Científicos descubren cómo transformar los posos de café que tiramos a la basura en hormigón

Publicado el: 14 de marzo de 2026 a las 08:01
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Posos de café utilizados en investigación para fabricar hormigón sostenible mediante biochar desarrollado por RMIT University

Cada mañana salen de cafeterías, bares y oficinas toneladas de posos de café. Normalmente acaban en la basura. Pero un equipo de RMIT University ha demostrado que, si ese residuo se transforma en «biochar» (un material carbonoso obtenido al calentarlo sin oxígeno) a 350 ºC, puede sustituir parte de la arena del hormigón y mejorar su resistencia a compresión (la capacidad de soportar carga sin romperse) un 29,3%. La mejor mezcla fue la que reemplazó un 15% de la arena fina. No es un detalle menor. Hablamos del material que sostiene aceras, carreteras y edificios.

El hallazgo tiene doble interés. Por un lado, Australia genera unas 75.000 toneladas de posos de café al año y buena parte termina en vertedero. Por otro, la construcción sigue dependiendo de grandes cantidades de arena natural, un recurso bajo presión. En el fondo, lo que busca esta línea de investigación es bastante fácil de entender. Menos residuos orgánicos enterrados y menos extracción de arena.



Laboratorio y pruebas reales | Vídeo: RMIT University

No vale echar el café tal cual

Aquí está la clave que a veces se pierde en los titulares. Los posos de café en crudo no sirven para hacer un hormigón estructural mejor. De hecho, el estudio comprobó que liberan compuestos orgánicos que frenan la hidratación del cemento, que es la reacción química que permite que la mezcla gane resistencia. Cuanto más café sin tratar se añadía, peor era el resultado. O dicho de forma más cotidiana, no basta con meter restos de cafetería en la hormigonera y esperar magia.

El comportamiento cambió cuando los investigadores trataron ese residuo a 350 ºC. En ese punto, el material logró una buena unión con la matriz de cemento y su estructura porosa ayudó a retener agua y liberarla poco a poco dentro de la mezcla, algo parecido a un «curado interno». A 500 ºC, en cambio, el balance empeoró. El biochar quedaba más poroso y frágil, con microfisuras, y la resistencia volvía a caer. Más temperatura no siempre significa mejor resultado. Y aquí se vio bastante claro.



Del laboratorio a la calle

¿Y qué pasa cuando la idea sale del laboratorio? Ahí es donde la historia se pone interesante. RMIT y sus socios realizaron en 2024 una prueba pionera en una acera de Gisborne, en Australia, y después llevaron este «hormigón con café» a un proyecto de infraestructuras en Pakenham. Para esa obra se transformaron 5 toneladas de posos, equivalentes a unos 140.000 cafés, en 2 toneladas de biochar que se usaron en 30 metros cúbicos de acera. Además, la universidad reconoce que en el primer ensayo en campo no pudieron trabajar con el proceso óptimo de 350 ºC por limitaciones de la cadena de suministro, así que aquella mezcla ofreció una resistencia similar a la del hormigón convencional, no superior. Ese matiz importa. Mucho.

Más recientemente, RMIT ha difundido un análisis de ciclo de vida que apunta a otra ventaja. Según ese trabajo, sustituir arena por biochar de café al 5%, 10% y 15% puede recortar las emisiones de CO2 del hormigón en un 15%, 23% y 26%, respectivamente, además de reducir hasta un 31% el uso de combustibles fósiles. Los investigadores sostienen que esto refuerza la opción de llevar la tecnología a proyectos reales, pero también advierten de que faltan más pilotos. No es casual. Mohammad Saberian resumió los siguientes pasos en una idea muy concreta, «más pilotos, optimización de la mezcla y ajuste a las normas».

Eso es, seguramente, lo que los lectores y el sector deberían tener en cuenta. La idea es prometedora, sí, pero todavía no estamos ante una receta lista para copiar en cualquier obra mañana mismo. Antes hay que resolver la producción industrial del biochar a la temperatura adecuada y completar ensayos de durabilidad a largo plazo. Aun así, el mensaje de fondo es potente. Ese poso de café que hoy termina en la basura podría acabar mañana bajo nuestros pies, en una acera, en una obra pública o en una pieza de hormigón más sostenible. Y eso no es poca cosa.

El estudio experimental original apareció en Journal of Cleaner Production.

Imagen autor

Adrián Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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