En muchos barrios del Sur Global, la bolsa en la que llega la compra no termina en un contenedor de reciclaje. Termina en el fuego de la cocina. Un gran estudio internacional acaba de poner cifras a algo que hasta ahora eran solo rumores incómodos: familias que queman residuos plásticos a diario para cocinar, calentarse o encender el fuego, porque no tienen otra opción energética ni un servicio de basuras que funcione.
Según la investigación, publicada en la revista científica Nature Communications, se encuestó a 1.018 personas con buen conocimiento de los barrios urbanos de bajos ingresos en 26 países de África, Asia y América Latina. Aproximadamente una de cada tres informó que conoce hogares que queman residuos plásticos, y un 16 por ciento reconoció que su propio hogar lo hace en alguna forma.
Un combustible de último recurso
¿Qué significa esto en la práctica para una familia que vive en un asentamiento informal? Que cuando la bombona de gas es inasequible y la electricidad es cara o inestable, el plástico se convierte en el plan B. Y muchas veces, en el único.
El estudio muestra que los combustibles limpios (electricidad, gas licuado de petróleo, biogás) siguen siendo inasequibles para quienes viven en pobreza extrema. Al mismo tiempo, en las ciudades los combustibles tradicionales como la leña o el carbón vegetal escasean o suben de precio. En cambio, las bolsas, botellas y envoltorios de plástico sobran en calles sin recogida regular de basura.
En ese contexto, muchas familias usan el plástico para todo tipo de tareas domésticas: como combustible directo para cocinar o calentar, para iniciar el fuego mezclado con leña o carbón, para calentar comida para el ganado o incluso para intentar ahuyentar insectos con el humo. Casi la mitad de quienes conocen la práctica han visto a otras personas quemar residuos plásticos para cocinar, y una parte importante admite haberlo hecho ellos mismos.
El humo que respiran mujeres, niños y mayores
La escena se repite en chabolas, casitas de bloques sin revocar o tiendas de campaña improvisadas: una cocina muy básica, poca ventilación y un fuego que genera humo espeso dentro de casa.
La investigación identifica a los grupos más expuestos a las toxinas del plástico quemado: mujeres que pasan más tiempo cocinando, niños pequeños, personas mayores y personas con discapacidad que permanecen en interiores. La mayoría de los encuestados considera muy probable que la quema de plástico provoque emisiones tóxicas, aumente el riesgo de incendios domésticos y contamine alimentos y agua.
Este problema no es solo teórico. Estudios ambientales en zonas donde se queman residuos han detectado sustancias tóxicas en huevos de gallina y muestras de suelo, una señal de que las dioxinas y otros contaminantes pasan del humo a la cadena alimentaria.
La crisis de Gaza, mencionada recientemente por Naciones Unidas, ilustra hasta qué punto la falta de combustible puede empujar a la población a quemar cualquier cosa. Sin gas ni electricidad estables, muchas familias han recurrido a quemar plásticos en tiendas de campaña mal ventiladas para cocinar y calentarse, con riesgos evidentes para su salud.
No todo el plástico es igual de peligroso
El estudio detalla qué se está quemando. Los residuos más frecuentes son envoltorios de alimentos y botellas de bebidas, hechos sobre todo de tereftalato de polietileno (PET) y otros plásticos de un solo uso. También aparecen envases de fertilizantes y pesticidas, productos de limpieza, cubos, materiales de construcción y, de forma preocupante, tuberías y otros productos de cloruro de polivinilo (PVC).
Cuando se quema PVC se liberan dioxinas y furanos, compuestos muy tóxicos que persisten en el medio ambiente, se acumulan en la grasa de los animales y se han relacionado con cáncer, daños en el sistema inmunitario y problemas reproductivos. Los autores del trabajo subrayan que el PVC figura entre los plásticos que más se queman en los hogares de bajos ingresos, algo que consideran especialmente alarmante.
Además, la quema suele hacerse en estufas muy básicas (las típicas tres piedras, estufas de barro o quemadores improvisados). Son sistemas baratos, pero altamente contaminantes, pensados para leña o carbón, no para plásticos cargados de aditivos químicos.
Pobreza energética, residuos y desigualdad
En el fondo, lo que muestra este estudio es el cruce entre dos crisis globales: la de la energía y la del plástico. Allí donde los servicios públicos son débiles y los ingresos muy bajos, las familias se ven atrapadas entre la basura que se acumula y la necesidad diaria de cocinar.
El análisis estadístico revela que la quema de plástico es más frecuente en países de bajos ingresos y en regiones con mucha población sin servicio de recogida de residuos. También se asocia a la percepción de que las tarifas municipales de basura y los combustibles limpios son caros.
Como explica la profesora Peta Ashworth, coautora del trabajo y directora del Instituto Curtin para la Transición Energética, las familias solo recurren a esta práctica porque no tienen alternativas más seguras. Según sus palabras, es imprescindible combinar mejoras en saneamiento, acceso a energía moderna para cocinar y soluciones prácticas acordadas con las propias comunidades.
Qué proponen los investigadores
Cuando se pregunta a los encuestados qué soluciones consideran más eficaces, la respuesta es clara. En primer lugar, ampliar y mejorar los servicios de gestión de residuos en los asentamientos informales. En segundo, facilitar el acceso a tecnologías de cocina limpia asequibles. Por último, en tercero, campañas de información sobre los riesgos sanitarios de quemar plástico y sobre alternativas reales.
Los autores recuerdan que el uso de plástico sigue creciendo a escala mundial y advierten de que, si no se actúa, más hogares podrían verse empujados a usarlo como combustible. La quema doméstica de residuos plásticos no solo empeora la calidad del aire local, también frena el avance hacia ciudades más sostenibles y hacia el acceso universal a energía limpia.
Para quienes miramos el problema desde fuera, es tentador pensar en el plástico solo como una botella que llega al mar. Este estudio recuerda que, antes de eso, muchas veces pasa por el fuego de una cocina pobre. Y ese humo se queda en los pulmones y en los platos de quienes menos han contribuido a la crisis del plástico.
El estudio científico “Prevalence of plastic waste as a household fuel in low income communities of the Global South” ha sido publicado en la revista Nature Communications.





















