Eficiencia energética: claves para entenderla y consejos para practicarla

A día de hoy el consumo de energía en ciertos lugares es excesivo y en otros resulta carencial, por lo que es vital informar y educar de manera global e integral, para concienciar de la necesidad perentoria que tenemos todos, de ahorrar energía.

¿Cómo usamos la energía en nuestro día a día?

Los seres humanos vivimos inmersos en un entorno, en el que bregamos por satisfacer todas nuestras necesidades, desde las más básicas hasta las más superfluas. Por ello, cuanto más alto es el nivel de confort de los individuos que conforman una sociedad, el consumo de energía se dispara de manera proporcional, algo que sus habitantes suelen considerar “normal”.

Esta energía que se emplea en construir casas y edificios, para la iluminación y calefacción, para el ocio y para una casi interminable lista de etc. se genera a partir de ciertas fuentes, no siempre beneficiosas para el medio ambiente y para colmo, la contrapartida es que, mientras en los países desarrollados se malgasta energía, en los menos favorecidos sus gentes apenas tienen la mínima para sobrevivir y a veces, ni eso.

¿El consumo energético afecta al cambio climático?

Decididamente sí. Casi las tres cuartas partes de la producción de energía a nivel mundial depende de los combustibles de origen fósil, especialmente del petróleo, el carbón y el gas. El problema es que, al arder para generar energía también producen una serie de elementos, que son extremadamente tóxicos para el medio ambiente y para las personas.

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Eso implica que, la acción antropogénica encaminada a proveer a la población mundial del suministro eléctrico afecta negativamente a los cambios climáticos naturales, acelerándolos de forma muy alarmante; pero de manera paralela, también atentan contra la salud de los mismos individuos, que exigen poder gastar cada vez más electricidad.

El CO2 se genera de muchas formas, entre ellas como subproducto de la combustión, por lo que, al producir electricidad también se emite este gas. Como las cantidades de combustibles que se emplean son tan exageradas, a día de hoy el exceso de dióxido de carbono que hay en la atmósfera se ha convertido en el mayor factor de agravamiento del calentamiento global y del consiguiente cambio climático.

¿Es necesario y factible el ahorro de energía?

La respuesta es sí a ambas interrogantes. Partamos de la base de que los combustibles fósiles, además de ser altamente contaminantes están en vías de agotarse. Se estima que en unos 60 años ya no quedará petróleo que sea rentable de explotar y que, al cabo de dos siglos también se agostarán los depósitos de carbón.

En muchos países se ha logrado, que el suministro eléctrico dependa solo de energías renovables, primordialmente explotando la solar, la geotérmica, la eólica, la hidroeléctrica y/o la biomasa. Pero son muy pocos y si bien su ejemplo es fundamental para tener claro que la meta de la sostenibilidad energética es alcanzable, falta voluntad política para que el cambio sea real.

A raíz del confinamiento y de la crisis económica mundial provocada por la pandemia de COVID 19, esta tesitura está cambiando y las naciones apuntan a ser energéticamente sostenibles. Para que ello ocurra hace falta fomentar el uso de energías renovables, la movilidad eléctrica y la innovación orientada a la eficiencia energética.

Además de las medidas económicas que se tomen a nivel gubernamental es necesario un cambio social, basado en un mayor nivel de información y educación, con el objetivo de que las personas sean conscientes de cuánta energía desperdician cada día y del valor real que tiene a nivel personal, local, nacional y mundial, cada KW que se ahorre.

¿Cómo podemos contribuir al ahorro energético global?

Hay una buena cantidad de medidas, que cada ciudadano del mundo puede poner en práctica y que, en conjunto ayudarán a generar un ahorro de energía importante. Pero lo fundamental es entender que todos somos protagonistas en esta historia del ahorro energético y que cada gesto importa y suma.

Seamos frugales

No solo debemos ser frugales a la hora de consumir energía eléctrica en casa, evitando dejar luces y aparatos encendidos cuando no son necesarios (el stand by también consume), sino que, andar o usar la bicicleta para realizar desplazamientos cortos y medios es otra forma de ahorrar energía.

Solo cuando tengamos ropa suficiente para llenar el lavarropas debemos encenderlo y si es factible se debe lavar en frío; por una prenda, es más económico energéticamente lavarla a mano. Secar la ropa al sol no solo es más saludable, sino que evita el uso de un montón de electricidad y de otros recursos. La misma política debe aplicarse al lavavajillas.

Empleemos energías renovables

Colocar un calentador solar para que nos provea de agua caliente, poner placas fotovoltaicas individuales conectadas a enchufes (por ejemplo, el del coche eléctrico que es la mejor elección frente a uno de motor de combustión) o decantarse por el autoconsumo energético, también son formas muy efectivas de ahorrar energía.

Cambiemos de hábitos

Elige productos y aparatos energéticamente eficientes, olvídate de las bombillas incandescentes y sustitúyelas por las de diodos emisores de luz, más conocidas como LED, que ahorran hasta un 75% de electricidad y su durabilidad es 25 veces mayor.

Si bien estos elementos tienen un costo inicial algo mayor, una vez finalizada su vida útil serán infinitamente más baratos para tu bolsillo y para el medio ambiente. No olvides reciclarlo todo correctamente y sé parte activa del cambio hacia la sostenibilidad energética.

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