Una tubería de plástico desechada puede tener una segunda vida bajo las rocas de una mina. Investigadores australianos han probado estos materiales como refugios para el quoll del norte, un pequeño marsupial carnívoro amenazado, y las cámaras han registrado a los animales entrando y saliendo de las estructuras.
El ensayo también encontró condiciones de temperatura y humedad similares a las de sus refugios naturales. Es un resultado prometedor para restaurar terrenos afectados por la minería, aunque todavía no demuestra que estas madrigueras permitan criar con éxito o recuperar las poblaciones.
Las cifras de las madrigueras de tubería
| Dato | Cifra |
|---|---|
| Material | Polietileno de alta densidad (HDPE) |
| Temperatura máxima media | 33,6 °C, unos 92,5 °F (conversión propia) |
| Oscilación de esa máxima | 2,1 °C |
| Humedad máxima media | 62,1 % |
| Oscilación de la humedad | 21,2 puntos |
| Estado del quoll del norte | En peligro de extinción en Australia |
Cámaras y huellas confirman las visitas
El trabajo está firmado por Mitchell T. Ladyman y Neil E. Pettit, de la consultora australiana Animal Plant Mineral. Su propuesta consiste en aprovechar tuberías de polietileno de alta densidad (HDPE), un material disponible en instalaciones mineras, para crear cavidades dentro de los montones de roca de desecho.
Las cámaras remotas y las superficies preparadas para registrar huellas mostraron entradas y salidas de quolls. Su presencia es una primera señal favorable, pero no basta para demostrar que las estructuras funcionan como hogares estables o como lugares adecuados para sacar adelante a sus crías.
33,6 °C de máxima media dentro de la madriguera
Durante el periodo estudiado, la media de las temperaturas máximas dentro de las madrigueras enterradas fue de 33,6 °C. La media de los valores máximos de humedad alcanzó el 62,1 %, con condiciones comparables a las registradas en refugios naturales. Esas máximas solo oscilaron 2,1 °C, mientras que la humedad máxima varió 21,2 puntos.
¿Qué significa esto en la práctica? Que el interés de la tubería está en el ambiente que puede ofrecer cuando queda protegida por el terreno, algo parecido al alivio que buscamos en una habitación bien aislada durante los días de calor.
Conviene leer esas cifras con cuidado, porque son medias de valores máximos y no temperaturas constantes durante todo el día. Tampoco describen una solución válida para cualquier lugar, ya que el resultado depende de cómo se construya y dónde se sitúe cada refugio.
Sapos de caña, gatos e incendios
El quoll del norte (Dasyurus hallucatus) tiene el hocico puntiagudo y manchas blancas sobre el pelaje. Australia lo incluye en la categoría de especie en peligro de extinción, y su distribución se ha reducido durante las últimas décadas.
Entre sus principales amenazas están los sapos de caña, que pueden envenenarlo cuando intenta comérselos, y los gatos asilvestrados. El Gobierno australiano también señala los incendios más frecuentes e intensos y la degradación del hábitat por el sobrepastoreo de herbívoros introducidos.

La minería añade dificultades cuando destruye los lugares donde estos animales encuentran cobijo. Recuperar esos espacios exige prestar atención a las pequeñas cavidades y a lo que ocurre en su interior, además de al aspecto que presenta el terreno desde fuera.
Tuberías de polietileno que ya están en la mina
La propuesta aprovecha materiales descartados que ya existen en el entorno minero. Los investigadores la plantean como una opción de bajo coste, aunque eso no equivale a disponer de un ahorro económico demostrado para cualquier proyecto.
La longitud de las tuberías y la profundidad a la que se entierran son piezas importantes del diseño. Deben permitir que la roca y el suelo amortigüen las variaciones térmicas, de modo que colocar un tubo sobre la superficie no reproduce necesariamente las condiciones del ensayo.
Lo que enseñaron otros refugios artificiales en 2020
Un estudio anterior, publicado en 2020 en Conservation Science and Practice, ayuda a entender por qué conviene mirar más allá del termómetro. Sus autores observaron que los quolls ocupaban cavidades naturales más profundas y frescas que otras grietas cercanas que permanecían vacías.
Los refugios artificiales evaluados en aquella investigación ofrecían condiciones térmicas parecidas, pero tenían otras carencias. Presentaban cavidades menos profundas, un entorno menos complejo, más visitas de gatos asilvestrados y menos pequeños mamíferos que pudieran servir de alimento.
Aquellos resultados corresponden a otras estructuras y no deben atribuirse a las tuberías del estudio publicado en 2026. Sí dejan una enseñanza útil para la restauración, porque un buen escondite necesita también un entorno donde el animal pueda alimentarse y reducir su exposición a los depredadores.
Faltan ensayos replicados y datos de cría
«Se necesitan ensayos replicados», escriben los autores del trabajo sobre las tuberías. Repetir la prueba permitirá evaluar mejor su eficacia y ajustar el diseño y la ubicación en función de las características del paisaje y del clima dentro de cada refugio.
También habrá que comprobar si estas visitas se traducen en un uso duradero y en condiciones adecuadas para la reproducción. Mientras tanto, las madrigueras deben entenderse como una posible herramienta dentro de una recuperación más amplia, que también aborde los depredadores introducidos y la conservación del hábitat.
La propuesta abre una vía concreta para dar utilidad a materiales desechados, pero su valor se medirá por lo que aporte a los animales a largo plazo. El estudio se ha publicado en 2026 en el volumen 32 de Pacific Conservation Biology.
Imagen: Parks Australia











