El suelo y el WC no son contenedores de basura, ahora lo entiendes

Las colillas, además de concentrar una gran cantidad de contaminantes tóxicos, son muy difíciles de recoger por parte de los servicios municipales, suponiendo un auténtico quebradero de cabeza para los operarios.

Colillas, chicles, toallitas húmedas y bastoncillos de algodón constituyen residuos que, dado su pequeño tamaño y aspecto inofensivo, subestimamos en muchas ocasiones con la falsa creencia de que pueden arrojarse en cualquier sitio. Y nada más lejos de la realidad.

Desafortunadamente, las colillas y los chicles acaban con frecuencia en el suelo de las calles, y las toallitas húmedas y bastoncillos en el inodoro.

En ambos casos, prácticas nocivas con serios perjuicios ambientales y económicos.

Colillas y chicles, nunca al suelo

Los datos abruman. De los 6 trillones de cigarrillos consumidos en el mundo, alrededor de 4,5 millones acaban arrojados al entorno, siendo las colillas la primera fuente de basura a nivel mundial.

El filtro concentra precisamente todos los contaminantes tóxicos del tabaco, teniendo efectos devastadores sobre el medio ambiente.

A este problema hay que añadir la laboriosa tarea que deben realizar los operarios de los servicios de limpieza para recogerlas, dado su diminuto volumen. Nada tan simple como utilizar ceniceros portátiles y papeleras.

Los chicles pegados al suelo son otro de los grandes quebraderos de cabeza para los ayuntamientos. Su alto poder de adherencia precisa de herramientas y productos especiales para despegarlos.

Están fabricados con polímeros sintéticos y no son degradables, con el agravante añadido de que llegan a albergar hasta 50.000 bacterias, pudiendo convertirse en una amenaza para la salud.

Científicos islandeses llevaron a cabo una investigación a través de la cual se dedujo que, del total de chicles consumidos cada año (del orden de 100.000 toneladas) el 95% acaba contaminando las ciudades.

Toallitas húmedas y bastoncillos de algodón, jamás al inodoro

Las toallitas húmedas jamás deben arrojarse al inodoro, ya que provocan graves problemas en las redes de saneamiento. Se convierten en una masa que atrae a otros residuos, agrupándose en forma de grandes madejas de fibras.

La toallita es un textil, no una celulosa, por lo que no se disuelve en agua al igual que lo hace el papel higiénico.

Que el WC sea su destino en muchos hogares tiene un alto coste económico para los entes locales. La Asociación Española de Abastecimiento de Agua (AES) lo estima entre 3 y 6 euros por persona y año.

Los bastoncillos de algodón, al igual que los plásticos desechables, quedarán prohibidos en la Unión Europea a partir del año 2021, toda vez que estos residuos conforman el 70% de la basura marina.

También acaban con frecuencia en el inodoro. Debido a que son pequeños y estrechos, atraviesan fácilmente los filtros utilizados en las depuradoras.

Desde que se arroja el bastoncillo por el inodoro hasta que se degrada por completo pueden llegar a transcurrir 300 años.

Ni un solo residuo arrojado al entorno. Hagámoslo fácil. Cada desecho en su lugar para que pueda ser tratado correctamente.

Pequeños gestos individuales para un gran beneficio común: un medio ambiente saludable.

Puedes consultar el manual en este enlace.

Fuente: Sogama

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