos con tecnología y menta

Trampas que simulan la presencia humana, plantas aromáticas, peces que devoran larvas y vigilancia del agua estancada anticipan una nueva estrategia urbana frente al creciente riesgo de enfermedades.

Pekín crea su primer parque libre de mosquitos con tecnología y menta

Pekín crea su primer parque libre de mosquitos y lo ha hecho mediante un laboratorio urbano revolucionario en el parque Yongdinghe. Esta iniciativa combina trampas de alta tecnología, vegetación aromática y una estricta eliminación de criaderos de agua estancada.

Los dispositivos de captura atraen a las hembras simulando respiración y calor humano antes de succionarlas. Paralelamente, plantas como la menta y el control de larvas refuerzan un sistema diseñado para reducir picaduras drásticamente.

El proyecto responde al preocupante aumento de estos insectos en el norte de China. El calentamiento global, las lluvias y la rápida urbanización prolongan su época de actividad, elevando el riesgo de propagación de virales.

Con vistas al año 2028, las autoridades buscan extender este modelo al ochenta por ciento de sus espacios públicos. La meta principal no es exterminarlos, sino mantener sus poblaciones bajo límites seguros para la salud.

Pekín crea su primer parque libre de mosquitos con un sistema que puede cambiar las ciudades

Pekín crea su primer parque libre de mosquitos y convierte un espacio verde a orillas del río Yongding en un laboratorio urbano contra uno de los animales con mayor impacto sanitario del planeta. Tecnología, vegetación y eliminación de aguas estancadas forman una barrera diseñada para reducir las picaduras sin perseguir una eliminación indiscriminada de estos insectos.

El experimento cobra especial relevancia porque el mosquito está ampliando su temporada de actividad y distribución en China. Temperaturas más altas, lluvias, urbanización y movilidad internacional pueden favorecer su supervivencia y elevar el riesgo de transmisión de enfermedades como el dengue y la chikunguña.

Pekín crea su primer parque libre de mosquitos con trampas que imitan a las personas

El parque Yongdinghe, situado en el distrito occidental de Mentougou, funciona como escenario piloto de una estrategia que mezcla prevención sanitaria y gestión ambiental. Su característica más llamativa son unas trampas inteligentes capaces de engañar a los mosquitos simulando señales humanas.

Los dispositivos liberan dióxido de carbono y producen calor, dos estímulos que permiten atraer especialmente a las hembras, responsables de las picaduras. Cuando se aproximan suficientemente, un mecanismo de succión las captura, reduciendo la población adulta presente en las zonas frecuentadas por visitantes.

La tecnología ofrece además información visible: las máquinas incorporan pantallas que muestran sus capturas. En jornadas especialmente intensas pueden contabilizarse hasta 3.000 mosquitos, convirtiendo el control de insectos en una herramienta que también permite observar su abundancia.

Menta y plantas aromáticas forman una segunda barrera natural

La tecnología representa únicamente una parte del proyecto. Yongdinghe utiliza aproximadamente 800 metros cuadrados de vegetación seleccionada, entre ella menta, hierba gatera y campanilla china, que las autoridades incorporan como complemento vegetal para dificultar la presencia de mosquitos.

El planteamiento resulta interesante porque abandona la idea de combatir una plaga exclusivamente mediante tratamientos químicos. Combinar ingeniería, vegetación y mantenimiento ambiental permite actuar sobre diferentes fases y comportamientos del insecto y reducir la dependencia de una única solución.

También se realizan actuaciones sobre el terreno, incluido el tratamiento del suelo. El modelo convierte así el propio diseño paisajístico del parque en parte de la prevención y abre una posibilidad interesante: pensar los espacios verdes urbanos teniendo en cuenta también los vectores de enfermedades.

El verdadero enemigo puede estar en unos centímetros de agua

Una de las medidas menos espectaculares es posiblemente la más importante: impedir que pequeñas acumulaciones de agua funcionen como criaderos.

El programa contempla revisar pozos pluviales, zanjas de drenaje, depresiones del terreno y otros puntos susceptibles de almacenar agua.

La vegetación también necesita mantenimiento periódico. No basta con capturar ejemplares adultos cuando nuevas generaciones pueden desarrollarse continuamente alrededor. Por ello, la estrategia busca intervenir sobre todo el ciclo de reproducción, desde las larvas hasta los mosquitos adultos.

Otros parques de Pekín están experimentando con soluciones diferentes. En Xiangshan, al noroeste de la capital, se utilizan peces que consumen larvas de mosquito en los estanques, introduciendo un mecanismo de control biológico que complementa las actuaciones tecnológicas y ambientales.

