Bajo el suelo del Cerrado de Goiás, las madrigueras del armadillo gigante funcionan como refugios que otros animales reutilizan. Un estudio con cámaras trampa reunió 654 registros de 32 especies de vertebrados en 20 cavidades vigiladas entre julio de 2023 y febrero de 2024.
El hallazgo confirma que Priodontes maximus actúa como un «ingeniero del ecosistema». Proteger a este mamífero no solo significa conservar al mayor armadillo vivo, también permite mantener refugios térmicos, zonas de descanso y posibles espacios de alimentación o nidificación para muchas otras especies.
Un refugio compartido
Los investigadores Luana Silva Flores y Wellington Hannibal Lopes colocaron cámaras en el Refugio de Vida Silvestre Serra da Fortaleza y en su entorno, al sur del estado brasileño de Goiás. El trabajo sumó 596 días de muestreo y permitió ver lo que ocurre cuando el constructor de la madriguera ya no está delante de la entrada.
Los registros correspondieron a 19 especies de mamíferos, 10 de aves, dos de reptiles y una de anfibio. ¿Qué significa esto en la práctica? Que una sola especie excavadora crea un recurso aprovechado por animales muy distintos, desde otros armadillos hasta aves terrestres, pecaríes y pequeños vertebrados.
Hay un matiz importante. La cifra de 32 especies no significa que todas vivieran bajo tierra de forma permanente, sino que fueron observadas usando, entrando o interactuando con estas estructuras durante el seguimiento.
Las cámaras revelaron a los visitantes
Uno de los registros más llamativos fue el del momoto Momotus momota. Las imágenes lo mostraron entrando con frecuencia, transportando hojas y alimento y excavando túneles laterales, conductas compatibles con un posible uso para anidar. Los científicos hablan de indicios, no de un nido confirmado.
El armadillo de nueve bandas Dasypus novemcinctus y el propio armadillo gigante también entraron en las cavidades en más de la mitad de sus observaciones. Entre otros usuarios aparecieron el agutí de Azara, la zarigüeya de orejas blancas, el pecarí de collar, el tamandúa, un sapo y varias aves.
Registrar un animal junto a una madriguera tampoco demuestra que dependa por completo de ella. Pero sí confirma que estas cavidades forman parte de la actividad cotidiana de una comunidad mucho más amplia de lo que se ve a simple vista.
Por qué estas madrigueras importan
Una madriguera subterránea amortigua los cambios bruscos del exterior. Una investigación anterior en el Chaco argentino encontró más humedad y temperaturas más moderadas dentro de estas excavaciones, con menos calor durante los meses cálidos y más abrigo en los meses fríos.
Para un animal que cruza un paisaje abierto bajo el sol, esa diferencia cuenta. El interior puede ofrecer descanso y protección frente a depredadores, mientras que la tierra removida abre nuevas oportunidades para encontrar alimento.
El movimiento de suelo también crea pequeños contrastes en el paisaje. Alrededor de las entradas cambian la hojarasca y la cantidad de terreno desnudo, algo parecido a abrir nuevas habitaciones en un edificio que antes tenía un solo uso. Y eso se nota.
Un ingeniero del ecosistema
El término «ingeniero del ecosistema» no significa que el armadillo actúe siguiendo un plan. Describe a los organismos que transforman físicamente el entorno y, al hacerlo, cambian los recursos disponibles para otras especies. En este caso, todo empieza con unas garras capaces de abrir un refugio que pocos vertebrados del Cerrado podrían construir por sí mismos.
La nueva investigación no es un caso aislado. Un estudio de 2013 registró al menos 24 especies de vertebrados beneficiadas por estas excavaciones en el Pantanal, otro trabajo encontró 27 taxones usuarios en el Chaco argentino y una investigación en la Mata Atlántica documentó al menos 37 especies.
Las cifras varían según el bioma, la duración del seguimiento y la forma de medir el uso. Pero el patrón se repite. Allí donde el armadillo gigante excava, aparece un punto de encuentro para la fauna.
Proteger una especie protege muchas
La evaluación mundial de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza de 2025 mantiene a Priodontes maximus en la categoría «vulnerable» y señala que su población está disminuyendo. Entre las amenazas descritas para la especie aparecen la pérdida y fragmentación del hábitat, la expansión agrícola, los incendios, las carreteras y la caza.
Esto cambia la forma de medir su desaparición. Cuando se pierde un armadillo gigante no solo falta un individuo, también dejan de construirse futuras cavidades que podrían utilizar otros animales en distintos momentos. El efecto puede extenderse por toda la comunidad.
El estudio en Serra da Fortaleza refuerza por eso el valor de las áreas protegidas y de la vegetación natural que las rodea. Una cámara enfocada hacia un agujero en el suelo ha terminado mostrando algo mucho mayor, una red de relaciones que normalmente pasa desapercibida.
Lo que falta por saber
El trabajo confirma la diversidad de visitantes, pero aún quedan preguntas. Harán falta seguimientos más largos para saber cuánto tiempo permanece cada especie, en qué época usa más las cavidades y qué ocurre cuando una madriguera envejece, se inunda o queda aislada por la transformación del paisaje.
También será importante distinguir entre refugios ocasionales y recursos necesarios para completar etapas como la reproducción. En el caso del momoto, las hojas, el alimento y los túneles laterales apuntan hacia la nidificación, pero los autores mantienen la cautela. Y hacen bien.
Las preguntas siguen abiertas, pero la importancia de estas excavaciones ya resulta difícil de ignorar.
El estudio completo ha sido publicado en la revista científica Studies on Neotropical Fauna and Environment.



