Australia tiene 10.000 km de cercas para que la basura de los vertederos no acabe matando animales y contaminando lo que comes

Publicado el: 27 de febrero de 2026 a las 20:44
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Vallas de contención en un vertedero de Australia para evitar que la basura llegue a campos y fauna.

En Australia ya hay más de 10.000 kilómetros de vallas especiales rodeando vertederos y plantas de reciclaje. Son discretas, no salen en las fotos turísticas, pero cada día frenan miles de bolsas y plásticos que, de otro modo, acabarían en granjas, carreteras y hábitats naturales. Según la Oficina Australiana de Estadística (Australian Bureau of Statistics), en el periodo de 2018 a 2019 se enviaron 20,5 millones de toneladas de residuos a vertedero, cerca de una cuarta parte de toda la basura generada en el país. ¿Qué pasa con todo lo que el viento arranca de esas montañas de residuos?

Basura que vuela, animales que pagan el precio

Quien ha pasado cerca de un vertedero en un día de viento lo sabe bien. Bolsas enganchadas en los árboles, envoltorios en las cunetas, plásticos en los campos. No hace falta mucha imaginación para pensar qué ocurre cuando esos restos llegan a una finca ganadera o a una zona de fauna salvaje. 



Detrás de ese paisaje hay una industria casi invisible que se dedica a colocar y mantener redes de contención en torno a las zonas de descarga. Empresas como Litter Nets Australia han instalado ya más de 10.000 km de vallados en todo el país, según reportajes recientes en medios especializados y generalistas. Cuando la autoridad ambiental recibe quejas por basura que se escapa, llaman a estos equipos para reforzar las barreras que rodean vertederos y plantas de reciclaje.

Su portavoz, Vahan Tchilinguirian, lo resumía así en una entrevista “si las vallas no estuvieran, la basura llegaría a granjas y carreteras y aves y ganado podrían atragantarse y morir”. Para fauna silvestre y animales de granja, cada bolsa que se queda enganchada en la red es un riesgo menos. Y eso, en el campo, se nota.



Cómo funciona una valla anti basura

Estas estructuras combinan postes anclados en profundidad y mallas que pueden soportar vientos de hasta 100 kilómetros por hora, algo clave en zonas abiertas donde las rachas son fuertes. El entramado se adapta al tipo de instalación. En vertederos se usan aberturas de unos 40 milímetros, suficientes para atrapar bolsas y envases ligeros sin colapsar toda la superficie. En plantas de reciclaje el calibre se reduce todavía más para frenar fragmentos pequeños, fibras sintéticas y microplásticos que, de otra manera, saldrían volando hacia barrios cercanos o suelos agrícolas.

Puede parecer una solución muy básica frente a tecnologías de gestión de residuos mucho más llamativas, como los sistemas de clasificación automática o los contenedores inteligentes. Sin embargo, en la práctica estas vallas hacen un trabajo que ningún robot puede hacer por ahora, detener la basura justo cuando el viento intenta sacarla del recinto. Un detalle pequeño que cambia el paisaje alrededor de un vertedero.

Además, la experiencia en diseño de estas mallas ha encontrado usos inesperados. Las mismas empresas que fabrican redes para contener residuos instalan estructuras similares en campos de golf para frenar bolas en vuelo, ajustando el entramado para soportar impactos repetidos sin deformarse. Una tecnología pensada para la protección ambiental que termina filtrándose a otros sectores.

Vallas contra basura en vertederos en Australia | Vídeo: Yahoo News Australia

Del vertedero al alcantarillado urbano

La misma lógica se está aplicando en otras partes del sistema de residuos. En la ciudad de Kwinana, en Australia Occidental, se instalaron redes en la salida de varios desagües pluviales para evitar que la basura arrastrada por la lluvia llegara a una reserva natural cercana. En los primeros meses de prueba se recogieron unos 370 kilos de residuos en dos tuberías de gran diámetro, según datos municipales.

Con el programa ya consolidado, cinco redes han llegado a interceptar más de 3,6 toneladas de desechos antes de que alcanzaran parques y humedales locales. Restos de comida, envases, botellas de plástico, hojas y arena que, sin estas mallas, habrían terminado en cursos de agua o en zonas de ocio. Una solución sencilla que hace visible algo que normalmente pasa desapercibido, la basura que baja por las alcantarillas cuando llueve.

Potencial y límites de una solución discreta

Las redes de contención no sustituyen una política seria de reducción de residuos y reciclaje ni el diseño de envases más sostenibles. No evitan que se produzca la basura, pero sí frenan la parte que terminaría esparcida por campos y cunetas, un último escudo para fauna y comunidades que viven junto a vertederos y plantas de tratamiento.

De cara al futuro, el reto es doble. Por un lado que las propias mallas sean más duraderas y reciclables al final de su vida útil, para que no se conviertan en un residuo más. Por otro, incorporar sensores o vigilancia con drones que detecten los puntos donde más se acumula basura y ayuden a ajustar el diseño, algo que ya se está probando en proyectos piloto de monitorización ambiental en Australia Occidental. Puede sonar muy técnico, pero en el fondo la idea es sencilla, que ninguna bolsa se escape.

Si la transición hacia un modelo más sostenible quiere ser creíble, también debe ocuparse de estos detalles aparentemente menores. Porque evitar que una simple bolsa de plástico escape al entorno puede marcar la diferencia para la fauna, para los agricultores y para la salud de los ecosistemas.

La expansión de estas vallas también obliga a mirar más arriba en la cadena. Si hay que rodear con kilómetros de red cada instalación, quizá el problema no está solo en los vertederos, sino en la montaña de envases de un solo uso que seguimos generando. Reducir residuos en origen sigue siendo la pieza principal del puzle, y estas vallas son un apoyo importante, pero no la solución completa.

La información sobre la instalación de estas vallas y su alcance se ha publicado en un reportaje reciente de AS.com sobre las “vallas antirresiduos” que rodean vertederos y plantas de reciclaje en Australia.

Imagen autor

Adrián Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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