El cambio climático empuja a los mosquitos hacia el norte de China

Detrás del experimento existe una transformación ambiental de mayor alcance. Cheng Gong, profesor del Departamento de Ciencias Médicas Básicas de la Universidad de Tsinghua, señala que las condiciones del norte chino están siendo progresivamente más favorables para estos insectos.

El aumento de las temperaturas y las precipitaciones, combinado con el efecto de isla de calor urbana, puede prolongar los periodos en los que los mosquitos sobreviven y se reproducen. A ello se suma la proliferación de pequeños recipientes y superficies capaces de retener agua dentro de ciudades densamente pobladas.

Existe además un factor global: personas y mercancías recorren enormes distancias, aumentando las posibilidades de introducir patógenos en lugares donde antes eran infrecuentes. Aunque el norte de China no sea actualmente una región endémica de dengue o chikunguña, unas condiciones ambientales adecuadas pueden facilitar episodios de transmisión local.

Pekín mira a 2028: el objetivo no es exterminarlos

Los precedentes explican la preocupación sanitaria. La chikunguña superó los 7.000 casos en la provincia meridional de Cantón durante 2025, mientras que el dengue había registrado allí en 2024 su mayor brote de los cinco años anteriores. El problema, por tanto, trasciende ampliamente las incómodas picaduras estivales.

Sin embargo, Pekín no plantea eliminar todos los mosquitos. El objetivo científico y sanitario es mantener sus poblaciones por debajo de niveles problemáticos, reducir las picaduras y minimizar las posibilidades de transmisión de enfermedades. Esa diferencia entre erradicación y control es esencial para comprender el proyecto.

Yongdinghe representa únicamente el escaparate inicial de una estrategia mucho mayor. El plan trienal iniciado en 2026 pretende conseguir que para 2028 el 80 % de las comunidades y espacios públicos de la megaciudad participen en la iniciativa de espacios o comunidades libres de mosquitos.

Los mosquitos son parte del ecosistema

El experimento de Yongdinghe apunta hacia una transformación silenciosa de las ciudades.

Frente a un clima cambiante, las zonas verdes ya no solo deberán proporcionar sombra, biodiversidad y espacios recreativos: su diseño también puede convertirse en una herramienta preventiva frente a vectores capaces de transmitir enfermedades.

Pekín crea su primer parque libre de mosquitos sin pretender construir un ecosistema completamente vacío de estos insectos. Su apuesta resulta más sofisticada: combinar datos, tecnología, mantenimiento, plantas y control biológico para convivir con ellos manteniendo su población bajo control. Si el modelo funciona a gran escala, el verdadero legado de Yongdinghe podría encontrarse mucho más allá de sus senderos.

Pekín crea su primer parque libre de mosquitos: te lo contamos en 15 segundos

¿Cómo ha conseguido Pekín tener un parque sin mosquitos?

El parque Yongdinghe combina trampas inteligentes, plantas consideradas repelentes, mantenimiento de la vegetación y eliminación de posibles criaderos de agua estancada. Las trampas utilizan calor y dióxido de carbono para atraer a las hembras y posteriormente capturarlas mediante succión.

¿De verdad la menta sirve para ahuyentar a los mosquitos?

La menta y otras plantas aromáticas contienen compuestos asociados con efectos repelentes, pero plantar menta por sí sola no garantiza un espacio sin mosquitos. En Pekín se utiliza como una medida complementaria dentro de una estrategia mucho más amplia.

¿Por qué hay cada vez más mosquitos en el norte de China?

Los especialistas apuntan a una combinación de temperaturas más elevadas, precipitaciones, efecto isla de calor, acumulaciones urbanas de agua y movilidad de personas y mercancías. Estas condiciones pueden ampliar tanto su territorio como su temporada de actividad.

¿Puede haber dengue o chikunguña en Pekín?

El norte de China no es una zona endémica tradicional de estas enfermedades, pero existe riesgo de transmisión local, si coinciden mosquitos capaces de transmitirlas, introducción del virus y condiciones adecuadas de temperatura, humedad y densidad de insectos.

¿Pekín quiere acabar con todos los mosquitos?

No. La estrategia pretende controlar su densidad, disminuir las picaduras y reducir el riesgo epidemiológico. La eliminación absoluta no constituye el objetivo del programa.

¿Habrá más parques sin mosquitos en Pekín?

Ese es precisamente el salto que pretende dar la ciudad. El programa trienal establece como horizonte 2028, cuando se aspira a que el 80 % de las comunidades y espacios públicos participe en la iniciativa de comunidades libres de mosquitos.

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