Las colillas se caracterizan por ser uno de los residuos que están presentes en mayor medida en los ecosistemas, constituyendo una seria amenaza para el medio natural. Sus efectos contaminantes pueden durar entre 7 y 12 años.
Pocos días después de dar comienzo el nuevo curso escolar, los Ecovigilantes del colegio Divina Pastora de Ourense, campeón del programa Recíclate con Sogama 2017-2018, ya se han puesto manos a la obra y el pasado 21 de septiembre, bajo la tutoría y coordinación de su profesor, Gonzalo Sánchez Busóns, se dieron cita, a las 15:00 horas, en el Parque de San Lázaro de la ciudad para librar una nueva batalla contra las colillas arrojadas al suelo.
Con tal fin, confeccionaron sus propios recipientes para guardar las colillas, utilizando botellas plásticas usadas. La particularidad y, al mismo tiempo la originalidad de estos artilugios, residía en que cada botella llevaba el nombre de un municipio de la provincia de Ourense con la loable intención de hacerlos partícipes en esta particular guerra que ya iniciaron el pasado año por las calles ourensanas, con el valor añadido de que los escolares, de una forma amena y divertida, también tuvieran la oportunidad de profundizar en el conocimiento de la geografía de su entorno más inmediato.
Armados con sus curiosos “cabichómetros”, estos escolares, especialmente comprometidos con la protección del medio ambiente, dedicaron toda la tarde a recoger colillas y a demandar una mayor colaboración ciudadana para evitar que este residuo acabe en el suelo.
Amenaza ambiental
En este sentido, conviene recordar que, tal y como se recoge en un informe elaborado en el marco del proyecto Libera, que promueve SEO/BirdLife, en alianza con Ecoembes, se estima que, de los 6 billones de cigarros que se venden cada año en todo el mundo, 4,5 billones de colillas acaban arrojadas al entorno natural, representando éstas el 13% de los desperdicios recogidos en la campaña mundial promovida por la ONG Ocean Conservancy.
Las colillas se caracterizan por ser uno de los residuos que están presentes en mayor medida en los ecosistemas, constituyendo una seria amenaza para el medio natural. Sus efectos contaminantes pueden durar entre 7 y 12 años, considerando algunos expertos que incluso podrían llegar a alcanzar los 25 años.
Las colillas contienen sustancias tales como cadmio, arsénico, alquitrán o tolueno que, al entrar en contacto con el agua, amenazan su calidad, llegando a alterar el ciclo biológico de algunas especies marinas. Cada colilla puede llegar a contaminar entre 8 ó 10 litros de agua, y hasta 50 litros si se trata de agua dulce. Y si son ingeridas por grandes depredadores marinos, como aves y cetáceos, pueden causar toxicidad directa y una cierta sensación de saciedad (se inflan dentro de sus estómagos) que derivaría, en casos extremos, en muerte por inanición.

Asimismo, no debe olvidarse que las colillas mal apagadas o aquellas que se lanzan desde un vehículo en marcha, pueden ser origen de incendios, un problema que se agrava en verano debido a las altas temperaturas, el viento y la falta de lluvias
Impacto económico
Además de todo ello, se trata de un residuo muy difícil de limpiar y recoger debido a su pequeño tamaño, resultando muchas veces insuficiente las máquinas cribadoras y los propios métodos manuales, suponiendo un gran impacto económico para las Administraciones.
Soluciones
La educación constituye la principal medida para solucionar este problema, si bien hay voces que ya claman por prohibir los filtros no biodegradables, fomentar la colocación de señales y ceniceros en espacios públicos, fomentar el uso de ceniceros portátiles entre los fumadores e incluso incrementar las sanciones por tirar colillas al suelo.
Fuente original: Sogama



















