“Los españoles están que lo flipan. El precio de la luz se viene disparando euro a euro y día a día desde que comenzó la ola de frio polar o siberiano, como quieran llamarlo y el Gobierno tiene el descaro de decir que van a tomar medidas, cuando se supone que existe una comisión permanente cuyo cometido es impedir este tipo de estafas.”
Y es que en general el pueblo no tiene ni la más pálida idea de cómo es esto del precio de la luz, ¿de qué manera se determina?, ¿qué son las famosas subastas diarias? o ¿qué tipo de control se puede ejercer sobre las eléctricas? Lo único que sí está meridianamente claro es que haga el tiempo que haga, seguimos pagando lo que se les da la gana cobrarnos.

Remontémonos en la historia
Todo empezó allá por los dorados años 90, más exactamente en 1997, cuando el Ministro de Industria y Energía de entonces (bajo la presidencia de Aznar) anunció que se abría el mercado de las eléctricas, con el fin de que hubiera mayor competitividad y aseguró que eso repercutiría en las facturas del consumidor de forma muy positiva.
El señor Josep Piqué con un morro que se lo pisaba habló de 15 % de rebaja para los usuarios comunes y de hasta un 30 % para los grandes consumidores, como empresas y fábricas. El problema es que esa baja jamás se experimentó y la luz siguió subiendo, esta vez con las eléctricas ya teniendo las riendas del mercado y cobrando los CTC´s.

Mucha agua pasó bajo el puente hasta que en 2009 se les permitió a los usuarios elegir qué compañía contratar o mejor dicho se amplió el mercado de la oferta y la demanda (aunque las eléctricas se pusieron de acuerdo para cobrar más o menos lo mismo y ninguna perdió ni un euro).
Para que esto no fuera Jauja para las eléctricas oficialmente se creó una tarifa que, según el Gobierno permitiría regular los precios, ya que esta se basaba en que para la contratación más común que es la de 10 kW o menos, el precio de la luz se compondría de uno variable más los impuestos y los peajes (estos últimos se mantendrían fijos).

La parte variable cambiaria de manera trimestral y dependería de las subastas de energía a las que acudirían las eléctricas de aquél entonces, a saber: Endesa, E.ON, Gas Natural, Iberdrola y HC Naturgas.
Las CESUR (Contratos de Energ. para el Suministro de Último Recurso) las gestionaba una empresa privada, la OMIE, duraba varias horas (los gastos de las mismas los pagaba el Estado o sea el generoso bolsillo de los españoles) y establecía la fracción de la factura correspondiente a energía para los siguientes 3 meses.

Hace un tiempo se cambió el sistema de subastas de las trimestrales a las diarias, por lo que la parte del precio que no es fija, que se denominaba TUR (Tarifa de último Recurso), ahora se llama PVPC y representa el 40% del costo final se dirime de una jornada para la siguiente.

¿Subastas diarias?
Cada día a las 12:30 aproximadamente se realiza una subasta en la que las centrales de energía del país ofertan el precio que costará la electricidad cada una de las horas del día siguiente. El Operador del mercado es el que recibe dichas pujas, tras ordenarlas por precio, decide el costo de todos los demás de acuerdo al que impone la última de las centrales que entrará a funcionar para satisfacer la demanda.
Hay que tomar en cuenta que las centrales que producen energía a partir de fuentes renovables, suelen ofertar a cero, ya que los costos de producción una vez amortizada la inversión, es ínfimo. O sea que se hace algo así como futurismo, pero al precio más caro, porque las últimas centrales que se ponen a funcionar son las que consumen gas o sea las más onerosas.

Este es el origen de las fluctuaciones al alza de los precios de la electricidad, gracias a algo que se denomina “mercado marginalista” que en definitiva es cobrar al precio más caro algo que sale prácticamente nada producir, es como ir de compras y pagar las naranjas y los camarones al precio de los camarones.
Desde abril de 2016 a enero de 2017 la luz subió un 38 % y dadas las condiciones climáticas reinantes y la forma en la que se pautan los precios, si sigue el frío los precios podrían continuar disparándose, sin que nadie pueda hacer nada, porque la Ley ampara a las compañías eléctricas.

¿Y las renovables?
Y lo triste es que está más que comprobado que si España se decantase por las renovables al 100 %, no solo no contaminaríamos la atmosfera y cumpliríamos con los objetivos de la COP21 sobradamente, sino que el costo de la luz podría abaratarse en un 30 %.
Pero que bajen los precios de la luz y el consumidor final se vea menos agobiado, es algo que no interesa que suceda, por la sencilla razón de que, si baja la recaudación de las facturas, también lo hace la del IVA y eso es algo que al gobierno no le parece bien, por eso veta leyes a favor de las renovables y crea decretos tan inverosímiles como el del Autoconsumo, más conocido como el Impuesto al Sol.

Así que la solución es simple. Olvídense de prender estufas y calefactores, apaguen los calentadores de agua (una ducha semanal por familia debería alcanzar), tiren de mantas y edredones y a jugar al parchís a la luz de las velas, que es muy divertido y no abulta en la factura. Que al fin y al cabo es lo que hemos elegido. ¿No?



















