Residuos textiles ilegales en Europa vuelven a evidenciar las grietas del sistema de moda circular tras la interceptación de más de 900 toneladas de ropa etiquetada falsamente como «usada» en puertos italianos.
La operación internacional JCO Demeter XI destapó un circuito que esquivaba controles ambientales para exportar desechos textiles a Asia y África bajo apariencia de ayuda humanitaria.
Cada año, los países europeos generan millones de toneladas de residuos textiles. Gran parte de esta ropa usada termina fuera del circuito de reciclaje o reutilización y acaba siendo exportada a países de África o Asia.
Según informes de la Agencia Europea de Medio Ambiente, una parte importante de estos envíos se declara como ropa de segunda mano, aunque en realidad se trata de desechos textiles sin posibilidad de reutilización.
Residuos textiles ilegales en Europa y el límite de la moda circular
Una operación internacional destapa el envío fraudulento de ropa usada a vertederos de Asia y África.
En las «bancarelle» de Roma los compradores buscan «tesoros» de segunda mano entre montañas de ropa a precios irrisorios. Una aparente forma de economía circular, porque lo que no se vende en estos mercadillos callejeros acaba en contenedores ilegales catalogados como ropa usada o ayuda humanitaria rumbo a vertederos en Asia y África.
Una operación internacional denominada «JCO Demeter XI» interceptó recientemente más de 900 toneladas de residuos textiles etiquetados falsamente como «ropa usada» en puertos italianos, que buscaban esquivar controles ambientales para ser enviados ilegalmente al extranjero.
«Es el síntoma de un sistema saturado» advierte la directora del Observatorio para Moda Circular de la Universidad Bocconi, Francesca Romana Rinaldi.
De las bancarelle romanas a vertederos globales
Según el informe 2025-2026 de este observatorio, la circularidad ha dejado de ser una opción ética para convertirse en un requisito legal y comercial indispensable para que las marcas puedan seguir funcionando bajo las nuevas exigencias de la Unión Europea.
Sin embargo, la infraestructura industrial aún es insuficiente para absorber este cambio, apunta Rinaldi.
A pie de calle, los vendedores de los puestos romanos esquivan las preguntas y se limitan a señalar que su mercancía viene de «Italia y China».
Gianna, una clienta habitual, explica que acude a estos puestos «para ahorrar un poco» y admite que, para ella, el atractivo de las tiendas tradicionales ha disminuido y hasta ni siquiera le llama la atención mirar los escaparates.
En cambio, Marina, una joven que busca piezas «vintage» de reconocidas marcas, frecuenta estos mercadillos porque asegura que en las grandes cadenas de moda «compras algo y, pasada una temporada, lo tienes que tirar».
Como ejemplo enseña la chaqueta de cuero que lleva puesta y que compró por apenas un euro: «Imagina, en una tienda me costaría 100 euros o más», añade.
Pero también percibe el deterioro del mercado de segunda mano con la invasión de lo que los romanos llaman ‘monnezza’ (basura), en referencia a prendas «fast-fashion» de populares marcas de venta online y casi todas de origen chino.
Infraestructura insuficiente para reciclar
Esta degradación del material es el mayor problema para gestores como Humana People to People Italia.
Su presidenta, Karina Bolin, confirma un aumento de prendas de bajísima calidad y materiales mixtos que «obstaculizan tanto la reutilización como el reciclaje». En su planta de Pregnana Milanese (norte), aunque el 70% se recupera, un 10% debe enviarse directamente a termovalorización (incineración energética) debido a su mal estado.
Al mismo tiempo, el auge del comercio electrónico y las devoluciones masivas genera un flujo constante de prendas que recorren miles de kilómetros sin garantía de venta. Cuando esos excedentes no encuentran salida en el mercado local, pueden acabar en los circuitos de exportación, legales o ilegales, alerta Rinaldi.
Para frenar ese fraude, el Observatorio de la Universidad Bocconi apuesta por el Pasaporte Digital de Producto (DPP), una infraestructura clave que «actuará como un escudo» al asignar a cada prenda una identidad digital verificable.
Este instrumento, con el que ya está familiarizada casi la mitad de los consumidores, permite rastrear el origen y la composición de la ropa en tiempo real para reducir la cantidad de productos etiquetados como «usados» cuando en realidad son «residuos».
2026: prohibido destruir excedentes textiles
Para frenar ese fraude, el Observatorio de la Universidad Bocconi apuesta por el Pasaporte Digital de Producto (DPP), una infraestructura clave que «actuará como un escudo» al asignar a cada prenda una identidad digital verificable.
A partir de julio de 2026, un nuevo reglamento europeo prohibirá a las grandes empresas destruir la ropa no vendida, una práctica común para liberar espacio en los almacenes.
Ante este cambio, Rinaldi advierte de un efecto rebote peligroso: si no se desarrollan urgentemente infraestructuras para la reparación y el reciclaje, el riesgo de que las empresas recurran al vertido ilícito para «limpiar» sus inventarios aumentará drásticamente.
Para evitar este colapso, el informe de la Bocconi señala que la industria debe apoyarse en la tecnología, especialmente la Inteligencia Artificial para predecir ventas y optimizar el stock, y el ecodiseño para crear prensas más duraderas y fáciles de reciclar.
No obstante, especialistas advierten de que sin reducir la sobreproducción y el consumo de ropa, el reciclaje por sí solo no podrá resolver el problema. El desafío, señalan, no es solo tecnológico o logístico, sino también cultural: transformar la manera en que se produce, se compra y se desecha la moda en Europa. Seguir leyendo en RECICLAJE Y RESIDUOS.



















