Un estudio redefine lo que sabíamos y confirma que las abejas obreras son las que deciden en secreto quién será la próxima reina de la colonia

Publicado el: 7 de junio de 2026 a las 15:32
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Abejas obreras alimentando a otras integrantes de la colonia en un nido de abejorros.

En una colonia de abejorros, la palabra «reina» siempre ha sonado a herencia, trono y destino escrito desde el nacimiento. Pero un nuevo estudio liderado por investigadores de Penn State apunta justo en la dirección contraria. La futura reina no nace simplemente marcada por sus genes, sino que puede ser guiada por las obreras que la alimentan durante sus primeros días de vida.

El hallazgo es importante porque cambia la forma en la que entendemos estas sociedades de insectos. En el fondo, lo que muestra el trabajo es que una misma larva femenina puede acabar siendo una obrera pequeña y estéril o una reina grande y reproductora, dependiendo de una señal hormonal que recibe a través de la comida. No es poca cosa.



Una reina no nace sola

Los abejorros viven en colonias donde la división del trabajo es clave. Algunas hembras se encargan de reproducirse y otras trabajan para sacar adelante el nido, buscar alimento y cuidar de las larvas. Hasta ahora se sabía que las hormonas participaban en ese proceso, pero no estaba tan claro quién controlaba realmente el cambio.

El nuevo estudio se centró en Bombus impatiens, una especie usada como modelo para entender la vida social de los abejorros. Según los autores, las reinas son mucho más grandes, viven más tiempo y pueden reproducirse, mientras que las obreras son más pequeñas y no suelen hacerlo. Y, sin embargo, ambas pueden partir de huevos femeninos con la misma información genética.



La investigadora Etya Amsalem, profesora asociada de entomología en Penn State, lo resumió señalando que resulta «impactante» ver cómo un mismo genotipo puede producir formas tan distintas. Dicho de forma sencilla, el ADN no lo explica todo. El ambiente del nido también habla.

La hormona que decide

La pieza clave se llama hormona juvenil. En los insectos, esta sustancia participa en el desarrollo, las mudas y la reproducción. En este caso, los investigadores comprobaron que también influye en el destino de las larvas de abejorro.

Pero aquí viene lo interesante. Cuando los científicos aplicaron la hormona directamente sobre las larvas, estas no se convirtieron en reinas. De hecho, las obreras eliminaron a la mayoría de esas larvas tratadas. El nido, por decirlo claro, no aceptó esa vía rápida.

El resultado cambió cuando la hormona se aplicó a las obreras adultas. Entonces, ellas incorporaron esa señal química al alimento que preparan para las larvas a partir de néctar y polen. Las crías que recibieron más hormona por esa vía acabaron siendo más pesadas y tuvieron muchas más opciones de convertirse en reinas.

La ventana de los días clave

El estudio también encontró algo muy concreto. Las larvas no responden a la hormona en cualquier momento, sino durante una ventana corta del desarrollo. Seyed Ali Modarres Hasani, autor principal del trabajo, señaló que esa sensibilidad aparece en los «días siete y ocho».

¿Qué significa esto en la práctica? Que las obreras no solo aportan alimento, también pueden activar una especie de interruptor biológico en el momento exacto. Antes o después, la señal pierde fuerza. Como ocurre tantas veces en la naturaleza, el cuándo importa casi tanto como el cómo.

Para comprobarlo, el equipo trabajó con grupos pequeños de tres obreras y un conjunto de larvas. Manipularon la hormona en distintos momentos y usaron marcadores químicos para seguir su recorrido. Así pudieron ver que la hormona pasaba de las obreras al alimento y, después, al cuerpo de las larvas.

La guardería tiene poder

La imagen cambia bastante. La colonia ya no parece una estructura totalmente vertical donde todo baja desde la reina hacia el resto. En este caso, las cuidadoras tienen un papel directo en el futuro del nido. Ellas no votan, claro, pero su forma de alimentar a las crías puede decidir qué larvas tendrán camino de reina.

La propia Amsalem explicó que la producción de nuevas reinas se relaciona con el avance de la colonia durante los meses cálidos. Al principio, las obreras no se reproducen. Pero cuando la colonia envejece, pueden activar sus ovarios y producir machos, lo que se asocia a un aumento de los niveles de hormona juvenil.

Con el tiempo, más obreras alimentan a las larvas con mayores cantidades de esa hormona. Si esa dosis llega durante la ventana crítica, algunas crías se desarrollan como futuras reinas. Luego abandonarán la colonia, se aparearán y pasarán el invierno en diapausa, una especie de pausa vital hasta fundar una nueva colonia en primavera.

Por qué importa para los polinizadores

Los abejorros no son solo insectos curiosos con una organización social sorprendente. También son polinizadores importantes para plantas silvestres y cultivos. Sin ellos, muchos ecosistemas funcionarían peor y parte de la agricultura tendría más dificultades. Y eso se nota.

Por eso, entender cómo se producen las reinas tiene una lectura práctica. Si los científicos conocen mejor este mecanismo, podrían mejorar la cría comercial y la gestión de colonias usadas para polinización. No se trata de fabricar reinas sin más, sino de comprender qué condiciones favorecen colonias sanas y viables.

También hay una lectura ecológica más amplia. La investigación ayuda a explicar cómo señales sociales y hormonales pueden moldear sociedades complejas de insectos. Una pequeña molécula, administrada por las cuidadoras en el momento preciso, puede cambiar el destino de todo un nido.

Una monarquía menos monárquica

El estudio no dice que los abejorros tengan una democracia como la humana. Sería exagerar. Pero sí muestra que la «reina» no es simplemente una figura predestinada desde el huevo. Su desarrollo depende, en buena parte, de las obreras que la alimentan.

La monarquía sigue teniendo corona, pero el poder real parece estar en la guardería. Las cuidadoras controlan una señal invisible que transforma cuerpos, funciones y futuros. Es una de esas investigaciones que obliga a mirar dos veces algo que parecía conocido.

El estudio completo ha sido publicado en la revista Insect Biochemistry and Molecular Biology.

Imagen autor

Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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