El erizo europeo (Erinaceus europaeus), uno de los animales silvestres más reconocibles para quien ha crecido con un jardín o un parque cerca, arrastra una paradoja. Su imagen sigue siendo popular, pero sus poblaciones preocupan a los conservacionistas. La organización suiza Pro Natura lo ha elegido Animal del Año 2026 para subrayar un mensaje concreto «las ciudades también pueden expulsar biodiversidad si se convierten en superficies duras, fragmentadas y pobres en insectos».
En una entrevista concedida a la radiotelevisión pública suiza SRF, el biólogo Andreas Boldt (Pro Natura) resume esa idea con una frase directa (el erizo “no está tan bien como muchos creen”). Y empieza por desmontar una creencia que se repite en Europa desde hace décadas que el erizo “vive de caracoles”. Según Boldt, su dieta es sobre todo insectívora, basada en escarabajos, orugas y lombrices, y el consumo de caracoles es ocasional (además de potencialmente problemático por parásitos). Esa descripción coincide con la caracterización que hace Pro Natura en su ficha del Animal del Año, donde sitúa como presas habituales a los coleópteros, larvas y lombrices.
La elección de Pro Natura también aporta un dato clave para entender el estado del animal en Suiza. Desde 2022, el erizo figura en la Lista Roja suiza como “potencialmente amenazado”, una categoría que, sin ser el último escalón, refleja una tendencia que ya no es anecdótica.
El foco, sin embargo, trasciende a un solo país. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) actualizó en 2024 la evaluación del erizo europeo y lo situó como “casi amenazado” (Near Threatened) en la Lista Roja, con una valoración que apunta a descensos y presiones humanas extendidas en parte de su área de distribución. En el Reino Unido, por ejemplo, la cobertura sobre ese cambio ha citado caídas superiores al 30% en una década en amplias zonas, en un contexto de fragmentación del hábitat, carreteras y cambios en el paisaje agrario.
La ciudad como refugio, y también como trampa
La historia reciente del erizo europeo se explica con un giro ecológico. Su hábitat original (un paisaje rural en mosaico, con lindes, setos, márgenes y suelos vivos) se ha simplificado por la intensificación agraria. El animal, adaptable, se ha desplazado a áreas periurbanas y a barrios con jardines, parques y pequeños descampados. Pro Natura lo describe con claridad (necesita una red densa de refugios y un suministro constante de insectos, dos recursos cada vez más escasos en muchas zonas agrícolas).
Pero esa solución tiene un coste. En la ciudad, el erizo se mueve de noche y recorre distancias que lo obligan a cruzar calles y sortear barreras. Pro Natura cifra en alrededor de un kilómetro el desplazamiento medio nocturno, con picos mayores en época de reproducción, y detalla un catálogo de riesgos domésticos (escaleras a sótanos, piscinas, huecos y patios de luz). A esa lista, Boldt añade dos amenazas de primer orden (el tráfico, como causa frecuente de mortalidad, y los robots cortacésped, ante los que el erizo responde con su defensa natural, hacerse bola, inútil frente a cuchillas).
El mensaje de fondo es incómodo para el urbanismo cotidiano (cuando el jardín se “sella” con pavimento, se sustituyen plantas locales por ornamentales sin vida asociada y se elimina la hojarasca, el suelo pierde invertebrados y el erizo pierde comida y refugio). Es una pérdida silenciosa, que no siempre se percibe hasta que el animal desaparece de los paseos nocturnos de verano.
Qué puede cambiar un jardín normal (sin convertirlo en un “santuario”)
La clave, insisten los conservacionistas, no es intervenir sobre el erizo, sino sobre el hábitat. Con ese enfoque, Pro Natura pide que jardines, parques y cementerios se gestionen de forma “amigable” para el animal (más refugios, más insectos, más conectividad entre parcelas). pronatura.ch En términos prácticos, las medidas suelen concentrarse en cinco gestos simples (y replicables en España, donde el erizo también ocupa entornos urbanos y periurbanos).
- Mantener refugios reales (montones de hojas, setos densos, madera apilada, huecos bajo casetas)
- Conectar espacios (pequeños pasos en vallas o cerramientos para evitar “islas” de jardín)
- Reducir pesticidas y herbicidas (menos venenos, más insectos)
- Revisar riesgos domésticos (rampas en piscinas, tapas en huecos, vigilancia de trampas accidentales)
- Limitar el uso nocturno de robots cortacésped (especialmente al anochecer y de noche, cuando el erizo está activo)
El contraste español (censos urbanos y especies no deseadas)
Aunque la elección de Pro Natura es suiza, hay señales que conectan con el lector español. En Alicante, por ejemplo, se han impulsado iniciativas de seguimiento de erizo europeo en entornos urbanos (como el censo en el monte Benacantil, del que se hizo eco ECOticias), un indicador de que la especie también se estudia ya como fauna urbana y no solo como visitante ocasional del campo.
El mismo medio recogió, en otra pieza, la localización de una población estable de erizos en ese entorno (un recordatorio de que la ciudad puede sostener fauna si conserva corredores y alimento).
Y hay un matiz añadido (no todo “erizo” encontrado en una zona natural es una buena noticia). ECOticias informó del hallazgo en Guadarrama de un erizo pigmeo africano, especie exótica vinculada al comercio de mascotas y considerada problemática por su potencial efecto sobre el erizo autóctono.


















