El Arte Comunitario de ‘WASHED ASHORE’

Y el plástico es uno de esos caballos de batalla que se debe domar… ya que los resultados son visibles y muy desalentadores: según diferentes estudios, los océanos reciben al año entre 8 y 12 millones de toneladas de plástico.

Los ciudadanos del siglo XXI, más que ningún otro, debemos aprender qué hacer con los residuos que generamos. Todo parece indicar que el progreso implica mayor volumen de desechos… pero no debería ser así. Las “3 ERRES” debería ser la premisa que girara alrededor de nuestra actividad diaria: Reutilizar, Reciclar y Reducir.

Y la realidad trágica y desgarradora es esa isla terrible detectada en 1985, formada de plásticos y aparejos de pesca que se extiende por 1,6 km2 en una zona entre California y las islas Hawái, y que cada día que pasa aumenta de tamaño.

Para ponernos en situación, equivale a 3 veces la superficie de Francia. Cuanto más se acerca uno al centro de ese conglomerado, más densa es la cantidad de basura. En total, se cree que son 80.000 toneladas flotantes de inmundicia.

La tragedia del plástico es que no es biodegradable (es decir, no se descompone con la acción de la naturaleza), pero sí fotodegradable… pues con la luz del sol se deteriora (nunca destruye) y se va erosionando, descomponiéndose en partículas más pequeñas que afectan a la cadena trófica: el pez se come las partículas diminutas de plástico, el hombre se come al pez con el plástico en su interior.

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Por eso, acciones como las que lleva a cabo la ONG sin ánimo de lucro WASHED ASHORE, son dignas de ser difundidas a los cuatro vientos. Su creadora, Angela Pozzi, artista y profesora y una de las protagonistas de MUJERES DE LOS MARES, de Ediciones del Viento www.edicionesdelviento.com encontró en su creación una forma de volver a la vida y dejar aparcada la depresión en la que hallaba sumida tras la muerte de su marido, el artista Craig Pozzi, con el que llevaba 25 años casado.

Angela, ante el desagradable espectáculo que un día le sacudió la conciencia a orillas de Bandon, en Oregón, una montaña de basura que el mar había arrojado a su costa: plásticos de todas las formas y colores posibles, enzarzados entre redes de pescadores, buscó el modo de aportar su grano de arena.

El arte comunitario le vino a la mente. Esculturas de animales, algo que todo el mundo amaba, enormes, y de colores, fabricadas con los desechos que el mar vomitaba en su amada playa.

Impartió talleres y concienció a su comunidad respecto al perjuicio de esa basura para que entre todos se recogiera esos restos y los transformaran en arte crítico y demoledor.

El funcionamiento de WASHED ASHORE: Arte para Salvar el Mar (Lavado en Tierra) es muy sencillo. Se recomienda a la gente que cuando vaya a pasear por la playa, lleve un recipiente donde poder recoger basura, pero nunca aconsejan realizar una batida, porque si limpian la playa, los siguientes visitantes, si no ven desechos, no se concienciarán.

Lo más importante para combatir un mal que afecta a toda la sociedad es, precisamente, concienciar a esa sociedad. Ese material retirado se debe depositar en un punto que indica la ONG. Después todo el material se revisa, se enjuaga con vinagre o jabón biodegradable y se deja que la lluvia lo limpie.

Tras eso, se clasifica por colores. Entonces Angela se da un paseo por cada depósito de estos residuos y busca una idea, que le sirva de inspiración, para realizar una escultura. Una vez seleccionada, le ayudará en su construcción un diseñador y un soldador que le fabricará, bajo sus indicaciones, un armazón que se deberá cubrir únicamente con ese material recogido, reutilizando entre el 95 y 98% de lo recopilado.

Una excelente noticia, porque, desde su creación, en 2010, WASHED ASHORE ha transformado más de 21 toneladas de plástico en 70 obras de arte público y comunitario. Para ello han participado 9 trabajadores y más de 10.000 voluntarios que han caído en las redes de esta idea transgresora y efectiva. Su página web https://washedashore.org/ no deja lugar a dudas.

Construir una escultura de estas características conlleva un trabajo de entre dos y seis meses. Y su destino es, aparte de la exposición permanente en el propio Bandon, algunos acuarios, zoológicos o centros marinos de diferentes estados, como también exposiciones itinerantes que llevarán su mensaje a muchos más lugares y personas.

Angela ha asegurado que este esfuerzo es el trabajo de su vida, y «hasta que nos quedemos sin plástico en la playa, seguiremos haciendo nuestra labor».

¿Le ayudamos a que se tome un descanso?

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