Con los años, el consumidor pasó a ser considerado un elemento fundamental dentro del proceso productivo. Se reconoció su relevancia política y se solicitó a las instituciones que arbitrasen medidas para la protección de sus derechos, entre los que se encuentra el medio ambiente saludable, precepto ya recogido en la Constitución Española.
– Este domingo, 15 de marzo, se celebra el Día Mundial de los Derechos del Consumidor, una jornada que, instituida en 1983 por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), conmemora el discurso que el presidente estadounidense John F. Kennedy pronunció el 15 de marzo de 1962 ante el Congreso de su país y en el que se refirió a los consumidores como el grupo más grande del mercado, toda vez que nos incluye a todos, y que afecta y es afectado por casi todas las decisiones económicas públicas.
Con los años, el consumidor pasó a ser considerado un elemento fundamental dentro del proceso productivo. Se reconoció su relevancia política y se solicitó a las instituciones que arbitrasen medidas para la protección de sus derechos, entre los que se encuentra el medio ambiente saludable, precepto ya recogido en la Constitución Española.
Pero la conservación del medio ambiente no sólo se soluciona con la activa participación de la administración, sino que precisa de la contribución de todos los ciudadanos como consumidores de bienes y servicios. De ahí que, cuando se habla de gestión responsable de residuos, se apele, tal y como se recoge en las políticas europeas, al principio comunitario de las tres erres, instando a los ciudadanos a implementar prácticas de consumo responsable, a reutilizar los productos tantas veces como sea necesario antes de convertirlos en desechos, y a separarlos por tipologías, depositándolos en los correspondientes contenedores, gesto esencial de cara a propiciar su posterior reciclado.
MENOS DESPERDICIOS DE ALIMENTOS
La reducción de los desperdicios de alimentos constituye, a nivel europeo, uno de los mayores desafíos ambientales, económicos y sociales. El sitio web específico puesto en marcha por Sogama y la Consellería de Medio Ambiente www.aproveitatedoquechesobra.es, constituye, en este sentido, una herramienta educativa con la que se pretende informar y formar a la población en la materia.
En el caso de nuestro país, el desperdicio medio por hogar es de 1,3 kilos/semana (76 kilo/año), lo que equivale a más de medio kilo de alimentos por persona y semana. Esto se traduce en 1,5 millones de toneladas de comidas que serían perfectamente válidas para el consumo.
Más allá del impacto social, esta circunstancia tiene un serio impacto sobre el medio ambiente, generando 170 millones de toneladas equivalentes de CO2 al año, a lo que habría que añadir el derroche económico, cuantificado en una pérdida anual para cada español de 250 euros.
En sintonía con la Estrategia “Más alimento, menos desperdicio” del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, la página referenciada recoge una serie de recomendaciones con las que contribuir a la menor producción de desechos: planificar las compras, hacer una lista de los productos a adquirir, comparar precios y calidades, vigilar el buen funcionamiento del frigorífico, no saturar la despensa ni la nevera, leer el contenido de las etiquetas, servir pequeñas raciones, reutilizar las cantidades sobrantes para la elaboración de nuevos menús, diferenciar claramente consumo preferente y fecha de caducidad, ser cautelosos con las ofertas y promociones, así como con la estética de los alimentos, y, muy importante, ir al mercado con el estómago lleno.
También a través de www.aproveitatedoquechesobra.es se explican las bondades del compostaje doméstico como una forma de aminorar la generación de desperdicios, toda vez que los restos orgánicos se convierten en un abono natural con excelentes propiedades fertilizantes para el suelo (huertos, jardines y tierras de cultivo).
Dado que, en la composición media de la basura, en torno al 40 por ciento está conformada por materia orgánica, si se logra reciclar este porcentaje en origen, se evita su depósito en los contenedores verdes convencionales, disminuyendo la frecuencia de recogida de los mismos y, por supuesto, entregando menos cantidad a Sogama, lo que se traduce en un menor desembolso económico para las arcas locales.
Asimismo, se aborda el sistema de recogida selectiva, diferenciando los materiales a depositar en cada contenedor (amarillo, azul, iglú verde, pilas y verde genérico) con el fin de contribuir al reciclado y, por tanto, a sus ventajas económicas y medioambientales, disminuyendo las cantidades de residuos que necesariamente deben ser sometidos a tratamiento finalista.
Resulta evidente que las prácticas de reducción, reutilización y reciclaje hará de nosotros consumidores más consecuentes, más coherentes y, por supuesto, más responsables.


















